Taxis versus Uber

Taxis versus Uber

Son cada vez más frecuentes las protestas de taxistas contra la operación de la empresa Uber, pues según su propio decir, han bajado las solicitudes de servicio en 50 por ciento, a partir del establecimiento de dicha compañía en la Ciudad de Zacatecas.

Las medidas que este sector ha tomado en contra de su competencia, se han endurecido. Las manifestaciones han sido frecuentes, varios vehículos portan calcomanías con la leyenda Fuera Uber, se interpuso un amparo en la justicia federal, e incluso se habló de una cacería anti ubers.

La demanda es terminante; buscan la prohibición de Uber en la ciudad.

Independientemente del nivel de cohesión entre taxistas, de lo duro de su posición, o de su capacidad negociadora, parece imposible que obtengan el resultado que buscan.

Por principio, no es la primera vez que el gremio de taxistas intenta sacar del mercado a esta compañía. Así ha sucedido casi en todas las ciudades donde el servicio Uber ha entrado en funciones, y hasta ahora la empresa ha salido bien librada de cada batalla porque seguramente tiene despachos de abogados especializados en el tema y encargados de entrar en acción ante estas medidas legales que ya deben resultarles hasta rutinarias.

También porque justamente el éxito de esta empresa ha radicado en encontrar los vacíos legales que le permitan operar. El más grande de ellos es el de poder escapar de la definición de transporte público, y por tanto, también evadir las reglas que ese nombramiento conlleva.

Lo hacen asumiendo que los vehículos que dan el servicio son unidades particulares conducidos por particulares, a quienes no se les dan prestaciones ni salarios como tales, porque no son empleados, sino socios -cuando se trata del dueño del vehículo- o en todo caso, son choferes contratados no por la empresa, sino por el dueño del auto.

De esta manera, los vehículos Uber viven en el constante vaivén entre ser automóviles de servicio privado y ser vehículos de transporte de pasajeros. Por lo cual hasta ahora no se han visto obligados a cumplir con todas las reglamentaciones a las que están sujetos los taxistas, como portar uniforme, tener los vehículos pintados de cierta manera, e ir a los cursos que los obliga la dirección de tránsito.

Los taxis además suelen tener que lavar la unidad en cada cambio de turno, o cuando menos cada día, además de que sus tarifas están controladas y no pueden modificarse aunque haya mucha demanda o mal clima (aunque no siempre se cumple esto).

Sin embargo, nada de esto parece ser importante para el usuario, porque ello no representa una diferencia significativa en la calidad del servicio.

El usuario en todo caso está interesado en tener una forma de identificar al conductor por asuntos de seguridad o por el extravío de cosas y hasta para poder ubicarlo a su llegada. También quiere saber cuánto tiempo tendrá que esperar para que el vehículo llegue por el, así como el tiempo de traslado, la ruta que seguirá  y la tarifa que tendrá que pagar por ello.

A todo esto ha sabido dar respuesta Uber, y en ello ha radicado en buena medida que los usuarios de cierta edad y nivel socioeconómico lo prefiera. A esto hay que sumar la posibilidad de pagar con tarjeta de crédito y facturas al instante.

No puede menospreciarse también, que en ocasiones sus tarifas son más bajas que los taxis, y esto se explica por varias razones, entre ellas el que no están obligados a pagar concesiones, o a lo reciente de las unidades automotrices que se manejan, lo cual les hace tener más rendimiento de gasolina y menos reparaciones.

El conductor Uber también tiene algunas ventajas sobre su par taxista, pues también tiene identificado al pasajero, sabe más o menos cuánto ganara en el viaje, e incluso tiene la posibilidad de cobrar más si hay tarifa dinámica.

El dueño del vehículo uber, a diferencia del concesionario de un taxi, tiene más control sobre su conductor, pues sabe en donde está en cada momento, le es posible saber el recorrido que hizo, el número de viajes que realizó y hasta cuánto dinero obtuvo por ello.

Todas estas posibilidades las ofrece la aplicación de Uber, que permite que con un smartphone pueda solicitarse el servicio. Es esa la principal diferencia que deja en desventaja a los taxistas en la competencia.

Hasta ahora, la salida que los taxistas ha sido la salida de Uber, cosa que se antoja difícil y que además no garantizaría que no llegara otra empresa similar como Cabify.

El gobierno por su parte torea a unos y a otros, y pareciera conceder la razón a quien más ruido genera.

Lo más deseable sería emparejar la cancha y establecer “piso parejo” estableciendo las mismas obligaciones para ambos servicios y quizá contribuyendo en la organización de los taxistas, y en el diseño y funcionamiento de la app, que hace la distinción.

Finalmente, unos y otros están tratando simplemente de ganarse la vida. La obligación mínima gubernamental sería procurar el mejoramiento de las condiciones de ambos, y la igualdad de las mismas para que se diera la competencia en este libre mercado que tanto les gusta ■

 

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