Continuidad y transformación religiosa en México: ¿la Madona Negra o Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe?

Continuidad y transformación religiosa en México:  ¿la Madona Negra o Santa María  Tonantzin Virgen de Guadalupe?

Conforme pasan los años, cada 12 de diciembre, surgen preguntas sobre la significación y la ideologización que aporta la figura de la Virgen de Guadalupe. Preguntas como: ¿por qué el acontecimiento guadalupano sigue vivo?, ¿de qué manera ha configurado a la historia y la cultura mexicana? o ¿cómo se configura la identidad nacional a partir del guadalupanismo?, estas y otras preguntas rondan al leer cifras de peregrinos a los templos guadalupanos, el impacto mediático y los records de audiencia televisiva durante la trasmisión de las mañanitas a la virgen. La reflexión a la que se intenta llegar, sobre el fenómeno guadalupano en México, parte del texto Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe del historiador alemán Richard Nebel. No obstante que, el texto fue editado por primera vez en 1992 en su versión alemana y en 1995 al español, sigue siendo un punto nodal en las cavilaciones, histórico-culturales, relativas a la Virgen de Guadalupe. Y bastaría con leer las cifras de algunos periódicos de circulación nacional, que afirman conteos de más de 300.000 peregrinos que llegaron a la basílica de todas las regiones del país. Para entender la importancia no sólo social, sino también histórica de la tradición religiosa novohispana y específicamente mexicana, se propone una suerte de revisión documental etnohistórica. Puesto que, si se piensa en el presente, no es casualidad que Andrés Manual López Obrador haya elegido el 12 de diciembre para registrar su precandidatura la presidencia de la República, fecha representativa para la clase obrera y campesina en México (el grosso de los votantes). Así, la Virgen de Guadalupe, como es evidente, no sólo es un icono religioso, también es político, económico, histórico y social. Encierra todas las dimensiones estructurales para la configuración de la ideología, y la conformación del nacionalismo.

Antes de comenzar con una discusión a partir de signo religioso, político o social que encarna el discurso moderno de la Virgen de Guadalupe, es necesario volver a la tesis de Edmundo O’Gorma, cuando se opone a la idea de la América descubierta por los españoles, y propone, una América inventada por los conquistadores ibéricos. Es decir, qué coyunturas entrelazan el pasado colonial con el México moderno y cómo el acontecimiento guadalupano (presente en las apariciones de la Virgen a Juan Diego) del siglo XVI, inaugura un proceso histórico social que no terminará nunca de construir y reformular la ideología del mexicano. Es irrefutable que después de las apariciones de la Virgen y la edificación de la iglesia mexicana guadalupana, el segundo acontecimiento, aunque no teológico, que indica otra dimensión del símbolo religioso, es la independencia de México. Por un lado constituye el perenne surgimiento de la nación mexicana independiente, y por el otro, el poder ideológico y la articulación identitaria de la imagen mística. Sin embargo, este horizonte abre disputas que ponen en crisis la idea nacionalista independentista, “[si] el México moderno debe ser considerado como un heredero de una tradición ‘americana’ independiente, o si, por el contario, se le debe tomar por un vástago de las fuerzas colonizadoras europeas, especialmente de España” (Nebel, 2013, p. 14). Entonces, se propone, desde esta perspectiva, una genealogía de idea la Madona Negra, desde la época bizantina (Guadalupe en España) hasta nuestros días (Guadalupe en México).Un ejercicio que aporta al concepto de sincretismo cultural en la américa hispánica, que inquieta sobre la imagen de un nacionalismo renovado, y que por el contrario, invita a pensar un nacionalismo con rasgos mezclados entre la autoctonía y la europeización.

Asimismo, si se concibe el sincretismo como una forma de inculturación religiosa en el contexto novohispano en México, da muestra de una profundidad efectiva en la técnica de evangelización. La idea, como se intenta concebir a la representación de Guadalupe en México, va muy lejos de una discusión meramente histórica, o filosófica, incluso teológica. En todo caso, es un estudio etnohistórico de la vida cotidiana del indígena expuesto a la escolástica guadalupana. Es decir, aquel indígena efectivo a la catequesis, pedagogía y pastoral del siglo XVI. Técnicas que se siguen ejecutando en México, vía, infantes en preparación espiritual. Pero, para llegar al punto de instrucción pedagógica, la imagen de la Virgen de Guadalupe, necesariamente debe ser, un “punto de partida de conceptos histórico proféticos, nacionalistas y mariológicos” (Nebel, 2013, p. 28). De esta manera, el acontecimiento guadalupano, que funda una teología basada en las cuatro apariciones de la Virgen a Juan Diego en el cerro de Tepeyac, y el texto Nican Mopohua, obra literaria oral que relata las apariciones de la Virgen Morena, son los documento y la prueba religioso más importante de la iglesia católica en América. Representan el patrimonio cristiano más hondo que pudieron construir, España y La Nueva España, a menara de conjugación.

También, es imperante entender que, los registros documentales, literarios y etnográficos presentes en el libro de Nebel, son sugerentes, pero nunca irresponsable a lo que para los mexicanos representa el fervor guadalupano. Y que claramente implican más interrogantes que respuestas, más propuestas que conclusiones definitivas. Hay empeño por comprender cómo una imagen sacralizada, bajo el contexto colonial, motiva millares de mexicanos contemporáneos a emprender un viaje, a veces largo, a veces lleno de sacrificios, hasta la Ciudad de México, por qué esa imagen los interpela moral y éticamente. La respuesta obvia es la fe, pero qué hay detrás de la configuración ideológico-teológico-histórico y cultural que envuelve al fenómeno guadalupano. No hay una respuesta tajante hasta el momento, ni sociológica, ni antropológica o teológica, pero sí hay maneras diferentes de acercarse al acontecimiento guadalupano, al menos eso propone Nebel. ■

 

1Nebbel, Richard., (2013), Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe. Continuidad y trasformación religiosa en México. Ciudad de México: FCE.

 

 

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