Previsible y predecible

Previsible y predecible

Aunque sean parte del mismo proceso, no es lo mismo un debate que una elección. Esta es una verdad de Perogrullo. Quien gana el primero no significa que necesariamente y automáticamente tiene ganada la segunda. Han transcurrido casi dos semanas y los ecos del posdebate siguen presentes. Lo que pudimos observar en el circo mediático organizado por el INE es lo que ya se esperaba. Presenciamos lo que Iván Ríos Gascón califica como: “…una frívola querella entre cinco aspirantes con lengua boba o viperina, pero con el único proyecto de pescar votos” (“Laberinto”, suplemento de Milenio, 28/04/2018).
Lo que se preveía que iba a ocurrir, todos contra el peje. Atacarlo así fuera con mentiras e infundios para buscar restarle puntos y posicionarse en las encuestas. Esa fue la divisa y la consigna.
Los análisis y opiniones sobre el comportamiento de los candidatos son subjetivos. Cada quien ve ganador a su favorito, a quien quiere que gane según sus expectativas. Por lo que pretender dar a alguien como ganador es un ejercicio ocioso. La mayoría de quienes opinan y publican sus apreciaciones se inclinan a favor del candidato panista. Piensan que por haber sido el más incisivo en cuestionar y preguntar a sus adversarios más próximos y no tener respuestas de estos, lo hace ganador. Ganó en cuanto a lanzar más ataques no así en las propuestas. Y atacó recurriendo a mentiras como las cifras que manejó en la inversión financiera y la inseguridad en la ciudad de México cuando fue gobernada por AMLO. Al niño azul lo picudo no le quita lo mitómano. Se salió por peteneras cuando el candidato ciudadano priista lo interpeló sobre el asunto de la nave industrial que lo tiene involucrado en cuestiones de lavado de dinero. Este, por cierto, al no lograr remontar rebasando a Anaya y ubicarse en el segundo lugar de las preferencias, no trascendió en el debate. Por su parte el peje, que llegó con la idea de nadar de muertito y no engancharse, como ocurrió, logro conservar la posición de puntero.
Aunque tenía muy claro el papel que debería desempeñar, Obrador debió de sacar la casta y asumir la ofensiva aclarando las mentiras de los adversarios y aprovechar sobre todo para explicar y abundar en sus propuestas. Estas se concretaron en repetir lo que hemos venido escuchando desde hace ya un buen tiempo en los spots de Morena, en los que el peje es el muchacho de la película. El debate era la oportunidad de oro que se le presentaba para demostrar que es mas que un experto en calentar y abarrotar plazas y animar auditorios de fieles cautivos que todo le aplauden y celebran. En su actitud en el debate mostró el descuido al no prepararse como se debía. Se atuvo y se seguirá ateniendo a que el 1° de julio los mexicanos expresaran mayoritariamente un voto de hartazgo, de enojo y encabronamiento en contra de los partidos y la clase política hegemónicos que han llevado al país a situación en la que se encuentra. Esta convencido de que en su favor podrá canalizar ese estado de ánimo que priva en la nación. Que él es el indicado por aquello de que un perdido a todas va. Se siente el predestinado para poner fin al clima de inseguridad, que comience por regresar la paz, que implemente medidas para reducir la desigualdad y ponga en su lugar a la mafia del poder atacando la corrupción y la impunidad. A eso apuesta y tiene como aliado lo que domina en el imaginario de la mayoría de los mexicanos.
Que viene o que se espera. Faltan dos tercios para que concluyan las campañas proselitistas y otros dos debates. En este tiempo debe aprovechar ese para seguir dando a conocer sus propuestas y clarificando el programa con el que busca gobernar al país, incluidos los debates como foros mediáticos con amplia audiencia. El prian seguirá buscando asustar a los ciudadanos con el espantajo del populismo comparando a Obrador con Chávez y Maduro. Recurriendo al ejemplo grosero de comparar a México con Venezuela. Todo lo anterior como parte de una campaña de miedo para restarle votos al puntero.
De aquí al día de la elección López Obrador sufrirá los embates de la guerra sucia que buscaran desbancarlo del lugar de privilegio que mantiene en las preferencias ciudadanas. Ya Meade lanzó el spot con la disyuntiva, “Elige: miedo o Mead. En la que busca que el electorado asocie la variable o categoría miedo el con López Obrador. Los operadores de tierra priistas intensificaran su trabajo y con las alforjas llenas de dinero y recursos recurriendo a los programas buscaran la compra y cooptación del voto. No debe confiarse ni incurrir en errores y descuidos graves que le bajen puntos. Habra de tener claro que quien gane la elección no necesariamente es quien gana en las encuestas. Aunque estas marcan tendencias, la verdadera encuesta, la que vale es la que reporta el conteo de los votos.
El antropólogo y antiguo militante y teórico marxista Roger Bartra ve a las elecciones 2018 como una alternativa entre la sensatez y la rabia, en cuya ecuación asocia la rabia con el populismo lopezobradorista (Reforma, 2/5/2018). A los electores quizá poco les importara votar sensatamente. Esta vez lo harán por los agravios, la desesperación, la rabia y la falta de expectativas. Será y es muy probable que triunfe el voto del encabronamiento ciudadano que derrotaría la espiral de guerra sucia que busca asociar peligro, odio y medio.

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