Militantes de partidos, en el analfabetismo político

Militantes de partidos, en el analfabetismo político

Cuando los partidos perdieron la ideología específica por la ambición de querer representar ya no a los obreros o los empresarios o a un sector social de cierta tradición, sino a ‘todos los intereses’ o a ‘la sociedad’ en su conjunto; en ese momento perdieron el ímpetu de su formación política. Lo propio de la opción partidaria se perdió, porque junto a los fines políticos que se fijaban, pues venía la justificación de esos fines, la estrategia para lograrlo, la historia que les daba la narrativa legítima y los saberes técnicos que les servían para su ejercicio político. El PRI enseñaba en su antiguo instituto de formación política, la historia de la Revolución Mexicana que les daba legitimidad, teorías del Estado liberal y tópicos específicos de su sector, ya sea obrero, campesino o popular. El PAN difundía en sus militantes ‘la doctrina’ sobre la persona humana que fundaba cierta idea liberal con giros católicos, los valores de la familia y el orden social. El Partido Socialista explicaba las teorías de la revolución y la estrategia para ese fin, saberes económicos desde el marxismo y tópicos sobre sindicalismo, organización campesina o rebelión estudiantil. Diferente formación que hacía un mosaico político plural y lleno de ideas. El pensamiento estaba en la base de la práctica militante.

Ahora que las ideologías entraron en crisis, los partidos ya no dan formación alguna. Hay militantes con amplia formación política pero no la adquirieron en su partido, sino fuera de él, en universidades o centros escolares. Y en esos lugares tienen la pretensión de la cientificidad, por tanto, el de alejarse de lo que llaman ‘ideología’ y acercarse a la técnica. Pero la mayoría de los militantes no tienen ese privilegio, se convierten en una masa en búsqueda de acomodo laboral o en la conformación de grupos de interés que tratan de encontrar ‘posiciones’ en la representación popular. Una masa militante pragmática y poco reflexiva. Ni los saberes básicos para emprender una tarea de representación legislativa o de gobierno tienen, menos la fineza de usar esas posiciones para ciertos fines ideológicos. Por ello observamos en todos los partidos perfiles de baja calidad política: quieren ser presidentes municipales o diputados o regidores sin saber realmente para qué quieren serlo o, aún más, sin saber qué realmente debe hacerse en la posición a que aspiran. Porque lograr tener un proyecto político es difícil: se requiere conocer el entorno, el Estado y la justificación de los objetivos propuestos. ¿Cuánto tiempo y dinero invierten los partidos en la formación de sus militantes ahora mismo? Podemos decir que nada. Y si eso continúa de esta manera, la calidad de los servidores públicos no saldrá de la mediocridad en la que nos encontramos. La ley debe obligar a los partidos a mantener centros de formación política y verificar que realmente lo hagan. Ahora mismo tenemos una vida intra-partidaria en el analfabetismo político.

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