Me faltó algo ahora que envejecí

Me faltó algo ahora que envejecí
Oskar Kokoschka. Viejo señor. 1907.

La Gualdra 318 / Río de palabras

 

A la mitad del camino de mi vida me encontré con un cuerpo al que no he sabido cuidar: caída prematura del pelo, sobrepeso, dolores musculares y fatiga al menor esfuerzo. Mi conclusión: me faltó conocer las delicias del deporte. Encontrar en el esfuerzo físico una motivación que me permitiera realizar cada día de mi existencia cierta actividad que propiciara disfrutar más estos momentos. El cuerpo como un templo, dicen por ahí, pero mi religión es más dionisiaca que budista.

Me faltó encontrar en la simplicidad de las cosas la tranquilidad de los seres vivos en su ambiente natural. Disfrutar de un simple amanecer o un majestuoso atardecer. Sacar mi silla a la calle y ver la gente pasar. Caminar más días por el cerro y respirar el aroma de las hierbas silvestres. Encontrar recovecos entre las piedras que esconden sabandijas y micro fauna.

Me faltó charlar más tiempo con los abuelos, saber cómo fue su juventud, quiénes eran su padres, cómo era México en sus tiempos, la música que brillaba en la radio, el impacto del rock and roll en sus vidas, saber cómo eran mis padres y los tíos, qué pensaron de mí cuando nací. Me faltó comer una melcocha con ellos, sentado en la plaza, mientras me decían santo y seña de los viandantes. Nunca supe quién fue el primer amor de la abuela o cómo es que se enamoró de ese señor tan imponente que fue mi abuelo.

Me faltó conocer las constelaciones y los dioses que las integran, bosquejar su recorrido por la inmensidad del espacio. Llevar a mis hijas a contemplar el cielo nocturno y explicarles cómo es que seis de las Pléyades encontraron un lugar en el firmamento luego de haber sido seducidas por Zeus, mientras que su séptima hermana es invisible por haberse negado a caer en los brazos del gran dios.

Me faltaron palabras para decirle a mi mujer el orgullo que sentí cuando aceptó compartir su vida con la mía, la infinita gratitud por haberme dado dos hermosas hijas, el reconocimiento por haberme sostenido cuando caminé en la oscuridad. Me faltaron abrazos, besos y caricias, cuando su sonrisa brillaba y sus ojos destellaban el reflejo de su amor por mí. Aún me falta abrazarla cuando la veo dolida y las palabras cuando las necesita.

Me faltaron cientos de páginas por leer, encontrar en la filosofía atisbos de mi propia pasión, en la poesía el canto de la voz interior; teorías económicas para sostener el mundo; el enigma de los números y su interpretación del cosmos; de la física, las leyes del universo. Nunca comprendí el lenguaje binario, los códigos de acceso al mundo la informática que me permitieran sacarle provecho a mi computadora.

En fin, puedo encontrar tantas cosas más que me faltaron por hacer, pero en cambió encontré otras muchas que sí realicé: nadar en un río, oler el papel y la tinta en un libro nuevo antes de comenzar a leerlo, imaginar con los amigos que ya no veo que algún día estaríamos en el jardín fumando un cigarrillo antes de nuestro ocaso, me enamoré y perdí la cordura por una mujer, perdoné a quienes me hirieron y dejé atrás el dolor. Y antes de irme, seguramente intentaré hacer otras cosas que me faltaron cuando aún era joven.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_318

 

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