Mis hermanos Wirrárikas, el Híkuri y Wirikuta

Mis hermanos Wirrárikas, el Híkuri y Wirikuta

“Hay quienes tenemos alguna enfermedad física,
del alma o del corazón o simplemente
no hemos podido encontrar nuestra vida.
En este desierto viviente y mágico, confín del mundo,
el Venado Azul se nos revelará para encontrar nuestra vida,
él nos enseñará, él será nuestra medicina.
Una maximización del espíritu nos conducirá
hasta el punto de la transformación temporal
en transición a la exaltación espiritual,
para encontrar las fuerzas del equilibrio.
Esa capacidad inefable para aventurarnos sin temor
en el angosto puente a través del gran abismo
que separa el mundo ordinario del mundo del más allá.
Para lograr éstas fuerzas del equilibrio
debemos vencer nuestros miedos,
quitar los malos pensamientos de nuestros corazones y unirlos”

Relato de Pablo Carrillo

Me siento muy afortunado por vivir de cerca una parte de las ceremonias que realizan mis hermanos Wirrárikas; el pasado 10 de noviembre acudí acompañado de mis alumnos de la Unidad Académica de Derecho a la comunidad Tanques de Guadalupe, Mazapil con el propósito de apoyar a nuestros amigos del semidesierto, tal y como lo hemos hecho desde hace 11 años, además, acudieron Edain López Chivarra y su familia, Lucio López (hijo) y Marisol Velázquez (esposa), pertenecientes a la étnia Wirrárika quienes hicieron una ceremonia en la comunidad, pidiéndole permiso a sus dioses para encontrar el híkuri y venerarlo; en esta ocasión dimos de beber a la planta contrario a arrancarla de la tierra. Edaín, alza una vara adornada con plumas y la dirije a los cuatro puntos cardinales, en su dialecto se comunica con sus dioses mientras que Lucio y Marisol se acomiden a tender sobre el suelo un paliacate con varios utencilios y jícaras con las que se recaban ofrendas, acto seguido, se da con éxito el encuetro con el híkuri. Al día siguiente, el 11 de noviembre, emprendemos el camino a Wirikuta en Real de 14; por esta vez, tengo el privilegio de guiarlos por un camino que no conocían ya que según me platica Edaín, que por cierto es chamán, ellos cruzan cerros y tienen prohibido entrar a algún pueblo, su travesía es en ayunas y solo comen tortilla quemada con sal durante varios días en los que el híkuri les quita el hambre, la sed y el cansancio. Mis alumnos y yo, llegamos hasta la última etapa del camino antes de subir al cerro del quemado, subimos en fila y tengo el privilegio se caminar detrás de Edaín, ahí seguimos sus pasos hasta llegar al caracol de piedra que se encuentra en la cúspide del cerro y da inicio la ceremonia, antes se han cortado algunas ramas con las que nos damos una limpia y las dejamos al centro del caracol junto con todo aquello que no afecta y cercena nuestra buena energía, ante la mirada de todos los jóvenes que nunca habían presenciado un ritual de esta magnitud, teniendo como testigo al abuelo fuego (Sol). En lo personal, siento una gran energía, me siento bendecido mientras escucho a Edaín y pretendo entender que es lo que dice. Después de la ceremonia en el caracol de piedra, nos dirigimos al templo que está más arriba, aquí es donde se dejan las ofrendas que en Tanques de Guadalupe se reunieron, se vuelven a sacar los utensilios, se tiende en el suelo el paliacate con las jícaras y Edaìn vuelve a dirigirse a los cuatro puntos cardinales, el híkuri es limpiado con especial cuidado y es comido, mis hermanos se ven satisfechos con el ritual, los veo contentos y con mucho ánimo, acto seguido acudimos a la piedra sagrada de donde la mitología wirrárika señala nació el universo, el sol, la luna, los planetas y todo lo que nos rodea; esta piedra, tiene la forma de un rostro humano con ojos, nariz y boca. El Cerro del Quemado y todo lo que pertenece a los huicholes es custodiado por un wirrárika que lleva un registro de todo el visitante que llega, mismo que se encarga de cuidar las ofrendas por un año o tres meses, tiempo en el que es reemplazado por otro huichol que aprovecha para elaborar artesanías que se ofertan a los visitantes. Considero todo lo vivido una oportunidad única que me enriquece como individuo, la experiencia me conduce a vivir más de cerca las tradiciones que me son inherentes en mi calidad de nativo de esta tierra, reconozco profundamente, el valor de los elementos naturales sobre todo para lograr la permanencia de las ceremonias y ritos ancestrales, por último, agradezco desde la cima, el regalo de la vida, el privilegio de ser universitario y la fortaleza para sortear con éxito, los retos personales y profesionales que vienen. Agradezco a mis hermanos wirrárikas por compartirme su cosmogonía y la posibilidad de aprender de ellos. MUCHAS GRACIAS. ■

*Integrante del Consejo Mundial para la
Defensa de los Derechos Humanos
[email protected]

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