El reiterado informe

El reiterado informe

El primer debate sobre el mensaje que emitió el presidente de la República este domingo 1 de septiembre, resume bien la superficialidad que constantemente se ve en el análisis: ¿Se trató del primer o del tercer informe (como decía la mampara)?

Del tercero según el Gobierno Federal, porque el primero se dio a los 100 días de la toma de posesión y el segundo tuvo lugar el 1 de julio de este año.

No tardaron los memes… y en ellos, uno que destacaba que poniéndonos estrictos, habría que contar las “mañaneras” en las que también se informa del quehacer gubernamental.

Y si se quiere ir más lejos, también puede sumarse cada evento que el presidente López Obrador tiene en el interior de la república, como la visita a los hospitales del IMSS que hizo recientemente en Zacatecas y en donde también enumeró los logros de su gobierno.

No es ninguna sorpresa. Quien ha seguido a Andrés Manuel López Obrador en plazas públicas, en sus mensajes videograbados, libros o mítines políticos, sabe bien las líneas generales de su discurso: la lucha contra la corrupción, separar el poder político del económico, por el bien de todos primero los pobres, etcétera.

Visto está que el discurso, estridente para algunos pudores conservadores, ha funcionado, lo llevó a la presidencia de la república y lo mantiene con buena aprobación.

Y es que saliéndose del manual de los que creen en eso de la “buena imagen”, López Obrador ha sabido conectar no ya con quienes tienen a la información por oficio, o a la crítica por estilo de vida. Sino con una base electoral que lo escucha en plazas y jardines de sus pueblos y lo entiende cuando habla.

Si bien la simpatía de Peña Nieto se construyó en la televisión, de López Obrador se construyó su antipatía. Fueron las “benditas redes sociales”, el periódico Regeneración repartido puerta por puerta, el boca a boca, y el pueblo por pueblo, lo que permitió el triunfo de un candidato a quien cuando le iba bien los medios no veían ni oían. Cuando le iba mal resultaba peor.

La estrategia como candidato (y precandidato) requirió entonces reiteración y paciencia, mismas que aún son necesarias en tiempos en los que las fake news y las descontextualizaciones están a la orden del día.

En ese contexto hoy el presidente requiere aún más de elocuencia y de simpleza. De comunicación directa para que su base entienda la estrategia sin perderse en los vericuetos grandilocuentes de quienes se asumen buenos oradores.

Se necesita pues crear instituciones “Para Robarle al Pueblo Lo Robado”, y simplificar los semáforos económicos y sociales en saber sencillamente si el pueblo está feliz o no lo está.

Es para ellos para quien se gobierna, y también para quien se habla. No para un pueblo necesariamente sin educación, sino para un pueblo que tiene años de escuchar que todo marcha bien según los índices de la OCDE, el FMI, el BID (y demás instituciones indescifrables para la mayoría) y no obstante vive cada vez peor, siente que el dinero ajusta menos y que las oportunidades escasean.

A esa base social le saben a nada las quejas de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, o las mil y un encuestas de la Coparmex. Tampoco les importa mucho las ácidas críticas sobre desarrollo, inflación, estancamiento, desaceleración, producto interno bruto, y el resto de conceptos que no significan nada a ojos del simple mortal, cuyos referentes de análisis son saber si hoy ajusta más con su dinero o no, cuánto le costó el gas, los uniformes de sus hijos, si recibieron becas, etcétera.

No obstante la evidencia cuantitativa, todo esfuerzo opositor se articula desde el lado contrario a este sector. Desde las élites, y con discurso para ellas, es que se conglomeran los esfuerzos por disputarle poder político al presidente. Si acaso se pincela en ellos algún tibio enfoque redentor de abajo hacia arriba para algunas minorías (numéricas o políticas) mismas que no se contagian de ese fervor por darle forma a la oposición, porque no la entiende y no se siente entendida. Menos aún atendida.

Y sin embargo, no alcanzan aún a notarlo. Es esa la derrota moral de la que habló el presidente este domingo.

Pocos se han enterado, permanecen discutiendo si se trató del primer o del tercer informe de gobierno. Reconozcamos que hay avance: no hubo quejas por lo mal boleado de los zapatos.

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