Breve tratado del corazón

Breve tratado del corazón

Me gustaría comenzar con una imagen. A mi juicio una hermosa imagen. Salvaje. Pero justa, exacta en sus dimensiones literarias. Y muchos de los personajes de “Breve tratado del corazón” (Alfaguara 2019) lo son: mantienen el peso adecuado: son coherentes y consiguen llegar al desenlace sin ni siquiera resbalar. La tonalidad indispensable: “Breve tratado del corazón” está hecha de tonos y por eso estamos frente a un armonioso concierto de cuatro voces narrativas: una novela polifónica. Toda estructura novelística requiere de polifonía. La polifonía te proporciona perspectivismo respecto a los sucesos, cambios tanto en las secuencias geográficas como en las secuencias espaciales.

Veamos la imagen: “Hemos podido cercenar cabezas de personas —las dos manos firmes en el mango del machete para que los huesos de la columna no nos reboten el golpe—, lo mismo que descabezamos imágenes del pasado y del presente para que nada estorbe ni enturbie la pureza de nuestro corazón”. Suficiente para comenzar. A mí me bastaría para adquirir “Breve tratado del corazón”. Una analogía atroz, pero hermosa. Reflexiono y pienso cuánto de nuestro México actual cabe en esta imagen. Cabezas y tiempo. Los jinetes de la ira podrían haber nombrado al grupo encargado de tales acciones. Ahora pídanla al responsable de la librería: “Breve tratado del corazón”, por favor. Sí, de Ana Clavel.

En “Breve tratado del corazón” nos queda claro que antes que del Apocalipsis surge la ira. Y también una inquietante niña: la Niña Blanca. Suficiente. ¿Cuánto cuesta la novela? Agréguela a mi carrito.

Hombres que devoran un corazón porque han tenido un entrenamiento previo en grupos de paramilitares cuyo consumo de carne humana está muy bien documentado. Para desarraigarlos de cualquier resquicio de sensibilidad esa era su dieta.

“Breve tratado del corazón” es una novela-ensayo (el término no lo acabo de sacar de la manga) acerca del corazón. Pero señalar lo anterior sería quedarnos en una lectura muy simple: el encargado de la librería ya ha puesto la novela en nuestras manos, vemos el título: ah, sí, trata del corazón, ¿verdad? Seguramente más de un “crítico literario” o de un presentador de la novela lo ha dicho con mejores palabras. Vamos un poco más allá del corazón. Digamos que nos bebemos unos cuantos caballitos de su sangre y esperamos a que caiga y devore nuestros estómagos.

“Breve tratado del corazón” es una novela donde cada capítulo es una arteria que lo mismo se comunica con otras arterias, que lo mismo desemboca en un oscuro hueco donde el respeto por la humanidad ha pasado de moda y de cualquier precepto religioso.

Porque el corazón, el gran corazón, al final se desvanece. Vasos comunicantes literarios donde lo mismo se señalan distintas narrativas respecto al corazón, que se narra una historia, la principal (la columna vertebral del corazón, por disparatado que suene), donde una suicida emprende un viaje que a la vez es una búsqueda para encontrarse consigo mismo (y lo que encuentra es mucho más), y donde paralelamente se revuelcan los pedazos de un cuerpo femenino dentro de una maleta. Son aproximaciones. Tampoco se trata de que les cuente de que trata toda la novela. No sean tacaños: cómprenla.
Hay un telón de fondo: en una de las esquinas de la novela aparece una enigmática máscara. No les vamos a adelantar más detalles. Agreguen “Breve tratado del corazón” a su carrito.

La prosa de Ana Clavel tiene algunos puntos sobre los que a mí me gustaría reflexionar. Lo hago como el lector de novelas que soy. Su prosa en primer lugar. Me refiero a las características externas e internas de su prosa. Por una parte posee un ritmo exacto, preciso, de tal manera que sabe construir las distintas voces narrativas con sus propias danzas, sus propios valses.

Ana Clavel es de las pocas narradores que realmente atiende las necesidades intrínsecas de los personajes. Los vuelve coherentes. Y eso no es tan sencillo, créanme, por favor. Lo digo como lector de novelas.

Las obsesiones temáticas de Ana Clavel en segundo lugar: oscuridad y luz. Noche y día. Las oposiciones sobre las que se han erigido buena parte del significado del mundo. Ana lo mismo desarrolla unas cuantas luminosas líneas acerca de las flores, que del descuartizamiento de una mujer narrado en una asquerosa, pero bella, primera persona.

Este sería un mapa de aproximaciones temáticas en torno a la obra literaria de Ana Clavel. Se desenvuelve bien en lo sanguinario, pero también lo hace en lo erótico. Ya se lo que están pensando: Eros y Tánatos. Me han quitado las palabras de la boca. Pensemos que con Eros y Tánatos podemos fundar un mundo una vez que le hemos dado un significado. Se los digo de una vez: Ana Clavel lo supo antes que nosotros.

Una más: la autorreferencialidad literaria. Ana Clavel juega con sus narraciones y entreteje los mismos vasos comunicantes a los que me refería al principio citando otras obras suyas. El fenómeno literario que se consigue con la autorreferencialidad a mí me parece admirable. Cuando das con una cita de Ana es como si se tratase de dos Ana Clavel: una de ellas se da a la tarea de construir la historia principal de “Breve tratado del corazón” otra se da a la tarea de buscar las citas en los libros de la primera Ana Clavel. Una suerte de espejo. Sé que suena como una locura. Tengo la edad y las lecturas suficientes para afirmar que en literatura los destellos más hermosos se dan en ocasiones de la mano de la locura. Y toda buena novela lo es. Lo digo como lector de novelas.

Una más y me despido hasta la siguiente semana: cuando lean a Ana Clavel háganlo como detectives que se enteran de un crimen, alguien les llama por teléfono, los cita en una cantina del centro, les entrega un sobre y con voz misteriosa les dice: dentro vienen las pistas, ten cuidado, puedes perder la vida si te equivocas. Pistas. De eso se trata la totalidad de la obra de Ana Clavel. Interconexiones literarias que van de un libro a otro. Pistas. Voces narrativas que parten de los ecos de novelas anteriores. Pistas. Un corazón que late a través de un tratado mientras el nuestro no para de latir al enfrentarnos al tratado. Pistas. Los textos y las imágenes que complementan este “Breve tratado del corazón” no están gratuitamente. Se trata de un microcosmos narrativo donde todo está puesto por una muy buena razón. Adivínenla. Ya tienen el sobre en sus manos. Les resta adquirir “Breve tratado del corazón”. Es hora de pagar lo que traigo en el carrito. ■

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