La habitación 212 del francés Christophe Honoré, entre el deseo sexual y el amor a la misma pareja

La habitación 212 del francés Christophe Honoré, entre el deseo sexual y el amor a la misma pareja
Fotograma de Chambre 212 (Habitación 212) ■ FOTO: CORTESÍA DEL FESTIVAL DE CANNES

“Quieres hablar de un amante, tú crees que es el momento de algo tan trivial…y no es una infidelidad son solo encuentros sexuales espontáneos para mi divertimiento. Luego todo está bien, es como que 2 +2=4, como nosotros, el resto no cuenta” Responde la esposa al esposo que acaba de ver los mensajes del amante.

“A nuestra edad (el esposo se acerca a los 50), se necesita algo más que quitarte el sostén para que funcione. Se necesita más tiempo, ya sabes después de 20 años juntos nuestros encuentros sexuales están bien definidos a un día de la semana y eso después de unas copas de vino o alguna película con escenas eróticas. O a alguna fiesta especial del año como navidad” Responde el marido a un acercamiento de su mujer.

El artículo 212 del Código civil francés: “Los esposos se deben mutuo respeto, fidelidad, ayuda y asistencia”.

Las anteriores líneas son tres formas de pensar el matrimonio y la vida de la pareja. Visiones enfrentadas quizás, al menos esta es la historia que presentó el director francés Christophe Honoré en su película seleccionada en la categoría Una cierta mirada del Festival de Cannes, Chambre 212 (Habitación 212).

Inspirado The Awful Truth (Léo McCarey, 1937) le salió la idea de cómo eran las conversaciones conyugales de la infidelidad. Para ello volvió a invitar a Chiara Mastroianni, Benjamin Biolay, Vincent Lacoste y Carole Bouquet, en La habitación 212. Entonces deciden entrarle al reto de mostrar el reto de vivir en pareja, del sexo, de las viejas historias de amor y, lo más duro para algunos, el envejecimiento del cuerpo y de conservar la seducción de la pareja.

Honoré, nominado a la Palma de Oro en el Festival 2018 por Plaire, aimer et courir vite, vuelve esta vez con una historia que desdobla el cuerpo de los esposos en su juventud y en su adultez. Y mantiene su gusto por los largos travelings en las calles de París, siguiendo los pasos de Mastroianni e insertando la música de Charles Aznavour recientemente fallecido.

Los cuerpos pasados se vuelven reales para convivir con los cuerpos presentes. Para vivir la experiencia de cómo sería hacer el amor con tu cuerpo actual pero con el cuerpo del hombre o la mujer de quien te enamoraste hace 25 años.

Al estrés de ver la piel de los cuerpos arrugarse, a la pérdida de reacción y erección, se añade el de convertirse en amigos más que en pareja, y aun más complicado al de tener deseo por jóvenes mientras que la pareja está en la comodidad de la rutina casera.

Honoré hace que los cuerpos y los fantasmas del pasado coincidan. Hace que el sufrimiento por descubrir al amante sea asumido por uno y el gusto al sexo por el otro también sea asumido a sabiendas que eso podría implicar la ruptura del matrimonio: ¿alguno de los dos debería ceder?

El artículo 212 francés queda de sobra superado. La ley poco tiene que ver con el amor y el deseo.

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