Glotonería Sociedad Anónima

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Quizá no me enseñaron a comer, es decir, nunca tuve un instructor que me guiara por el sendero de la comida, que me expusiera a los sabores y los aromas de las diferentes cocinas del mundo, que me impulsara a experimentar y atreverme a probar bocado sí y bocado también cualquier tipo de guiso.

Hay infinidad de cosas inútiles que se nos enseña en la escuela y otras que de verdad nos servirían para enfrentar la vida, quedan fuera de los programas. Ojalá que nos enseñaran a administrarnos, a cómo llevar nuestra contabilidad ante el sistema tributario (?), ojalá que nos enseñaran a construir relaciones personales más sanas y cariñosas. Estoy seguro que si en nuestra educación elemental estuviera incluida la comida, el descubrimiento de los sabores, seríamos mejores personas.

Pero no se confundan, saber comer no tiene nada que ver con las convenciones sociales relacionadas con la presentación de la mesa ni ante la mesa, es decir, que conocer el uso de los artefactos y artilugios: cubiertos, loza, copas, tiempos, no implican que sepamos comer. Por saber comer, es mejor que comprendamos al concepto como un atrevimiento. Una osadía de probar y experimentar sabores y olores hasta que encontremos la combinación que de verdad nos guste. Y luego de encontrarla, ir más allá y buscar otras.

Dicho de otra manera, para saber comer hay que probar sin prejuicios.

En este país tenemos una de las cocinas más diversas del mundo. Hay regiones de la república que tienen gastronomías con prestigio en el ámbito internacional, como la oaxaqueña, la poblana, la yucateca. Cualquiera de nosotros puede buscar una receta en Google o en YouTube y luego ir a un supermercado por los ingredientes. Podemos reproducir la mayor parte de los platillos que se nos ocurran con poco dinero, me consta. En las grandes ciudades del país podemos encontrar restaurantes de cocinas italiana, francesa, china, japonesa, hindú, peruana, argentina, etcétera; además de las cocinas típicas de otros estados. Salvo por el tema económico, habitamos un contexto que nos permite hartarnos de manjares y construir el gusto, que no es otra cosa que el criterio.

A veces, como en muchos aspectos de la vida, lo único que falta es atrevernos a hacerlo. Un día podríamos salir de casa y probar un platillo que nunca hemos probado antes. O podría usted, querido lector, buscar en YouTube una receta sencilla de un guiso que le llame la atención, de preferencia de otro país, cocinarlo y comerlo. A veces hay que hacer cosas que no hemos hecho antes y redescubrir la vida.

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