El (o)caso (de)Bartlett

El (o)caso (de)Bartlett

Manuel Bartlett, hoy director de la Comisión Federal de Electricidad, y antes funcionario de primer nivel de los gobiernos de López Portillo, Miguel de la Madrid, Salinas y Gobernador y Senador priista en los sexenios de Zedillo y Fox, es un claro ejemplo de cómo el viejo régimen no ha muerto, apenas se ha transformado, en sus formas, pero no en el fondo. Detrás del funcionario defendido desde la conferencia mañanera por el presidente que dice no tolerar la corrupción, hay una trayectoria de escándalos, sospechas fundadas y tristes anécdotas. Desde su aún no justificada relación con quien fuera el director de la temible Dirección Federal de Seguridad, José Zorrilla, hasta el denunciado fraude del 88, sus servicios a Carlos Salinas, a quién luego repudió, hasta su triste aspiración a convertirse, por segunda ocasión, en candidato del PRI a la presidencia, allá por 1999, y finalmente lo que recientemente se ha rebelado respecto a sus propiedades millonarias y sus faltas a la ley por no reportarlas en su declaración patrimonial.

En está rápida relatoría están desde la parábola del vaso, en la que según se relata por Julio Scherer y Leñero, hasta la muerte del periodista Manuel Buendía, hasta la etapa de selección del candidato del PRI en 1988, en la que el entonces presidente De la Madrid, según sus propias palabras, dudó de la viabilidad de su candidatura por ser considerado por el régimen como “de mano dura” (sí, estamos hablando del PRI de los 80s).

Quizá por que comparten un nacionalismo rancio y desgastado, o porque en temas energéticos hay un vuelco a un pasado no inmediato, López Obrador y Bartlett Díaz han forjado una alianza, apenas comprensible a los ojos de los más puros seguidores del primero (y acaso del segundo también). La respuesta del titular de la CFE, a los recientes reportajes de investigación del portal de Carlos Loret De Mola han rayado en el cinismo o en la autocomplacencia que creíamos cosa del pasado… otra vez el pasado. Más preocupante aún es la triste respuesta institucional que tales denuncias han recibido: la secretaria de la Función Pública, casi lo exoneró para luego iniciar su labor de investigación. Mientras su esposo, el protagonista académico John Ackerman, ha mantenido una postura de absoluta confianza pública para un personaje, que, de no haberse cambiado de camiseta, seguro gozaría de todo el dramatismo de su repudio.

Perfiles como el de Bartlett, su trayectoria, su pasado y su conducta pública, ponen en tela de juicio las intenciones de combate a la corrupción, al despotismo y al abuso del poder, tan llevado y traído por un régimen que, al nacer, parece llevar un vicio de origen: su propio origen en un régimen que todos los días condena y reprueba, pero que arrastra en su ADN mismo. ■

@CarlosETorres_

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