Aquí también llueve

Aquí también llueve
Luis Buñuel en el set de grabación. Foto del Twitter @DircomGuama

La Gualdra 407 / Río de palabras

 

Llueve y lo único que se me ocurre es quedarme en casa y sopear pan de muerto con café, pero no me puedo quedar ni tengo café ni pan de muerto. Abro la alacena y no reconozco ninguno de los objetos que hay en ella, ni siquiera sé si son comestibles. Los percibo como cosas amorfas de tonalidades policromas, como si alguien hubiese estado jugando a verter la paleta de colores sobre esos esperpentos. El único ruido que hay en la casa es el de la lluvia de afuera que a veces amaina y a veces suena con furia. Si no me atrevo a abrir la puerta y salir es porque no quiero mojarme. No tengo otra ropa que ponerme, los armarios y cajones están vacíos. Los pocos muebles que hay en la casa son grises, alguien debió de haber estar tan hundido en la tristeza que incluso eligió el gris para pintar las paredes. Quizá estoy en el interior de una película en blanco y negro y no me he dado cuenta; además eso no explicaría lo abigarrado de los cacharros de la despensa. Reflexiono: quizá estoy dentro de un sueño, pero un sueño de otra persona. Porque por lo que recuerdo mis sueños son lúcidos y regularmente me es posible interactuar a voluntad con las escenas. En este no, no sé absolutamente nada de lo que ocurre; incluso me he puesto a dudar acerca de la lluvia, sería mejor echar un vistazo a través de la ventana para verificar que efectivamente sean gotas y no un sonido que habita mi cabeza. Okey, son gotas y es lluvia, pero no sé qué más exista en el exterior, porque la lluvia no me deja ver más allá de ella misma. Eso o las cosas del exterior también son grises o sufren de abigarramiento. Menudo problema. Me siento. Me quedó así quizá minutos u horas. No sé si salgo de un trance y como si se iluminara el cuarto, mis ojos se despejan y las formas se definen, los colores colorean, veo que pasa frente a mí Sarah. Veo que regresa. Veo que se asoma por la ventana y la escucho decirse para sí: “aquí también llueve”. Miro mis manos, mi ropa, yo sigo gris o abigarrado. La llamo, pero no me responde, no me voltea ni a ver. Me levanto hacia donde está ella y la intento coger de la mano. Estoy entendiendo lo que pasa, y aunque es espeluznante, no me asusta. Casi suelto la risa, quizá una risa nerviosa. Intento mover una taza que ahora tiene un color rojo. La traspaso. Menudo problema. Regreso a sentarme y mientras la miro a ella reflexiono: soy un fantasma.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_407

 

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