Las tres verdades que el plan de prevención del delito de Tello debería de contemplar

Las tres verdades que el plan de prevención  del delito de Tello debería de contemplar

Tom Gash publicó Criminal en 2016. Gash explica que en el estudio del crimen se han impuesto dos visiones sobre cómo entender sus causas. El primero de estos paradigmas es titulado “heroes y villanos”. Bajo este marco de razonamiento, la mejor manera de prevenir el crimen por parte de los héroes (las autoridades) es imponer sentencias más severas a los villanos (los delincuentes). El segundo paradigma de Gash es “víctimas y sobrevivientes”. Con base en este último, el crimen es entendido no como una decisión egoísta sino como el resultado de circunstancias personales adversas.

Las estrategias de prevención de la violencia en México se han desarrollado, mayormente, tomando como referencia la visión de víctimas y sobrevivientes. Uno de los ejemplos más recientes es el plan para la prevención del delito que el Gobernador de Zacatecas, Alejandro Tello, presentó la semana pasada. Este nuevo – pero no por ello moderno – plan para prevenir la violencia tiene cuatro ejes principales; el desarrollo urbano, un ámbito psicosocial, un ámbito deportivo y cultural y un componente de reforzamiento de la seguridad pública.

En resumen, la estrategia – en su mayoría –  busca cambiar el entorno de las personas, atender los factores de riesgo que los pueden llevar a delinquir y así lograr disminuir la delincuencia en el estado. ¿Funcionará? Es difícil de responder, lo que si podemos decir es que este tipo de estrategias atacan ciertos aspectos que no necesariamente tienen un efecto causal en el nivel de la delincuencia. Por ende, se trata de programas bien intencionados que no necesariamente lograrán su objetivo y menos en un tiempo tan corto como el propuesto (se espera tener resultados en ocho meses).

De hecho, Gash explica que el basar el diseño de las políticas que buscan prevenir el delito en estas visiones tiene resultados desalentadores. Es tiempo, dice Gash, de desarrollar nuevas formas de pensar que nos ayuden a entender de mejor manera los peores aspectos del comportamiento humano. Para ello, el autor recomienda tener en cuenta tres grandes verdades sobre porque las personas podemos llegar a delinquir.

La primera de las tres verdades – o en este caso recomendaciones para nuestras autoridades – es tomar en cuenta el poder de la oportunidad. Aunque la estrategia de Tello menciona muy brevemente el aumento en el patrullaje y la instalación de cámaras de vigilancia (CCTV), parece ser que no se le está prestando el énfasis necesario a reducir las oportunidades para que las personas cometan un delito. Es decir, no es suficiente pensar en las motivaciones humanas para delinquir, se tiene que tomar en cuenta que condiciones específicas del entorno facilitan la comisión de delitos (Gash, 2016). Si bien mejorar las calles y el entorno de colonias con altos índices de criminalidad es loable, lo que se debería de hacer para lograr resultados más rápido es saber dónde se está delinquiendo y aumentar la dificultad de llevar a cabo cada crimen. ¿Es una cámara o el mejoramiento de un parque suficiente? Probablemente no.

La segunda sugerencia propuesta por Gash es no sobreestimar nuestra capacidad de razonar. Desde que Gary Becker publicó su estudio crimen y castigo, se piensa que la decisión de cometer un crimen o no, será tomada contrastando el peso de la condena ponderado por la probabilidad de ser detenido contra la ganancia esperada. Resulta difícil imaginar a un delincuente haciendo operaciones aritméticas antes de decidir si cometerá un crimen o no. Por tal motivo, incluso cuando se instauren estrategias cuya implementación aparentemente nos llevará de un punto a otro, es importante considerar la irracionalidad que existe en la realización de cada uno de los delitos. Después de todo, si fuéramos meramente racionales, ante un sistema con un alto grado de impunidad, cualquiera decidiría cometer un delito y aun así la mayoría decidimos no hacerlo.

La tercera y última recomendación – especialmente importante en un estado con un alto nivel de deuda y bajo un programa de austeridad – es no olvidar la belleza de las cosas pequeñas. Por ejemplo, sabemos que la primera semana de libertad de un ex recluso es el periodo de tiempo más importante para determinar su reincidencia. Si es así, resulta útil preguntarse en qué vale más la pena gastar; en encarpetar calles para prevenir el delito o en crear programas de acompañamiento a ex reclusos durante un periodo limitado.

Recordemos que un gran cambio en la realidad de nuestro estado no requiere una política pública monstruosa, cara y generalizada. Podríamos lograr más con un plan bien pensado, focalizado y práctico. Combatir el crimen no es equivalente a hacer un pastel, no podemos seguir una receta estándar. ■

 

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