Miguel Alonso ¿senador?

Miguel Alonso ¿senador?

l futuro político del ex gobernador Miguel Alejandro Alonso Reyes se encuentra hoy en manos de José Antonio Meade Kuribreña, según lo entiende y percibe su amigo Alejandro Tello Cristerna. Durante una entrevista en un noticiero matutino el pasado viernes, el titular del ejecutivo abrió una postura personal sobre el tema desde su experiencia: las candidaturas a puestos de elección federal se definen, en buena medida, por la comodidad con la que el candidato presidencial juegue sus piezas en distintos estados.
Comodidad entendida, de acuerdo al razonamiento de Tello, en términos de capacidad para aglutinar a la militancia y a la población, en torno a cada candidato o candidata. Cómo se mide, convencionalmente, esa capacidad de los candidatos para atraer las preferencias de voto tanto en la ciudadanía como dentro de sus institutos: precisamente en los porcentajes de aprobación y rechazo de los distintos sondeos electorales, los cuales, hasta el momento, han sido levantados únicamente para el consumo interno de los partidos en Zacatecas.
Las palabras de Alejandro marcan un punto de inflexión peculiar y no son producto de un descuido. Por el contrario, dan luz sobre la zozobra que vive Miguel para hacerse de la candidatura al Senado, particularmente porque, si no lo sabe, José Antonio Meade fue el candidato ungido del presidente Enrique Peña Nieto por la posibilidad que le representaba al partido para crecer en las encuestas en sentido positivo y no en el terreno de las percepciones negativas, como sí corría el riesgo la eventual postulación de Miguel Ángel Osorio Chong.
Al respecto Ciro Gómez Leyva reseñó una pista fundamental el 27 de junio del 2016, una vez pasado el descalabro del partido en el gobierno al perder frente a la oposición cuatro estados en los que había gobernado de manera consecutiva durante 86 años: Durango, Quintana Roo, Veracruz y Tamaulipas. A ellos se sumó la derrota en Chihuahua -actualmente centro de una coyuntura política de importantes dimensiones, encabezada por el gobernador Javier Corral Jurado- y Aguascalientes.
En su artículo de opinión publicado por El Universal, en aquella ocasión titulado “El presidente Peña Nieto se encontraba de muy buen humor”, Ciro capturó el pensamiento del mexiquense al respecto de la elección del candidato presidencial. De acuerdo a la reseña de Gómez Leyva, dijo entonces Peña Nieto: “que no nos obsesionáramos con el candidato del PRI, porque una elección nacional es algo tan grande que puede darle oportunidad de ganar a alguien que hoy sólo sea conocido por el 1% de la población… De que te conocen en una campaña nacional, te conocen.”
No así cuando en una elección eres menos reconocido por tu labor y más conocido por la pesada carga de sospechas alrededor de probables hechos de corrupción, pese a los cuales, y en medio de una investigación no concluida por la Procuraduría General de la República, el pasado 8 de diciembre el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid Cordero, aseguraba que “hasta el momento no existen elementos para dudar del ex gobernador de Zacatecas”, rompiendo con ello el debido proceso y dando paso a la titularidad de Miguel al frente del Fondo Nacional de Fomento al Turismo.
Ya una vez Enrique Peña arropó al ex gobernador después de una intensa campaña donde el zacatecano realizó autopromoción en diarios de circulación nacional como El Financiero, Milenio y La Razón, para posicionarse en la opinión pública de la capital del país (centro de la toma de decisiones) como artífice único del triunfo de Alejandro Tello.
Muy distinto opinaron entonces en El Universal y en Reforma durante septiembre del 2016, donde se filtró información de inteligencia referente a los procesos irregulares de compras en el sexenio que recién abandonaba el entonces aspirante a cualquier cartera dentro de Gobierno Federal. Datos sensibles de correos electrónicos que únicamente podrían haber atravesado por los umbrales de la Secretaría de Gobernación, y en los que se descubría una liga de operaciones irregulares manejada entonces, de acuerdo a lo publicado en esos diarios, por Juan Alonso, Lucía Alonso y José Luis Santoyo, entre otros.
Pero la fortuna política es una variable que modifica los escenarios más concretos. Miguel podría encontrar una nueva oportunidad para hacer valer los compromisos que contrajo con el grupo de poder cercano al presidente Peña Nieto, y que lo llevaron hasta FONATUR más recientemente. Hasta ahora el zacatecano es uno de pocos ex gobernadores cuyo proceso de investigación por diversos ilícitos no representa –todavía- un foco rojo para el futuro inmediato de su “amigo” Enrique.
José Antonio Meade atraviesa por un proceso lento de compenetración entre la militancia priista. Al candidato del presidente le cuesta identificarse con la “tradición” tricolor y la celosía de sus símbolos. Sin embargo, en el presente, Miguel no sería ese candidato del 1%, ni el que más comodidad otorgue a Meade.

Twitter: @GabrielConV

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