Tres rasgos de la anatomía del gobierno de AMLO: una mirada desde la ciencia de las políticas

Tres rasgos de la anatomía del gobierno de AMLO: una mirada desde la ciencia de las políticas

Hace unos días observamos al Presidente atacar al Coneval. Ya ha corrido tinta señalando la importancia de este organismo y lo funesto que sería su desaparición. A mi me interesa hacer algo un poco distinto: analizar el comportamiento del gobierno de Amlo en algunos patrones que observamos y hacernos una pregunta: ¿cuál es ‘la concepción de gobierno’ de este nuevo gobierno?, ¿cómo piensan constituir su acto de gobierno? Lo cual puede darnos una idea de la anatomía del gobierno federal que recién comenzó. Esa anatomía explicará los errores que se han cometido y, todo parece indicar, seguirán por la misma ruta.

Usaré tres puntos de observación: (a) la forma en cómo presentaron el Plan Nacional de Desarrollo, (b) la amenaza de desaparición del Coneval, y (3) la embestida a Proceso. En el primer caso el presidente manda un documento que confunde un Programa Político con un Plan de Desarrollo. Pasar del primero al segundo implica tomar los fines políticos (del primero) para edificar una propuesta empírica de implementación (objetivos con métricas), cálculos de capacidades y costos, y el despliegue de formas lógicas de acción gubernamental (en el segundo). Esto último lo hace la Secretaría de Hacienda, a la que se le había propuesto sustituir su documento por el de la autoría del presidente. En el caso de la amenaza a Coneval observamos un error de fondo, que confunde medición con evaluación, y propone mandar todas las mediciones al Inegi. Así, quedaría eliminada la evaluación. Esta última es de muchos tipos, de diseño, desempeño, resultados o de impactos. En este momento, Coneval tiene (o tendría) que evaluar el diseño de los 12 programas prioritarios del nuevo gobierno. Queda claro: la intención es evitar esas evaluaciones. Y el caso de Proceso es significativo: es una revista icónica de las izquierdas con un prestigioso trabajo de investigación, pero al publicar algunas críticas de las principales decisiones de la presidencia, es atacada. Y el ataque no señala errores en los contenidos publicados, sino frasea la simpe calificación ideológica de ‘conservadora’.

Se observa que se concibe el gobernar como ‘control personal de las decisiones’. En el Plan de Desarrollo como lo establece la Ley de Planeación, se establece una estructura impersonal de decisión y la controla una ‘maquinaria’ igualmente impersonal como es la Administración Pública en su conjunto. Y esto se contrapone con la idea de una transformación edificada desde la narrativa del héroe histórico: la independencia, la reforma y la revolución se narra sobre la guía de “los héroes que nos dieron patria”. Esto es, el presidente tiene la ambición de ser un héroe nacional y su conducción es, por ello, personalísima. No puede dejar la transformación en manos de maquinarias administrativas. Así, se concibe como un gobernante-sujeto-del-cambio. Por el contrario, las tendencias más recientes del pensamiento administrativo conciben a los gobernantes no como sujetos, sino como coordinadores de la organización gubernamental; y por tanto, lo que provoca el cambio no es una persona, sino una serie de dispositivos institucionales que se inoculan en las organizaciones gubernamentales. Y esos dispositivos son impersonales.

La amenaza al Coneval muestra la intención de eliminar los efectos políticos de la evaluación. El Consejo se ha convertido en una institución que canoniza los datos. Esto es, es una entidad referente por ser objetiva: hace las mediciones y evaluaciones con metodologías previamente consensadas por un consejo académico, que salva sus productos de la parcialidad de la lucha política partidaria. Una crítica por parte de una institución canonizada es demoledora. En cambio, una institución no-canónica puede ser tachada de parcial y punto. Esto es, el objetivo es eliminar la potencia crítica de la evaluación que, a la vuelta de la esquina, tenga consecuencias electorales. Se eliminaron 14 encuestas de Inegi, y si ahora se aplasta a Coneval, entonces sólo quedan los datos del propio gobierno.

Hay una teoría de la ciencia de las políticas que puede explicar esta conducta. Recuerdo la reflexión sobre las trampas de la decisión de Arellano Gault y su referencia al libro de Irving Janis, sobre los ‘GroupThink”: cuando las organizaciones gubernamentales (y sus satélites políticos) hacen Group-think generan un exceso de identificación con el grupo dominante que los ciega y, con ello, quedan imposibilitados para ver errores. Todo gobierno comete errores, pero una manera de verlos es por medio de las evaluaciones, que funcionan como visores o luces que iluminan zonas oscuras que contienen errores. Eliminar la evaluación equivale a quedarse sin visión de sí mismo. Y hay una serie de patrones de los gobiernos en GroupThink: exceso de identidad con el líder (que deja a un lado al propio programa): la prioridad es defender al líder en todo lo que hace; esta defensa es asumida por ‘guardias feroces’ que agreden a la crítica y no usan formulaciones analíticas o racionales para hacerlo, sino calificaciones morales, emocionales y esterotipaciones, como ‘tonto’, ‘comunista’, o ‘mafioso’ o ‘corrupto’ (en el caso que comentamos se usa ‘conservador’). La polarización que produce este tema hace que la crítica se asuma como ataque y la autocrítica se califica de ‘traición’. El efecto de este comportamiento es la nula búsqueda de otras opciones o alternativas. Buscar alternativas u otros cursos de acción equivale a deslealtad. Así mismo, los sujetos de ‘búsqueda de otras opciones’, que son los ‘expertos’ son descalificados. Además, la implementación se hace a toda prisa, sin revisar las condiciones de operación. Y finalmente, se cae en la ilusión de la invulnerabilidad basada en razones morales: como son buenos, entonces no se equivocan.

En suma, tenemos un gobierno con tres rasgos: (1) gobierno entendido como control personalista de las decisiones (hiperpresidencialismo), (2) sin referentes objetivos de evaluación (autoceguera), y (3) como un conglomerado de organizaciones en Group-think. Aquí no hay espacio para comentar los efectos, pero en otra ocasión lo haremos. Sólo adelanto lo más importante: ante la complejidad de los problemas públicos, estos rasgos son anticlimáticos. ■

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