Sé lo que quiero, pero no cómo conseguirlo

Sé lo que quiero, pero no cómo conseguirlo

El talante de todos los movimientos revolucionarios lo gritó Johnny Rotten de manera dramática durante los años de 1970: “No sé lo que quiero, pero sé cómo conseguirlo”. El apotegma muestra paradójicamente su enseñanza cuando asegura que eso que no se sabe qué es se puede, sin embargo, conseguir. Los revolucionarios de esos mismos años de la UAZ invirtieron la enseñanza porque sabiendo lo que querían no pudieron conseguirlo debido a que el método se les escapó.  Si vemos el tabulador contenido en el Contrato Colectivo de Trabajo UAZ-SPAUAZ (CCT) 2016-2017 notaremos que un profesor investigador titular c de tiempo completo gana 20450 pesos. Si además tiene 10hrs gana otros 3000 pesos. Yendo a la cláusula 83-XV observamos que a ese salario se le añaden dos bonos: el de material didáctico que equivale a 33% del salario tabular y el de Actividades Culturales y Deportivas, que es un 10%  adicional sobre la misma base de cálculo. Por tanto, el salario de 23450 se incrementa a 33523 aproximadamente. Con estos bonos se tiene la ventaja de evadir impuestos, pero la desventaja de que se disminuyen las prestaciones ligadas al salario. La prima de antigüedad tiene un tope de 70% del salario tabular anual que se alcanza a los 30 años según la cláusula ya citada fracción VII, así que a los 30 años la prima, antes de impuestos, es de 196980. Divido entre 12 nos da 16415, por lo que si le añadimos esto al salario previo tendremos un total de 49938. Si añadiéramos otras prestaciones llegaría a poco más de 50000 pesos. Si no alcanza los 30 años de servicio de todos modos el salario se incrementará poco a poco cada año, a razón de 2% la prima de antigüedad durante los primeros 20 años, y a 2.5% a partir del año 21 y hasta los 25 años, y de 3.5% desde los 26 hasta los 30 para alcanzar el tope indicado. La mayoría de los jubilados del SPAUAZ alcanzan ese salario, pero no lo paga la universidad en su totalidad porque el ISSSTE aporta el el 42% del mismo, lo que es aproximadamente 13409.2, así que la UAZ paga un total de 20114 por cada jubilado en las condiciones enunciadas. Debido a que no todos se jubilaron como titulares c de tiempo completo más diez horas cuando se calcule el valor exacto de su costo habrá ligeras variaciones. El punto es que el contrato establece que no todos podrán gozar de esta jubilación, sino únicamente los que ingresaron hasta el 13 de agosto de 1991 (cláusula 117). En la cláusula 113 se estipula que un jubilado ganará el salario tabular y todas las prestaciones ligadas y no ligadas, añadiéndose dos condiciones. La primera es que la UAZ pagará las aportaciones al ISSSTE, la segunda es que aquellos pagos no garantizados por el ISSSTE se pagarán de un fideicomiso formado a partir de aportaciones de los gobiernos estatal y federal, de la UAZ y de los académicos. No hay tal fideicomiso así que la institución bien podría negarse al pago. Por otro lado, un fideicomiso difícilmente podría formarse para que todo lo establecido en el CCT se cumpla a cabalidad debido a que las aportaciones mayores tendrían que venir de los gobiernos estatal y federal. Debido a que se excluye a los universitarios de la jubilación UAZ por fecha de ingreso al día de hoy esa prestación es el privilegio de una minoría que lo defenderá hasta las últimas consecuencias. El apotegma invertido de Rotten se aplica también al paro convocado para el martes 21 de noviembre por parte de los docentes que reciben “estímulos” ya que es la defensa de otro privilegio. El programa de estímulos, por su diseño, no es ni será para todos los universitarios, a menos que se decida convertir en un bono otorgado a todos por igual, lo que desvirtuaría su objetivo de servir para promover la producción. El argumento para parar las actividades de la universidad consiste en la simpleza de decir que es recurso “etiquetado” que no puede desviarse para ninguna otra actividad. Esto, sin embargo, es una interpretación errónea del convenio de apoyo financiero que año con año firman las autoridades de la UAZ con el gobierno federal para recibir recursos. En ese documento el gobierno federal establece los conceptos y montos con los que integra el dinero que da a la universidad, pero esa distribución no es obligatoria porque la Ley Orgánica, en su artículo 5, le otorga plena autonomía administrativa, por lo que las “etiquetas” puede obviarse. No así con los recursos extraordinarios. Vivimos la trágica inversión del apotegma de Rotten, y si los primeros revolucionarios creían en la igualdad, los nuevos revolucionarios apuntan sus baterías a la desigualdad porque lo que defienden son privilegios, mientras que lo ofrecido como argumentación son falacias difuminadas en información levemente errónea. Lo mismo se aplica a las manifestaciones del STUAZ, cuyo líder ha sido tan hábil que mediante la técnica de tomar la ofensiva y acusar al SPAUAZ de tener personal de más logra ocultar los muchos errores y corrupciones de su propio gremio. Es necesario aprender a buscar la rotunda verdad y dejar de engañarnos.

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