La Preladita, entre el fervor y el lamento

La Preladita, entre el fervor y el lamento

■ Alba de papel

Dedicado a Pedro Sánchez Ventura, a su
pasión por la danza tradicional desde
hace 71 años, un baluarte entre muchos
otros que hacen pervivir lo mejor de nosotros

A pesar de la opacidad del gobierno y de las autoridades culturales para inicidir y fortalecer las actividades pagano – religiosas que con gran profusión se realizan en el Estado, sin importar la creciente preocupación por la imparable violencia que  registra, y que se ha extendido ya  al Centro Histórico de la Capital y toda la zona conurbada que la une con el municipio de Guadalupe, una vez más,  familias completas se apostaron fuera de Catedral para acompañar a la Preladita, en su tradicional romería al Convento franciscano para refrendar su promesa.

La virgen peregrina que visita casas, barrios, templos, por enésima vez realizó el trayecto  de nueve kilómetros, acompañada  por unas 12 mil personas de todas las edades, perfectamente blindada por las bandas de guerra y de artillería de las Morismas de Bracho y de Guadalupe, así como de las danzas de tecotines que hicieron brillar sus monterillas de plumas, al son de sus guajes y de la música de tambor y violín, a su paso, por sendos lados, la gastronomía subterránea de venta de atole, ponche, tamales, buñuelos, menudo, birria y pozole, hizo más llevadero el camino, atenuado por el frío.

El contingente de peregrinos conformado por personas de todas las edades y niveles económicos distintos, dio muestra de su valor para salir a la calle, reafirmar el extraordinario valor de lo simbólico en la cultura popular,  y mostrar  su determinación para conservar sus fiestas que no sólo expresan el sincretismo de su origen, sino enuncian potentes rasgos de su espiritualidad como pueblo, para mantenerse incólume ante la fragmentación social que acecha, y sentir estoicamente, que aún hay esperanza…

Cuerpos marchitos y ajados de personas mayores con bastón y en silla de ruedas, jóvenes descalzos y mujeres suplicantes que no dejaron de cantar alabanzas, todos tenían en sus rostros un rasgo común: el señuelo de la utopía por alcanzar un milagro, una suerte de bienestar para calmar la angustia y la ansiedad, provocadas por  enfermedad, separación, violencia, soledad, muerte y  pérdida, ésta última, con todo y su múltiple interpretación que va como flecha hiriente al corazón mismo de la estructura familiar y social.

Un número de miles de personas donde por espiritualidad se entendería  el despertar de una conciencia colectiva que cobra sentido de la alteridad en todos los imaginarios posibles que permitan entender la complejidad de las identidades  en crisis dentro de una estructura rígida que no debiera ser, al referirse a la   diversidad y a la comunicación intercultural.

La virgen de los enfermos, de los desamparados, de los desempleados, de los sufrientes, de los abandonados, abanderó una vez más, las penas de los peregrinos, y a través de sus rasgos suaves y su dulce semblante, dentro de su pequeño nicho recubierto de flores, devolvió la confianza a sus feligreses, al menos por cinco horas y por cada evocación devota que se la haya hecho, bajo el clamor de que aguantemos un poco más y así sucesivamente…

La historia de  la Preladita, se remonta a 1737, cuando debido al incremento de las vías de la comunicación y las migraciones que marcaron fuertemente los caminos de la plata y el Camino Real de Tierra Adentro, apareció un epidemia que azotó a la población, que denominaron Matlazáhuatl, enfermedad de gran morbilidad, que posiblemente pudo tratarse como lo refieren algunos estudiosos, de una hepatitis fulminante de origen viral.

Los documentos antiguos como el Libro de los enfermos, reportó la gravedad de los casos de fiebre que se presentaron en el Hospital de San Juan de Dios, el único y más importante baluarte de la salud en Zacatecas durante el Virreinato, lo que significó la única posibilidad de vida para los españoles, indígenas y castas de aquellos tiempos.

Refiere este documento, el nacimiento de una devoción a la Virgen Morena, representada en una virgen pequeñita, grácil y pronta para salvar y atender enfermos, dispuesta además, a ser  romera, para andar no sólo de templo en templo, sino de barrio en barrio y de casa en casa, siempre disponible y plena de compasión e infinito amor por el pueblo, razón por la que la Preladita es la salvadora de lo contingente, de aquella problemática inesperada que deberá asistir con su poder divino.

Madre,  maestra, abogada y fina señora, la Preladita  evoca dentro del fenómeno cultural, la riqueza de las costumbres y los esfuerzos que debieran empeñarse para mantener viva la tradición  y el espíritu amalgamado de las dos culturas de las que, predominantemente estamos hechos y que hoy transmigran a una realidad que mortifica y duele, con temibles quiebres en todas direcciones.

En este cruce natural de nuestra cultura, se busca el equilibrio entre diálogo y razón, Barei explica que “…al combinarse lo popular y lo masivo, lo arcaico y lo emergente, lo hegemónico y lo periférico, cualquier sistema cultural tiende a lo armónico y a una homeóstasis entre memoria y olvido, borradura y reconocimiento de huellas de lo perceptible e imperceptible de su constitución.

Ante la pérdida del futuro y la exultante opresión que nos aqueja, esta antigua celebración  devuelve la promesa en el ahora y el aquí, de que el zacatecano es un pueblo qué no se rompe, que tiene la  iniciativa de ampararse en lo más profundo  de sus tradiciones.

La Preladita no sólo es una celebración religiosa, constituye un espacio de encuentro de la cultura y las artes populares: gastronomía, danzas, artesanías, música, teatro popular, representa en cierta forma, el preludio de las fiestas decembrinas y con ello, el  renacimiento de la esperanza. Ánimo y fortaleza para todos. ■

 

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