La crisis de la iglesia, la democracia y las instituciones

La crisis de la iglesia, la democracia y las instituciones

Los graves desafíos que enfrentamos, no han perdonado ni siquiera a la institución más antigua de nuestro mundo, los problemas que ha ido enfrentando son tan graves que no se pueden disimular, además tiene lugar en el marco de aceleradas mutaciones que trastoca como nunca antes los vínculos con los individuos, las costumbres, la autoridad y la fe.

Esta crisis no es limitativa para la iglesia, corre parejo con muchas instituciones en este planeta, la democracia sufre profundas fracturas internas; nuestro sistema de igualdad política ha profundizado las desigualdades en los últimos años. Los gobiernos a lo largo y ancho del planeta han generado una importante desconfianza al no ofrecer soluciones sociales adecuadas.

Aunque la democracia para que funcione sienta sus bases en la legalidad, la legitimidad parece estar más distante, el sistema hace parecer que los gobernantes ya no representan los intereses de los gobernados.

En últimos días he reflexionado sobre el papel de la Iglesia en la prosperidad de los pueblos, sin duda es la fe la que mueve al hombre, la fe en la iglesia o en las instituciones o la fe en algo; incluso he llegado a pensar, que los países más desarrollados llegaron hasta allá gracias la religión que determinó su composición social y cultural. La religión tiene una incidencia fundamental en las características de las naciones, incluso cuando la población deja de ser practicante.

Se han preguntado, ¿por qué los países escandinavos e Islandia encabezan todos los rankings mundiales? Ya sea criterios de bienestar, equidad, libertad o de corrupción, parece que encontraron la fórmula del éxito.

Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia son una región geográfica y cultural del norte de Europa, donde el Estado de bienestar no deja de ser un gran pacto social entre capital y trabajo, entre socialdemócratas o social cristianos. Los países nórdicos tienen un pacto que está unido a una ética protestante que se plasma en la ética del trabajo y de la responsabilidad favorable a la generación de riqueza.

En cambio, en el sur de Europa, la religión católica  se vincula más a la limosna y a la beneficencia, la ética ha sido otra y parece tener diferencias o no asociación con el capitalismo; últimamente, en estas sociedades las expectativas se han depositado en la multiplicación de los bienes de consumo o en las sorpresas de las innovaciones tecnológicas y el espacio para un mensaje espiritual católico está restringido, a ello le aunamos el desprestigio institucional.

Aunque la religión no ha sido el único factor para obtener los resultados sociales tan buenos para los nórdicos, hay que tener en cuenta que son poblaciones pequeñas, eso permite que haya una gran homogeneidad.

Max Weber, en su clásico “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, explicó como el protestantismo, impulsó el desarrollo del capitalismo, es un credo que sacó a la religión de los monasterios y le dio un carácter religioso al trabajo y a la creación de la riqueza, por tratarse de formas de engrandecer a la comunidad y así engrandecer la obra de Dios. Así se gestó una disciplina y una ética del trabajo difícil de encontrar en las naciones católicas, no hay que perder de vista la visión reformista de Lutero, que pretendía transformar para bien la institución católica, y terminó excomulgado, que dio origen al protestantismo, a la divergencia.

Hoy tenemos que tener muy presente que estamos enfrentando grandes desafíos, guerras, batallas que debemos librar. La guerra que hoy tenemos encima, se gana o se pierde en casa. Se gana si logramos reaccionar a la desintegración moral e intelectual en la que hemos caído, pero se pierde si dudamos de nuestros valores y de nuestra civilización ético política.

Para mitigar las crisis institucionales internas y confrontar la modernidad en vertiginoso cambio, es importante poner en el centro de las discusiones los problemas que enfrenta la sociedad, atendiéndolos de manera corresponsable y colaborativa con sus respectivas líneas políticas y culturales que nos permitan dirigir por buen camino a la sociedad. La crisis de la iglesia, la democracia y las instituciones, son globales, debemos entender el rol que le toca jugar a cada actor, se trata de construir, no de romper, se trata de reformar el sistema, no de tirarlo, las Instituciones si importan, y las Instituciones son el reflejo de la sociedad. ■

 

*Titular de la Coordinación Estatal de Planeación

 

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