El aventurerismo, enfermedad infantil del morenismo

El aventurerismo, enfermedad infantil del morenismo

En política toda manifestación de oportunismo es aventurerismo. Lo que resultó más que evidente no puede ocultarse. En el proceso de renovación de los órganos de representación o de gobierno en el amplio movimiento social llamado Morena, registrado como partido político, las prácticas más reprobables del PRI y del PRD de donde proviene buena parte de su militancia; entre ellas el acarreo para hacer mayoría con los votos en la elección de consejeros, el clientelismo, el arribismo y el agandalle con violencia pasaron lista de presente. Al estar ausente la discusión de la doctrina y las ideas, lo que la opinión pública observa es una desordenada y descarnada lucha grosera por el control que se concrete en poder y este como plataforma para acceder a los cargos y lo que estos representan. Más que una variedad de izquierdismo lo que priva en Morena es aventurerismo, expresado en pragmatismo: Los observadores ven un juego de vencidas para ver qué grupo logra movilizar a más afiliados y quien se levanta con la mayoría de los consejeros quienes son los que no vivirán en el error de estar fuera del presupuesto.

El fondo del problema radica en que después del tsunami López obradorista de las elecciones pasadas, a los pocos afiliados que estaban registrados se han sumado grandes olas que desean estar en el partido que detenta el poder. Dentro del partido y con el caudillo que es su jefe. Con una deficiente e incapaz estructura para las tareas organizativas a lo que se agrega un patrón de afiliados poco confiable, incompleto y desorganizado; carencia de cuadros suficientes, capacitados y dispuestos a sacrificarse haciendo las ingratas tareas de la organización, Morena es el reflejo de un movimiento partido todavía joven al que le falta mucha experiencia por recorrer para madurar y consolidarse. Es el reflejo de ser la organización política de un solo hombre en torno al cual, y aprovechando el desencanto y la frustración de la mayoría de los mexicanos frente a los partidos neoliberales, le dio el triunfo en el 2018. En razón de lo anterior entre los morenos son evidentes conductas de aventurerismo político entendiendo por esto la participación masiva y desordenada expresada en un oportunismo sin una estrategia y proyecto más que la ganancia de quienes promueven y participan de forma interesada y pragmática en este tipo de prácticas.

Después del triunfo de la Revolución de octubre y tras la creación de la Tercera Internacional, Vladimir I. Lenin escribió la considerada su mejor obra relacionada con la táctica y la estrategia de organización política de un partido revolucionario. En ella aborda desde su experiencia revolucionaria como hay que construir el partido, La relación que debería guardar el marxismo con el movimiento vivo del proletariado y sus organizaciones de masas. Este libro lo escribió dirigido a los comunistas de los países europeos, sobre todo Holanda y Alemania quienes consideraban que con el nacimiento de la URSS deberían dejar de lado las prácticas parlamentarias y su participación en los sindicatos. Idea esta contraria a la del revolucionario ruso quien sostenía la necesidad de participar en estas instancias como una forma de educar y organizar a la clase trabajadora mediante la lucha política e ideológica en favor del socialismo.

Nos queda claro que con el triunfo de Morena el año pasado que, aunque la Cuarta transformación nos la presentan como un cambio de régimen, hasta lo que ahora llevamos visto, no es una revolución social, que con todo y los señalamientos y estigmatizaciones que lanza López Obrador a sus adversarios, en México no se observa con claridad una lucha de clases radical ni en el terreno ideológico ni en el político práctico. Que las condiciones de lo que era Rusia en 1920 no son las de México de 2019.Y que por supuesto Obrador no es Lenin ni México es la URSS.

Morena que llegó al poder como un amplio movimiento social vive la transición hacia un partido. Lo será cuando organizativamente este lo suficientemente estructurado con los cuadros suficientes y capacitados que además de organizar las tareas electorales eduquen y organicen políticamente a las amplias capas de la población que simpatizan con el Presidente López Obrador y apoyen su lucha contra la corrupción, la inseguridad, el desarrollo social, la equidad y la justicia. Hasta ahora solo se observa un arribo masivo de personas que ven a Morena como partido en el poder, la oportunidad para escalar en una carrera pragmática los cargos de representación y de elección popular.

Obrador y muchos que los siguieron dejaron al PRI y al PRD cansados de sus vicios y prácticas y con la idea de construir un nuevo partido están incurriendo en ellas. Las asambleas distritales para nombra a sus dirigentes nos muestran que dichas prácticas y vicios siguen enquistados en un partido que se decía diferente a sus pares.

Las tribus tan criticadas en el PRD al parecer se han trasladado a Morena. En Zacatecas son dos quienes disputan a base de demostrar quien junta más afiliados, una descarnada lucha por el control y el jugoso presupuesto del que gozará en los próximos años. Estas tribus son las de los históricos y la de los Monreal. En la puja de las próximas elecciones en la que estará en juego la gubernatura aparece una tercera representada por el edil de la capital zacatecana que buscará las alianzas para ganar la candidatura. Ya se verá quién junta más canicas. También está en juego que Caty gane la presidencia del Comité estatal y Laviada en su papel de Secretario sea su cerebro y operador político. Eso es lo que está en el tablero de Morena en Zacatecas, nada más. Lana, poder a través del control y cargos. ■

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