Apprentice, de Boo Junfeng, una denuncia que abofetea al espectador

Apprentice, de Boo Junfeng, una denuncia que abofetea al espectador
Fotograma de Apprentice ■ FOTOS: CORETESÍA

■ El filme presenta la postura de guardianes y verdugos sobre las ejecuciones a reos de una cárcel de alta seguridad

■ Creador contactó a gente durante dos años para entender sus puntos de vista y salir de la zona de confort

Tras Sandcastle, presentado en la selección oficial de la Semaine de la critique en 2010, Boo Junfeng, realizador singapurense de 33 años, vuelve a Cannes con un segundo largometraje: Apprentice, esta vez en competición oficial de Un certain regard en el 69 Festival de Cannes.

Apprentice es un drama psicológico que orquesta la doble fascinación de Aiman (Fir Rahman), un guardia de prisión solitario, por Rahim (Wan Hanafi Su), el verdugo de la cárcel donde trabaja.

La trama de la historia es sencilla: Aiman trabaja en una cárcel de alta seguridad. Rahim, el verdugo y jefe del recinto acompaña a los condenados a muerte en sus últimos días. Rápidamente toma bajo su protección al joven Aiman y le enseña los entresijos de la profesión. Éste se muestra un discípulo muy aplicado pero su conciencia y sus verdaderas motivaciones se nos desvelan poco a poco a lo largo de la película.

Este no es el típico filme carcelario, no se centra en la vida de los presos sino que da protagonismo a la de los guardianes y los verdugos. Con 5.3 millones de habitantes, Singapur tiene una de las tasas de ejecución capital por habitante más elevada del mundo, con unos 420 detenidos ahorcados entre 1991 y 2004, según datos de Amnesty International. El director nos sumerge pues en este mundo en el que la muerte no tiene nada de excepcional y nos proyecta frente a los que la ejecutan.

“La pena de muerte es un tema importante en varios países pero el punto de vista del verdugo está poco explorado. Tenía curiosidad por saber lo que pasa en el momento de la ejecución y como sería la historia desde este punto de vista”, afirmaba el director en una entrevista para Cannes.

Boo Junfeng describe el complejo oficio de verdugo, mostrándonos, a través del joven aprendiz, un retrato extremadamente ambiguo e incómodo de este trabajo. “En muchas cárceles no se preocupan por la longitud de la cuerda, dejan sufrir a los ahorcados colgados de la cuerda durante 30 minutos hasta que se vuelven morados. Aquí nos preocupamos por ellos y les evitamos el sufrimiento. Somos humanos”, replica el verdugo ante la escucha atenta de Aiman y a la vez la del espectador, perplejo ante estas palabras. En esta cárcel parece que el verdugo sería el que convierte lo peor en menos peor.

Las imágenes, las palabras o la ausencia de ellas, los ruidos, las descripciones, la música, las explicaciones técnicas de las ejecuciones crean una verdadera angustia en el espectador que se vuelve el acompañante del reo por ese último pasillo que separa la vida de la muerte.

“Durante mis búsquedas para la escritura del filme tomé conciencia de que había vivido la ficción visceralmente a través de las ficciones de los demás –las películas que había visto o los libros que había leído. No quería que las escenas de mi película se inspiraran únicamente de esto. Necesita que provinieran de la vida verdadera. Entonces durante dos años contacté a gente, entendí sus diferentes puntos de vista y probé cosas fuera de mi zona de confort”, aseguraba Boo Junfeng en conferencia de prensa. Sorprendente película de denunciación que abofetea al espectador.

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