Viaje

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La Gualdra 290 / Río de palabras

Siempre me la paso de viaje, aprovecho el menor de los descuidos laborales, aquello que llaman asueto o vacación… y patitas para qué las quiero. Desde pequeña me gustó lo desconocido. Esta afición o enfermedad por los viajes me vino desde pequeña. Sí, una vez que salimos toda la familia, no teníamos carro, qué esperanzas, en aquellos tiempos eran muy caros, bueno también ahora, pero como que ya es más fácil comprarlos, si no cómo se explica que haya tantos por ahí circulando. Bueno, pero ése no es el punto, el punto es lo de los viajes. Cuando era pequeña, mi papá nos llevó un día a conocer a sus padres, en su pueblo, allá donde decía que diosito perdió su huarache. Para ahorrar tiempo mi mamá se subió a apartar lugar y luego uno por uno nos fue subiendo a mí y a mis hermanos por la ventana del autobús, nos hemos de haber visto muy chistosos; qué lástima que no había teléfonos y menos con cámaras como los de ahora. Efectivamente fue ahí donde me empezó el gusto por la viajadera. Todavía me acuerdo la sensación del movimiento en la carretera, ver los paisajes corriendo como locos para que no pudiéramos verlos. Mi mamá nos decía que no nos asomáramos para no marearnos, mi hermano mayor hasta se vomitó; pero yo no, a mí no me pasó nada. Fue cuando mi papá le dijo en tono bajo: mira salió buena para los viajes; y mi mamá se me quedó viendo como resignada. Y de ahí para el real. Ya ve ahora estoy aquí en la central esperando ver a dónde me apunta el huarache. El chiste es viajar, no importa a dónde, irse para no sentirse tan solo, para que no la alcancen a una el peso de los años.

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