¿Feliz año?

¿Feliz año?

Cuando al calendario le ocurre en la temporada de invierno marcarse a sí mismo como un ente renovado, la mayoría de la gente se alborota y en medio de un ambiente festivo celebra la aparición de otro ciclo que significa que se ha completado un nuevo ciclo solar que indica por alguna extraña razón que es época de cambio o al menos, de nuevos y buenos propósitos, pero viéndolo de una forma objetiva poco hay que celebrar, si acaso cambios en el calendario escolar y en año fiscal, alguna posibilidad para estrenar alguna ropa o un auto. Pero cambios, cambios, lo que se dice cambios, pues, no hay gran cosa.

El país se sigue deteriorando en su economía, en sus principios, sus valores, su plan educativo; en cualquiera de las áreas que impliquen formas de desarrollo y de eso que llaman progreso, las cosas lucen mal a dónde quiera que se fije la atención y a nadie parece importarle. Se vive más al tanto de los hechos aciagos que ocurren diariamente a lo largo y ancho del país; la cultura se deteriora paso a paso y los valores que son perseguidos por la gente son de una chambonería inaudita como se demuestra en algunas de las pasiones que más atraen el interés de la gente como es la música, los espectáculos públicos y los deportes, donde luce su opacidad propia eso que algunos llaman futbol, tanto a nivel local como internacional y mantiene inmóviles literal y metafóricamente a masa enormes de seres humanos en todo el mundo, en especial, por estos rumbos.

Pero bueno, entre los buenos propósitos siempre hay algunos que son edificantes, ser mejores personas, por ejemplo. ¿Qué significaría ser una mejor persona? En un mundo en el que prevalece la competencia casi siempre desleal entre todas las personas en todos los espacios de desempeño y en los que el chacaleo y la mala entraña sientan sus reales; la bronca detrás de esta forma de comportamiento la mayoría de las veces ni siquiera está sustentada en una maldad innata, sino que lleva implícita una falta de elementos de comportamiento que implican antes que nada una ausencia de conducta aprendida que demuestre que cuando se quiera ser alguien “decente y correcto” se sepa lo que esto significa en los hechos, no en lo que se piensa, se dice o se siente; es decir, la congruencia. Otro de los buenos propósitos que la gente se hace es el de comer bien, apegarse más a la buena alimentación y a la nutrición que a la comodidad y a los saborizantes sintéticos de la comida chatarra o en el mejor de los casos, la comida rápida que, como se sabe, no siempre es lo más correcto para mantenerse saludable.

La condición física y la figura estética son otros de los “cocos” de estos tiempos mal llamados postmodernos. Junto a lo relativo de las dietas, hoy día es una exigencia que tiene que ver con la presencia social. La interacción estudiantil, laboral, social y productiva tiene mucho sustento en lo que se haga con el cuerpo de cada individuo. Como en cualquier hoguera de vanidades, el fitness es la carta de presentación de aquellos que se consideran a sí mismos o son considerados como gente bonita. Pero, por regla general, el ejercicio siempre queda atrapado en la vereda de las buenas intenciones y antes de que lleguen los tamales del Día de La Candelaria todo mundo está resignado a esperar hasta las vacaciones de verano para entrarle a este reto.
En este mismo rubro se encuentran la responsabilidad en el trabajo o en la escuela o con la familia; pero casi siempre estos buenos propósitos quedan en nada después de que la vorágine del primer día después de vacaciones atrapa a la mayoría de las personas que a su vez arrastran a los que aún piensan que pueden cambiar aunque sea un poco y el laberinto de la irresponsabilidad ahoga al grueso de la población y estos proyectos como todo lo anterior llegan a ocupar un lugar en aquellos parajes donde habita el olvido.
Por último, y no porque no existan más buenos ideales, se encuentra el asunto de dosificar los gastos haciéndolo inteligentemente y desarrollar así la capacidad para el ahorro. Pero la cuesta de enero rápidamente ubica a todos los soñadores cuando descubren que las cuentas del mentado buen fin y los gastos en fiestas, ropa y regalitos de la navidad empiezan a aparecer como demonios en sus estados de cuenta y surgen las pesadillas que conducen al insomnio y a la parálisis anual en estos propósitos hasta que, inminentemente, llega el próximo diciembre.

Pero, querido lector, este año 2018, usted tiene la oportunidad de hacer algo bueno por usted, por su prójimo y por la Patria. Hay elecciones presidenciales y camarales. Medite muy bien lo que va a hacer por su futuro y el de su familia y sus conciudadanos. No la riegue. No cometa los mismos errores de siempre. Porque el destino no tiene reversa.

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