Sergio Espinosa Proa

Sergio Espinosa Proa
/// Sergio Espinosa Proa en su estudio. Foto de Andrés Espinosa.

Del Saber de las musas. La filosofía y el fenómeno-arte

[13o. Premio Internacional de Ensayo 2015]

“El arte no está hecho para ser entendido. Pero tampoco para entregar a la percepción sensible la majestuosidad del Infinito y mediante la imaginación creadora asegurar nuestra sujeción. El arte es el deseo de fijar una imagen tan poderosa y tan verdadera, una imagen tan absoluta y tan real que sobrevivir a ella viene a ser francamente lo de menos”.

Sergio Espinosa Proa, “El arte como abismo: J. M. W. Turner”,

en Del Saber de las musas. La filosofía y el fenómeno-arte, p. 199.

Correggio. Noli me tangere. Óleo sobre tabla. 1518. Museo del Prado. George Frederic Watts. Orfeo y Eurídice, 1875.

 

Janea Estrada Lazarín: ¿Cómo recibiste la noticia del premio?

Sergio Espinosa Proa: Una mañana de noviembre del 2015, me habló Jaime Labastida para notificarme que había resultado ganador. Yo todavía estaba dormido, así que de principio no le creí hasta que me dijo: “No le digas a nadie todavía porque hay que esperar a que se haga oficial, queremos hacer el aviso formal hasta que esté impreso el libro”. Así que me aguanté y sólo le dije a mi familia. Labastida estaba feliz porque el premio se quedara en México, porque con el mío son sólo dos los que se han otorgado aquí, los otros once se han quedado en el extranjero.

 

JEL: El libro Del Saber de las musas. La filosofía y el fenómeno-arte, es un compendio de ensayos obre filosofía del arte, en el que hablas lo mismo de Baudrillard, que de Adorno, Danto, Benjamin, Cage, Schelling, Turner… ¿cómo es que fue concebido?Sergio Espinosa Proa. Foto de Juan Manuel Bonilla S.

SEP: Todos fueron escritos para exposición, para discusión pública, hechos para seminarios, diplomados, cursos… El libro reúne 22 ensayos realizados desde el 2012 hasta el primer semestre de 2015. Son textos que no son de divulgación, aunque están hechos para explicarse, para entenderse; de entrada están dirigidos a un público que está interesado en el arte, para artistas –pintores, músicos, bailarines, fotógrafos-, académicos del arte y de la filosofía, para críticos y espectadores.

JEL: Entiendo entonces que el libro no está dirigido sólo a los interesados en artes plásticas, sino que considera todas las manifestaciones artísticas…

SEP: Cierto, es filosofía del arte con un cierto énfasis en la pintura. Para ejemplificar me baso en dos cuadros, uno de Correggio, Noli me tangere, que es donde está Magdalena con Jesús; y el otro, un cuadro de Watts, Orfeo y Eurídice. El movimiento de estos dos cuadros es simétrico y lo utilizo para ejemplificar la hipótesis filosófica sobre lo que hay en el arte. El otro cuadro que está muy presente es el de Turner, Tempestad en la nieve, un cuadro maravilloso; Turner, como Ulises, se hizo amarrar en el mástil de un barco para poder experimentar la tormenta… el título completo del cuadro es la explicación de por qué y cómo pintó eso; éste es otro cuadro que utilizo como referencia, como ejemplo de una idea filosófica.

JEL: Eso en cuanto a pintura… ¿y qué hay de la música, la poesía, el teatro? ¿Cómo son abordados?

SEP: La música también está como eje. La perspectiva de los ensayos es básicamente trágica… uno podría pensar que por lo mismo el teatro es lo que va a estar marcando todo; hay por supuesto referencia a Luigi Pirandello, a Beckett… el peso mayor de los ensayos está en la pintura, la música y la poesía. En la música está John Cage; en la poesía retomo a César Vallejo –un referente secreto porque es el que más me impulsó, es un espíritu barroco y atormentado-; la perspectiva desde la que yo abordo la filosofía del arte tiene mucho de Vallejo, de Rilke y de Fernando Pessoa. También abordo a Baudelaire, quien realiza en “Las flores del mal” un himno a la música, donde la compara con un oleaje… aquí sí me detengo un poco para analizar cómo un poeta siente y experimenta la música.

 

JEL: ¿El trasfondo es el desarrollo histórico y social del arte en estos ensayos?

SEP: Sí es el trasfondo, pero el libro no tiene una secuencia cronológica. El primer ensayo es sobre las musas en el pensamiento y griego y de ahí me paso a Baudrillard, quien tiene toda una teoría sobre la ilusión estética con la que no estoy de acuerdo del todo, pero trato ahí de justificar mi desacuerdo con él. La aportación de Baudrillard es muy refrescante, pero el análisis que hace del sistema del objeto lo extiende al objeto estético, al objeto artístico, y yo creo que sí hay una especificidad. Todo el libro intenta mostrar esta especificidad de la obra de arte independientemente de que ésta haya sido reconocida o no, del precio, etc. De Baudrillard paso a Danto y su posición académica sobre el fin del arte, una mezcla curiosa entre Hegel y Wittgenstein, cuya hipótesis teórica considero es bastante endeble. Más que una cuestión cronológica histórica lo que pretendo es seguir las nervaduras de una discusión actual; porque de Danto me paso a analizar a Adorno, quien detestaba, por no decir aborrecía, la institucionalización del arte, la industria de la cultura…

 

JEL: Bueno, pero son dos cosas distintas, hay que distinguir entre el arte y la industria cultural ¿cuál era la posición de Adorno ante este tema?

SEP: Si, tal vez ésa sea la confusión… En el caso de Adorno, él en los años cuarenta estaba muy cerca de la formación de la industria cultural norteamericana y hace una crítica incisiva y brutal de la misma. En el libro confronto las posturas entre Danto y Adorno y hay otro capítulo en el que hablo de Adorno y Benjamin… a partir de ahí se abre la posibilidad de proponer una hipótesis personal.

 

JEL: ¿Cuál es esa hipótesis?

SEP: Es una hipótesis teórica, filosófica e histórica, hay algo que conservo de la teoría crítica y que es la que más ha perdurado. En el caso de Benjamin, la idea del aura, y la percepción instantánea de una lejanía, la obra en la perspectiva de Benjamin se podría decir que refulge lo sagrado; lo sagrado es parte de la hipótesis pero desvinculado de su administración religiosa, dentro de sistemas de creencias como religiones constituidas… un sagrado no religioso es lo que está en la obra de arte. Benjamin le llama aura, Adorno le llama enigma…

 

JEL: ¿Y tú cómo le llamas?

SEP: No me gusta aferrarme mucho con el término, pero yo juego mucho con la idea de lo real, que no es la realidad.

Turner. Tormenta de nieve en el mar, barco a vapor ante la entrada del puerto, 1842. Gallery Tate.

JEL: Entonces, en una obra de arte hay que identificar eso que unos laman aura, otros enigma… tú dice que lo real, que no la realidad. ¿Podríamos clarificar esos términos?

SEP: Es difícil formularlo con pocas palabras… pero creo que justamente lo que hace la obra de arte es permitirte distinguir estos dos órdenes. Vamos a decirlo así: Lacan tiene una distinción entre tres órdenes o registros, que sería el real, el imaginario y el simbólico. Para Lacan lo real es absolutamente in-imaginable e in-simbolizable, es diferente a lo imaginario y lo simbólico; entonces podemos decir que la realidad está constituida por una exigencia de sentido que viene a su vez del imaginario y del simbólico. Lo real queda fuera de esas operaciones de simbolización y de imaginarización.

 

JEL: Y en una obra de arte está lo real, no la realidad…

SEP: Lo real es lo que prevalece, ésa es la hipótesis. Pero también podemos decir que es el ello, que en términos freudianos es la presencia del ello; tomando en cuenta que hay un súper yo, un yo, y un ello. Entonces es el lugar de lo real, el lugar de lo sagrado, es el lugar del enigma, del aura, es el lugar desde donde hablan las musas, es el ello.

 

JEL: Eso en cuanto a la obra de arte, pero ¿cómo analizamos eso en cuanto al artista se refiere?

SEP: En el caso del artista, es el yo el que prevalece la mayor parte del tiempo. Es cuando tú dices: este artista me gusta pero tiene algo que no acaba de convencerme… ah, pues es el peso del yo, está anteponiendo el peso del yo a la obra y es lo que la hace desmerecer.

 

JEL: Demos entonces ejemplos del ello en algunos artistas y obras.

SEP: La obra de John Cage es puro ello. Duchamp es ello también. Alguien profundamente súper-yoico, es Bertolt Brecht. En pintura podemos ver el ello en todo su esplendor es en la obra de Cézanne y de Turner, los dos son pintores elloicos. Un pintor muy yoico es Cuevas…

 

JEL: Entonces en un artista podemos observar estos tres niveles, pero hay que identificar cuál en todo caso es el que prevalece… hablemos del caso de Francisco Goitia, por ejemplo de su cuadro Los ahorcados…

SEP: Exacto, y para eso se necesita no tanto una teoría, sino el desarrollo de una empatía, sensibilidad… En el caso de Goitia habría que ver obra por obra, por ejemplo su autorretrato es yoico; pero en el caso de Los ahorcados, yo veo una gran influencia de Goya –la experiencia tan brutal que hay en Goya se puede ver en Goitia-, y es una obra elloica.

 

JEL: Pero ¿no te parece que en el caso del autorretrato de Goitia hay más de elloica que yoica? Porque yo veo que en esa obra hay mucho más de lo que el espejo le da como imagen…

SEP: Claro, no porque sea un autorretrato es una cosa de puro yo.

 

JEL: Otro caso para análisis: Rafael Coronel…

SEP: El cuadro que me parece más impresionante de él, donde se puede ver el ello en su máxima expresión, es la obra en donde aparece una rata, y no es que desaparezca del todo el yo del artista, sino que se pone al servicio de otra cosa, una cosa que ni él mismo sabe qué es. Otro caso es el de Felguérez, con es bonhomía y sencillez que lo caracterizan… dice mucho de él el hecho de que haya optado por tomar el camino de la abstracción, ese lugar en el que él como artista se ve: se funde en la obra pero poniéndose al servicio de ella, sin perderse en ella. André Breton, por ejemplo, es otro súper-yoico.

 

JEL: ¿El sentido del humor puede salvar a alguien tremendamente yoico o súper-yoico, como en el caso de Warhol?

SEP: Sí, por supuesto, a él lo salva el humor. En música contemporánea, hay un compositor argentino-alemán, Mauricio Kagel, que es un prodigio del sentido del humor. Cuando uno escucha cualquiera de sus obras, de una seriedad tal… son terroríficas y sin embargo, hay en ellas momentos en los que no puede uno hacer más que soltar una carcajada…

 

JEL: Tenemos a otro músico elloico… Penderecki, también tendríamos que hablar de él…

SEP: Claro, un músico polaco mucho más serio; es la experiencia de lo sagrado, su obra religiosa es de una profundidad, de una intensidad abismal… Penderecki es un perfecto ejemplo para comprender esta desvinculación de lo sagrado con lo religioso -religioso como sistema de creencias- porque lo sagrado suspende toda creencia; ante lo sagrado no podemos creer que algo es bueno o malo, lo sagrado es éticamente neutro, no es Dios ni el demonio; y esta neutralidad ética es también una neutralidad política. Este carácter de neutralidad valorativa está presente en la obra de arte.

 

JEL: Ya para terminar hablemos de “el arte por el arte”. El artista genuino, el elloico, ¿debe tener esta premisa?

SEP: Sí, pero, depende de lo que conciba por arte. Cuando se formula la idea del arte por el arte, es a manera de provocación, una reafirmación de la autonomía del arte, y en eso no sólo hay que estar totalmente de acuerdo, sino además ser cómplice. La frase es un afirmación de no subordinación del arte a ningún parámetro social, político, moral, ni siquiera estético, en ese sentido sí. El problema es cuando ese carácter autónomo comienza a contagiarse o contaminarse con ciertos valores que no pertenecen a la esfera del arte. Un ejemplo es el surrealismo, que es el arte por el arte, pero se empezó a contaminar con la idea de que debía ser revolucionario, de que la revelación del inconsciente debía estar al servicio de… Y es que lo real no espera ni quiere nada, si el arte es la manifestación de lo real -que está por debajo, por encima o al lado de la realidad-, no es la expresión entonces del sujeto artístico, ni la expresión de una colectividad, ni siquiera de una historia. Está presente en la obra la subjetividad del artista, la historia de la comunidad a la que pertenece, sus propios ideales morales, está todo eso; pero, si es obra de arte, está la expresión de algo que es heterogéneo a lo que espera incluso el público de ello mismo. En ese sentido el surrealismo fue una concesión al color de los tiempos; a mí el surrealismo me fascina, sobre todo la escritura surrealista, aunque nunca fue tan automática como presumían…

 

Sergio Espinosa Proa, docente investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas, recibió el Premio Internacional de Ensayo 2015, convocado conjuntamente por Siglo XXI Editores, la Universidad Autónoma de Sinaloa y el Colegio de Sinaloa, el viernes 26 de febrero en el marco de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), en la Ciudad de México. La presentación en Zacatecas del libro Del Saber de las musas. La filosofía y el fenómeno-arte, está considerada en el programa académico del Festival Cultural Zacatecas. El libro está ya a la venta en librerías de la ciudad, no se lo pierda.

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