Y la Policía Federal les dio la razón

Y la Policía Federal les dio la razón

Hace poco más de 6 años, al inicio del sexenio de Peña Nieto la Policía Federal también acaparaba las lentes periodísticas.

La circunstancia era otra, sucedía la toma de protesta de Peña Nieto y ellos afuera, escudo en mano, evitaban todo atisbo de manifestación.

Kuy Kendall, caminaba por ahí cuando recibió un proyectil de gas lacrimógeno en la cabeza que lo dejó en coma más de un año, hasta su muerte en enero de 2014.

No era la primera vez que el binomio Policía Federal-EPN sembraban terror. Seis años antes, en San Salvador Atenco, las fuerzas federales golpearon salvajemente a hombres desarmados, abusaron sexualmente de casi treinta mujeres, y dejaron muertos a dos jóvenes de 14 y 20 años.

Ningún elemento fue castigado, ninguna de esas acciones fueron de un psicópata al que” se le pasó la mano”, sino parte integral del operativo.

Hay muchos otros episodios memorables de la actuación policial. Un bloqueo carretero, como el que la semana pasada hicieron los policías amotinados sin que nadie los molestara, fue terminado en Nochixtlán, Oaxaca en 2016 con el uso de la fuerza. El saldo entonces fue de 6 muertos y 94 heridos.

En Apatzingán, el 6 de enero de 2015 policías federales asesinaron a 16 civiles desarmados y dejaron varias decenas de heridos. Los sucesos, que conocimos gracias a investigaciones periodísticas, se consideran crimen de lesa humanidad.

Si ese ha sido el saldo al ir contra población civil cuando se manifestaba, ya puede imaginarse las cifras cuando tocaba enfrentarse a grupos del Crimen organizado.

En Tanhuato, Michoacán, en agosto del 2016 implementaron un operativo contra el Cartel Jalisco Nueva Generación, que terminó con 43 muertos, uno de ellos policía, y el resto del lado contrario. De acuerdo a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), de los 42 fallecidos a manos de la policia, 22 fueron ejecutados extrajudicialmente y cuatro murieron por uso excesivo de la fuerza.

La participación de agentes de esta corporación en secuestros se cuenta por aparte. Según declaración en 2011 de Fernando Ruiz Canales, presidente de la organización no gubernamental del Consejo para la Ley y los Derechos Humanos el 75% de los secuestros cometidos en México, unos 40 mil al año, podían adjudicarse a elementos de la Policía Federal (ver https://www.sinembargo.mx/22-08-2016/3082779 ).Pese a lo anterior nadie debería juzgar al todo, por algunas de sus partes. Toda institución tiene en sus filas a gente ética, y también a corruptos.

El asunto está en si la estructura que contiene a estos “negritos en el arroz” está diseñada para fomentarlos, o para sancionarlos y expulsarlos. Y los resultados están a la vista…

Por eso es urgente la necesidad de modificar esas estructuras, sacudirlas, darles un giro que termine con el abuso institucional, y con la ineficiencia que inunda de sangre e impunidad.

Todo cambio genera resistencia, normalmente tendiente a permanecer como se está, pero en el caso de las demandas de la Policía Federal esto no queda claro, porque por un lado se escuchan quejas por ser llamados a la Guardia Nacional, y por el otro parece haberlas para integrarse, pero sin que se les exija el cumplimiento de los estándares mínimos para la labor que concierne a la nueva corporación.

Otras quejas como el respeto a las jerarquías, salarios y antigüedad ya han sido garantizadas. Quizá por ello ya empieza a notarse las fracturas internas de este grupo que a decir verdad es más ruidoso que numeroso.

A esta división se suma el poco apoyo social que han recibido. Prácticamente limitado a los propios agentes, sus familias, y la oposición oportunista que hoy dice apoyarlos aunque por años los abandonó a su suerte hasta el grado de dejar que los desalojaran de hoteles por falta de pago.

Quizá se crea que esa impopularidad se debe a que son una fuerza del orden y su trabajo no despierta simpatía. No obstante basta ver los niveles de respeto y confianza de la Marina o el Ejército Nacional para darse cuenta que salen mucho mejor librados en la percepción ciudadana a pesar de que también tienen su historial en violaciones de derechos humanos.

A los tres ha servido de pretexto argumentar que “solo se siguen órdenes”, no obstante, sólo los federales reniegan de ellas en esta ocasión y no para rechazar reprimir una población, o una ilegalidad, sino pensando en su bienestar individual, y dejando en demagogia eso de disciplina lealtad y sacrificio.

Con su actuar, paradójicamente han dado respuesta a las dudas sobre la guardia nacional. La agresión a su mando, su indisciplina que algunos perciben con tufo golpista, y el chantaje de irse al crimen organizado, dan la razón a quienes argumentaban la importancia de la guardia nacional, y la necesidad de que su mando fuera (aunque sea solo inicialmente) militar. ■

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