Del poema ‘El libro de Job’ [Selección]

Del poema ‘El libro de Job’ [Selección]
Léon-Joseph Bonnat. Santo Job (1880), Museo del Louvre, París

La Gualdra 286 / Notas al margen

gimel
(visitación de Lucifer)

he aquí que soy hijo de Dios y no de hombre
que a tu lado me he sentado a comer el pan de los dolores

¿no eres tú también mi padre
aunque tus manos me ofrezcan relámpagos
y tus brazos tempestades?

¿no soy tu hijo yo la primera de tus flamas
aunque me arranques la comida de los dientes
y persiga a tus hijos con el filo erguido de mi sangre?

heme aquí ante tus innumerables ojos
que he venido a mostrarte a un justo entre los justos

su corazón late como el fuego
y arde en su cabeza una rebelión de potros

sus brazos llevan la brida de un volcán
y si sus ojos se mantuvieran abiertos
nadie podría llenar de sueño las noches

hijo de madre heredero del polvo
de aquella estirpe que moldeaste
con el martillo de la desdicha

padre mío tu ángel más cercano
el ladrón del fuego de tus ojos
ha venido a exhibir a ese trozo de barro

ahora dame de tus manos el puño
de tus dientes cogeré la mordida

yo buscaré a ese hacedor de cánticos
a esa figura de fango que te nombra

conocerá el dolor de tus hijos
de boca del más sabio y adolorido entre ellos

me sentaré a su mesa y le compartiré de mis llagas
le desanudaré las venas para desbocarle el ánima

y besaré sus heridas con esta boca tuya
que me has dado para tú guardar silencio

 

hei

 

Te quiero, es decir: te necesito. Que también quiere decir: me dueles. En tu corazón hay una ciudad en llamas. Un lugar donde todas las piedras son zafiros, y sus terrones están llenos de oro. Una ciudad sitiada por mis tropas. Un ejército de pájaros blancos se acerca a tu muralla. Mi agua resultó inundada por tu fuego. ¿Dónde estás? ¿Por qué vienes a mí y no te veo? El abismo de la tierra dice: no está dentro de mí, y el mar afirma: ni conmigo. Cómo conocerte, dónde atravesar tu herida con mi espada, si has escondido tu silencio tras las fauces de Leviatán. Dime si tu cuerpo es lo que busco, o sólo el presentimiento de tu cuerpo. O dime si no es tu cuerpo ni el presentimiento, sino la callada melancolía de no hallarte, lo que me tiene confundiendo tu nombre. Amor. O será tu cuerpo un templo, o piedra tu piel y la sabiduría sólo una palabra. Entonces me has perdido. He levantado tantos templos y lanzado tantas piedras a los ríos. Ya voló la sabiduría como se fueron, entre tus entrañas, incendiados, aquellos pájaros blancos de mis venas.

 

 

vau

si mi cuerpo es el templo de tu nombre
por qué maldices mis huesos y tendones

si mi cuerpo es el palacio de tu aliento
por qué soplas inclemente contra mi barca

si mi cuerpo es el castillo de tu orgullo
por qué te avergüenzas de mis carnes miserables

dime hijo de la Nada
por quien todo fue hecho

si mi cuerpo es el tuyo a imagen y semejanza
por qué te empeñas en cubrirlo de podredumbre

habla hijo del Silencio
entra al templo que soy y escúchate

inclínate ante ti y respóndeme
el eco del dolor rasguña mis paredes

dime padre de la primera luz
¿y si yo tomara tu mano para asesinarme
me la darías?

respóndeme eyaculador de la primera sangre
¿me darás la llave para abrir la puerta de tu madre?

por qué no dejar a la Nada vivir entre nosotros
si el Silencio está tan solo y tú hijo de su cópula

sólo sabes hacer muñecos de barro
para alimentar a los gusanos

dime hijo mío
¿ahora que soy Nada podrías venir
y acomodarme el Silencio sobre los labios?

yod

Dios llora
porque nada
le duele
nada.

 

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