Suicidio, muerte biográfica y la humillación como pedagogía

Suicidio, muerte biográfica y la humillación como pedagogía

Cuando el suicidio acontece, la muerte ya tiene tiempo que ocurrió. La decisión de quitarse la vida es una manera de interrumpir un transcurso biográfico sin sentido o con demasiado dolor; y en ambos casos, hace de la vida algo si valor. Se piensa que el suicidio es algo lleno de locura y de irracionalidad, pero, por el contrario, puede ser un acto completamente racional: si la racionalidad es una maximización de bienestar, y se está en una situación de absoluto malestar, parece que el mal menor es la muerte. Y calcular una decisión que elige el mal menor es completamente racional. Así las cosas, no se trata de una decisión irracional, sino de una situación de profundo malestar. Al grado, que la biografía está destrozada: muerta. Por ello, cuando el suicidio acontece, es porque la muerte biográfica ya ha ocurrido.

La descomposición biográfica sucede por varios motivos: no se tiene la condición mínima de paz que se requiere para vivir, y se experimenta una brutal ansiedad; o se tiene un fuerte dolor que es preferible el descanso de la muerte; o se ha perdido el sentido que ya no existen motivos para continuar viviendo. Ahora bien, estos motivos no son ‘internos’, porque toda la vida de los seres humanos está volcada en el mundo. El medio o entorno es como la tierra que alimenta a la planta o, por el contrario, el pantano venenoso que la ahoga o asfixia. Por ello, siempre que presenciamos un suicidio, la pregunta es por el entorno. Hay plantas que resisten un medio ambiente hostil y hay otras que no. Hay jóvenes que se abruman con el bullying y otros que logran darle la vuelta; o que resisten la violencia familiar, padres alcohólicos, pobreza material o abandono de sus madres, y quienes son más sensibles a esos efectos. Y eso no califica mal a las personas que no lo hacen: simplemente son plantas que ocupan más oxigeno para vivir.

Un caso ahora nos asalta: el presunto suicidio de un alumno de medicina de la BUAZ. Y surgen varias preguntas. ¿Tiene algo que ver el entorno de estrés de la carrera mencionada en la decisión del joven estudiante? Sabemos que ahí, algunos profesores (que son médicos y no estudiaron enseñanza) hacen de la humillación su método pedagógico. Las dinámicas de trabajo que pueden llegar a 36 horas de guardias continuas que pueden provocar al poco tiempo, el agobio de los residentes. Desgaste que hace vulnerables a los jóvenes al dolor emocional o a la depresión peligrosa, que de no atenderse puede desencadenar resultados como el que ahora lamentamos. Este caso debe hacer pensar a la comunidad académica de medicina sobre la forma en que cultivan sus entornos, la convivencia y el cuidado de los alumnos. Ahora mismo, todas las instituciones que trabajan con jóvenes tienen una obligación sustantiva que rebasa la falaz idea que asocia calidad con humillación o maltrato, y por el contrario, se deben planear sus actividades desde un enfoque asertivo: el cuidado de sí.

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