Un primer paso para regenerar toda la política: participación social

Un primer paso para regenerar toda la política: participación social

La transición democrática mexicana iniciada con la reforma política de 1977 naufragó porque su desarrollo corrió casi paralelo con el proceso de implementación en nuestro país de los principios del llamado “consenso de Washington” y a la postre se demostró que una democracia desarrollada es incompatible con la híper concentración de la riqueza que el modelo neoliberal propicia en todo el mundo. Los miembros de la élite del poder (políticos, empresarios, militares, alta jerarquía eclesiástica y comunicadores) en nuestro país fueron más conscientes que los dirigentes progresistas de que las privatizaciones, el libre comercio, y la pérdida paulatina pero constante de derechos sociales conquistados y del patrimonio nacional, no serían posibles si la competencia entre las distintas fuerzas políticas fueran cada vez más equitativas, principalmente en los debates y confrontaciones ideológicas en los medios de comunicación masiva. Hicieron todo lo posible por evitar la equidad.

Por esa razón cerraron filas ante los fraudes de 1988 y 2006 contra Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador y han afinado sus procedimientos para eliminar el ideal del voto auténtico y generalizar la compra de sufragios, con lo cual han evitado, hasta ahora, que los excluidos, las mayorías empobrecidas y las clases medias, construyan un polo político para impulsar un proyecto alternativo al neoliberal. Pero en lo que han tenido más éxito es en convencer a millones de mexicanos, con distintos y contradictorios argumentos, de retirarse a la vida privada y no participar en los asuntos públicos, especialmente en lo que se refiere a la designación de quienes deben llevar las riendas del poder público, y al debate económico y social. El estribillo “No politicen la crisis económica” repetido miles de veces en relación con la inseguridad, el desempleo, los derechos sociales, etc., empuja a considerar que la política debe reducirse a la emisión del voto, comprado de preferencia. Lo demás, es decir, lo importante debe dejarse a los expertos de los organismos financieros, las agencias calificadoras, etc.

No se requiere mucha erudición ni sagacidad política para entender que la falta de democracia interna en los distintos partidos, mostrada en vivo y a todo color en todos los partidos zacatecanos, contribuye a profundizar su crisis de representación, al alejamiento de las personas de toda actividad partidista y al incremento de la importancia de los padrinos que financian las campañas y terminan capturando segmentos fundamentales del gobierno para utilizarlos para beneficiar sus intereses. Y después vienen las consecuencias inevitables y se completa el círculo perverso que sintetizó el Papa Francisco en su reciente viaje a México: “Cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte”. Por ello es muy rescatable también su llamado a que no nos resignemos y a movilizarnos.

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