Encuentro

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La Gualdra 233 / Río de palabras

Bajo la lluvia de aquel campo, se escucha el llanto de un hombre. Añora la pérdida del sueño. Las luciérnagas acompañan la danza de un grillo sobre las ramas, exige un duelo para renovar raíces. La silueta del roble se postra en su mirada. El grillo canta la ausencia, llora el desencanto, siembra dudas: con las cuerdas de sus patas orquesta poemas caducos al oído. Los miedos del hombre imploran descargar la desgracia que conduzcan el dolor al inframundo. “¿Solo he de quedarme?”

El hombre corre de prisa, interroga a las espinas, y al escuchar melosas estrofas sueltan alaridos de espanto. “Llévate la resaca”.

Atónito levanta la mirada, deja que las gotas expriman el último recuerdo de un dañado espíritu. Camina sobre espacios a la inversa, hace un alto, se sumerge en el corazón, observa cómo ríos de rojo intenso saltan formando figuras renunciando al holocausto. Contrariado recorre el interior de su cuerpo, explora valles aislados, tierras vírgenes. Huye de sus miedos De tajo arroja un suspiro provocado por el viento. “Ven a mí”.

En segundos la luna menguante se postra sobre él. Exhala lento, en su rostro aparece la última lágrima que surcando va conduciéndose a los labios; éstos esperan impacientes. El agua de la vida nace justo ahí.

 

Me duele el viento

“La osadía es mi refugio, el llanto mi esperanza. Cuando las nubes flotan bajo el rayo agradezco tu partida como la tierra añora las primeras lluvias de verano”.

Sobre las carcajadas de las hojas despertabas mientras yo encendía el fuego con madera salpicada de mis lágrimas. No me pertenecía, no era yo. Esa tarde corriste hacia mí con la intención de malgastar las frustraciones de lo acabado.

“Ya no eres nada”. Los párpados, el semblante, las velas, la irónica sonrisa, el anillo, el objeto del deseo. Era poco.

Con tu negro cabello jugabas a ser el juego de una antigua fotografía perdida en el recuerdo. “La búsqueda terminó”. Lanzabas frases con desenfado bajo la rabia de tu lengua embravecida al no encontrar frases inmediatas del porqué de la insatisfacción.

El sonido del río anunciaba la última bofetada. Corrí. Me escondí en las sombras de unas ramas asustadas por los azotes recibidos. El viento facilitó que llegara la estampida de reclamos: el tiempo, la distancia, las ideas, el porvenir, los intereses…el silencio fue entonces el suspiro que terminó por confirmar: “Me voy de ti”.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-233

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