La izquierda en el cine mexicano del siglo XX [Tercera parte: El periodo cardenista en el cine]

La izquierda en el cine mexicano del siglo XX [Tercera parte: El periodo cardenista en el cine]

La Gualdra 404 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine

 

La llegada de Lázaro Cárdenas a la presidencia de la República, en los años 1934-40, presupone para el cine de la época, como para muchas otras manifestaciones del arte, un cine vigorosamente nacionalista. La burguesía mexicana asume el discurso ideológico del nacionalismo mexicano, porque refuerza su dominio cultural y político sobre las clases trabajadoras, y las vuelve leales receptoras convencidas de este discurso.

¿Qué mejor entonces que poner el cine al servicio del nacionalismo, que permitirá el crecimiento y desarrollo económico de la burguesía dominante? Surgen entonces dos películas de Fernando de Fuentes: El compadre Mendoza (1933) y Vámonos con Pancho Villa (1935).

            El compadre Mendoza, con libro cinematográfico de Mauricio Magdaleno y diálogos de Juan Bustillo Oro y el propio De Fuentes, narra en forma de melodrama cómo un terrateniente sobrevive la Revolución Mexicana haciendo tratos tanto con zapatistas como con las fuerzas gubernamentales. De este filme, Emilio García Riera comenta en su Historia Documental del Cine Mexicano: “El compadre Mendoza es sobre todo una excelente muestra de cine narrativo; sorprende por su rechazo de lo convencional, por su unidad de estilo, por su fuerza dramática, y por el buen uso de un reparto competente”. A pesar de su forma melodramática, sus contenidos nacionalistas revolucionarios hacen, pues, de esta película, un filme de izquierda.

Por su parte, Vámonos con Pancho Villa, con libro cinematográfico de Xavier Villaurrutia y el propio De Fuentes, sobre la novela del mismo título escrita por Rafael F. Muñoz (quien por cierto interpreta a uno de los personajes del filme), tiene dos propósitos claros: enaltecer la figura épica de los Leones de San Pablo, un grupo de campesinos norteños que se unen a la lucha y al ejército del general revolucionario Francisco Villa, y por otro lado denostar la figura del propio Villa, mostrándolo como un personaje inhumano y cruel. Es decir, se enaltece a los revolucionarios de origen ranchero y campesino, pero se denigra a su jefe y caudillo, un dirigente histórico muy admirado por el pueblo mexicano. Hay que señalar, además, que a pesar de contener brillantes momentos épicos jamás filmados antes en la historia del cine mexicano, la obra destaca por su abundante retórica nacionalista y ciertamente machista.

Transcribo a continuación un fragmento del comentario de Emilio García Riera, escrito para la Historia Documental del Cine Mexicano:

 

“Obra épica y espectacular, y en muchos momentos bella, la película es también una obra de imaginación, con todo lo que la imaginación tiene de íntima, secreta y nostálgica. Vámonos con Pancho Villa pudo haber sido el punto de arranque de un cine que no intentara tanto explicar la Revolución con el espíritu de los libros de texto como dar cuenta de los efectos de esa misma Revolución en personajes reales y en el ánimo de quienes como De Fuentes los retrataban. De cumplir ese cometido, el cine mexicano hubiera actuado sanamente en orden a mantener viva la Revolución y, por lo tanto, a enriquecer la visión de la misma en el ánimo de los espectadores. Sin embargo, las dificultades financieras que presidieron su realización, la tardanza de su estreno, la incomprensión de un público desviado por el propio cine mexicano hacia otros caminos, la tendencia a momificar a la Revolución como hecho histórico, hicieron que el ejemplo de Vámonos con Pancho Villa no fuera entendido ni recogido. El propio De Fuentes realizaría al año siguiente Allá en el Rancho Grande (que estrenó antes que Vámonos con Pancho Villa), y el éxito de esta película lo inclinó definitivamente por el cine comercial sin contenido revolucionario”.

 

Por su parte, Jorge Ayala Blanco caracterizó al filme en La aventura del cine mexicano, después de un amplio análisis, como “una historia ronda macabra que ha querido trascenderse mediante el aborrecible salto mortal del heroísmo a la mexicana”.

            Por su contenido épico, es a mi juicio una película de izquierda, así como por los caminos que señalaba al cine mexicano de la época. Pero por su contenido nacionalista, la retórica, el machismo y los abundantes discursos morales característicos de la burguesía nacionalista que campean a lo largo de todo el filme, es una obra de derecha y aun reaccionaria. Vámonos con Pancho Villa es entonces una bella obra épica de izquierda, en el que predominan los discursos de derecha. En cuanto su director, Fernando de Fuentes, terminó realizando algunas de las peores películas de la historia del cine mexicano.

Un año antes, en 1934, Fred Zinnemann, cineasta estadunidense, filmó en México, con la colaboración del mexicano Emilio Gómez Muriel, Redes, una película abiertamente contemporizadora del socialismo de la época, sobre pescadores que trabajan diez horas diarias y se rebelan contra su explotación.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_404

 

 

 

 

[i] Tercera entrega de la serie de textos escritos y facilitados por el escritor de libros cinematográficos, Xavier Robles (Rojo amanecer, 1989; Los motivos de luz, 1986). Robles, siempre comprometido con los movimientos sociales de izquierda en México, nos comparte los ensayos que esperamos aporten reflexión sobre el cine. Nota de Carlos Belmonte Grey.

 

 

 

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