Nombrar no es lo mismo que estereotipar

Nombrar no es lo mismo que estereotipar

El lenguaje es un instrumento a través del cual se fortalecen las maneras de percibir y construir una realidad, de ordenarla. Actúa como una forma de representación de las cosas y, por lo tanto, moldea el pensamiento y el actuar. A través del mismo se nombra o se interpela; pero también en este proceso se puede estereotipar o estigmatizar.

Nombrar, en términos generales, implica hacer mención de alguien o de algo y envuelve en sí mismo la forma como se percibe una realidad. Esto significa que el lenguaje puede servir como instrumento de reconocimiento de una realidad o bien puede ser un medio de discriminación. La diferencia entre ambos estriba en la acción de asignar una carga valorativa que implique un daño en el ejercicio de algún derecho.

Uno de los mecanismos por los cuales se construyen las diferencias entre las personas -o grupos de ellas- es a través de los estereotipos, porque categorizan. En muchas ocasiones éstos conllevan diversos tipos de discriminación y de violencia. Estereotipar es el proceso de atribuirle a un individuo características o roles únicamente en razón de su pertenencia a un grupo particular; implica hacer generalizaciones basadas en ideas relativas a los atributos de las personas.

Puntualicemos: un estereotipo es reiterativo, homogeneizador, convencional y perjudicial porque asigna etiquetas o estigmas. El término fue utilizado en las ciencias sociales en 1922, cuando Walter Lippmann hizo referencia a este concepto para explicar la manera como las personas poseen un preconcepción sobre otras como si fuesen “reimpresiones de un molde”. Por ello, estereotipar implica describir creencias sobre atributos, roles y comportamientos de las personas para definir o explicar la diferencia entre unas y otras.

Otro término comúnmente relacionado con el estereotipo es el estigma. Este último fue utilizado por primera vez en 1963, por el sociólogo Erving Goffman, para hacer referencia a la condición, atributo, rasgo o comportamiento que hace que la persona señalada sea asignada a una categoría social comúnmente negativa y por ello es rechazada, discriminada o violentada.

Ahora bien, los estereotipos por motivos de género simbolizan la construcción social de las diferencias físicas, biológicas, sexuales y sociales tanto de hombres como de mujeres. Las identidades condicionadas por el género se piensan en términos de lo que significa lo femenino o lo masculino: “las mujeres son tiernas, sumisas, amas de casa, madres, bellas, pacientes, pasivas, delicadas, dependientes, sensibles, objetos sexuales; los hombres son trabajadores, fuertes, jefes y proveedores de la familia, agresivos, violentos, etc.”

Es importante decir que los estereotipos de género son generalizaciones que  crean y reproducen un imaginario colectivo y, en el caso de las mujeres, representan en muchas ocasiones diversas formas de discriminación y de violencia, porque ignoran las necesidades, habilidades, circunstancias y deseos de las mismas: “seguramente esa mujer llegó a la dirección porque tuvo algo que ver con su superior jerárquico”. Por ello, generan un impacto negativo en la capacidad que tienen las mujeres para crear sus propias identidades, de construir y tomar decisiones sobre sus proyectos de vida.

En muchas ocasiones, con base en estos estereotipos se asignan etiquetas: “esa mujer que prefiere trabajar a dedicarse al cuidado de los hijos es mala madre” o “a las mujeres les gustan los piropos”. Y, con base en dicha aseveración se activan una serie de mecanismos sociales para sancionar dicha conducta o para violentar a las personas.

En ese sentido es importante decir que todas las autoridades tenemos la obligación de hacer frente a la persistencia de los estereotipos basados en el género que afectan a las mujeres. Nuestra responsabilidad es nombrar, explicar y erradicar la discriminación por género; ello no implica que no se nombren y expliquen las diversas problemáticas sobre desigualdades entre mujeres y hombres, ya que es nuestra obligación identificar una problemática y generar acciones concretas para erradicarla.

Permítanme ejemplificar, no es lo mismo decir “los adolescentes son drogadictos”, “los adolescentes se drogan” a “los adolescentes pueden estar mayormente expuestos a la drogadicción” o “se ha encontrado que va en aumento el uso de drogas en los adolescentes”. Estas expresiones no conllevan una misma carga valorativa, una cosa es estereotipar y/o estigmatizar, la otra identificar un problema.

Reconocer necesidades, habilidades, circunstancias, deseos o problemáticas  sociales no es una tarea fácil porque, para comenzar, hay que nombrar. La capacidad de eliminar un problema depende, en primer lugar, de la posibilidad denominarlo, reconocerlo, para posteriormente prevenirlo y atenderlo. Nombrar es una herramienta importante para explicar sus implicaciones, para promover la conciencia colectiva y la acción concreta. Una de las primeras instrucciones que se han girado en este Gobierno estatal es reconocer las problemáticas que afectan el ejercicio de los derechos de las mujeres y con base en ello realizar acciones concretas para reducir las brechas de desigualdad de género. ■

 

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