Las razones de Taibo: luz sobre el vampiro

Las razones de Taibo: luz sobre el vampiro

Observé con atención las reacciones en torno a las declaraciones de Taibo II, cuando menciona (como ejemplo) la posibilidad de expropiación a los dueños del dinero para contener su ímpetu controlador del Estado. Tomando las cosas con calma, quiero compartir dos reflexiones en torno a las reacciones que la conferencia de Taibo provocó.
Primero. El escenario que pone Taibo es cierto: estamos ante un Estado Capturado por los poderes fácticos. Los grandes capitales de las seis familias más poderosas de México, más algunas compañías multinacionales, han gobernado y evitado que se realicen las políticas que rompan el círculo maldito de-desigualdad-pobreza-bajo crecimiento-nula movilidad social. Por el contrario, esos intereses lo que hacen justamente es provocar la circularidad entre estos factores. Al l legar al poder del Estado después de este proceso electoral, la pregunta será inminente: ¿se gobernará para ellos o independientemente de ellos? No hay opción intermedia. Si no es ‘para’ ellos, pues vendrá la ofensiva que vimos en el resto de los gobiernos populares de América Latina: poderes fácticos que se apoderan de las judicaturas y persiguen a los gobernantes desde ahí. (Ahora mismo Correa es perseguido duramente). Pensemos un ejemplo: las mineras. Explotación de empresas que se apropian de masas enormes de riqueza, dejan expoliado el territorio y sin ganancias (ni a la hacienda pública, ni a los pueblos). Más ejemplo, Grupo México de Germán Larrea se ha enriquecido con el apoyo incondicional del gobierno federal, ni Pasta de Conchos, ni Rio Sonora o nuestro Chalchihuites lo ha tocado. Y un dato esencial: todas (TODAS) las fortunas de estos empresarios mexicanos se hicieron a partir de la apropiación de empresas originalmente públicas: telefonía, cemento, ferrocarriles, carreteras, construcción, semillas, fertilizantes, y ahora siguieron con el petróleo. En otras palabras: el saqueo de recursos naturales y ventajas absolutas de estos capitales han enriquecido a seis fortunas y, contra eso, crecido la desigualdad. El mecanismo de la desigualdad ha sido justo la captura del Estado por estos poderes, que han arrasado con la riqueza nacional. La pregunta justa es, ¿cómo actuará el nuevo gobierno frente a dicha captura del Estado? Si toma la vía de la autonomía de los poderes públicos frente a los capitales mencionados, seguramente se verán afectados. En nuestro ejemplo de las mineras, implicará necesariamente que paguen los impuestos que no han pagado y cubran los costos ambientales que no han hecho. Tal vez no se necesite la expropiación, pero sí medidas de regulación que (para ellos) serán equivalentes. Si llega López Obrador a la presidencia, no sé cómo va a actuar frente a esta pregunta. Pero la cuestión ahí está.
Segundo. Es muy importante preguntarnos por qué el escándalo ante las palabras de Taibo. Me explico: el hecho de afirmar públicamente la posibilidad de tocar a los grandes capitales o afectar los intereses corporativos de esas grandes empresas, se recibe con alboroto. Esto es, la guerra sucia consiste en decirle a la gente que llega un presidente que tocará a los capitales, esperando que la reacción de los votantes sea en contra. Si los ciudadanos reaccionan en contra de una medida de este tipo, pues significa que están normados por el dogma neoliberal de que ‘las empresas privadas son intocables’, aun cuando destruyan la naturaleza, cometan faltas contra la humanidad (como en Pasta de Conchos) o despojen a los mexicanos de su riqueza. ¿En verdad deben ser intocables? Esta situación indica dos cosas: (a) la batalla cultural la va ganando la derecha, y (b) se predispone un gobierno de pocos cambios. Lo primero se verifica con las creencias vigentes en la opinión pública o las reacciones espontaneas del actual sentido común. Así las cosas, si la hegemonía de cultura política (opinión pública) está derechizada, pues no contamos con el elemento base para hacer efectiva una agenda pública que tenga como centro articulador la justicia como equidad. Y por tanto, no podemos aspirar a grandes cambios en el futuro próximo. Lo cual está en contra de lo que afirma Taibo al final de su charla: “se va a requerir movimiento popular”. Una opinión pública favorable a medidas de justicia es esencial para darle legitimidad a dichos movimientos. Es decir, si no se cuenta con un sentido común a favor de políticas de justicia social, no hay base ni para la movilización ni para la legitimación de esos movimientos. Así las cosas, es vital que se trabaje en la batalla contra la hegemonía de los dogmas neoliberales en la opinión pública, lo cual es batallar en el ámbito de la cultura política. O dicho de otra forma: en la formación de ciudadanía. En sentido estricto, el burgués (bourgeois) no es un ciudadano (Citoyen).
El escándalo que observamos debería ser no motivo de crítica a Taibo, sino de crítica a lo que señala. Es grave, contundente y real. Entre una ciudadanía de baja intensidad y un Estado ocupado por intereses particulares que ahora se agarran con uñas y dientes del poder. Un club de vampiros que reaccionan a la luz del sol que toca sus cuerpos.

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