Su gato

Su gato

La Gualdra 290 / Río de palabras

Le digo que podría quedarme a vivir aquí toda la vida. Se detiene un instante y me mira. Eso suena más a amenaza que a promesa, dice. Deja caer la toalla y se viste. Ni muy lento ni muy aprisa. Yo admiro su cuerpo, y me parece que los kilómetros de sensualidad que la habitan es lo más hermoso que me pudo suceder en la vida. Luego que está completamente arreglada, se larga no sin antes advertirme que no me olvide de darle de comer al gato. Todos estos días el gato no ha hecho más que arañarme y morderme. Lo sé, tiene celos de que yo duerma con su humana. El imbécil parece más perro que gato. De repente, lo escucho maullar y arañar la puerta que da a la calle. Me levanto para abrirle y cuando abro descubro un par de cosas: quiero suponer que se ha resignado a la convivencia porque me mira fijamente, como si estuviera haciendo las paces; y dos, el pinche émulo de Garfield ha llevado un pájaro de buen tamaño, como presente, supongo. Me agacho y recojo el cadáver para tirarlo a la basura. El gato entra como si nada y se tira en el sillón.

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