¿Huelga?

¿Huelga?

En la reunión que tuvo lugar en las instalaciones del SPAUAZ el pasado martes 2 de febrero a las 5 de la tarde, entre los representantes de la rectoría y los miembros a la Coordinadora de Delegados para tratar asuntos financieros, se informó de una situación inquietante que da claridad con respecto a las perspectivas de la lucha sindical. Tal situación consiste en que la entrega de recursos del presupuesto ordinario de la UAZ está sujeta a la contingencia de los “problemas de caja” del gobierno federal, es decir, en ocasiones no llegan en la fecha establecida en el “Convenio de apoyo financiero”. Así que la información contenida en dicho documento es inútil, y tenemos dos consecuencias obvias. Primera, la política de la actual dirigencia del SPAUAZ de solicitar información para obtener certidumbre se desquicia; y con ello la cláusula 68B del contrato. No hay ni habrá certidumbre, y la rectoría deberá disponer de los dineros que posee en sus diferentes cuentas para afrontar la falta de recursos y mantener la estabilidad de la institución. Tal como ocurrió recientemente cuando dispuso, sin comunicárselo al SPAUAZ, de los recursos destinados a la seguridad social depositados en una de sus cuentas. Segunda, queda claro que el SPAUAZ ha equivocado sus acciones al orientar los esfuerzos de las huelgas de los años 2014 y 2015 a tratar de resolver el problema de la seguridad social porque ese problema rebasa las capacidades del sindicato colocándolo a la defensiva. Es decir, ni se puede conseguir certidumbre respecto del presupuesto ordinario que ejercerá la UAZ en cualquier año y no es posible resolver el problema del pago de la seguridad social sin comprometer la estabilidad de la universidad. Por lo tanto la dirigencia del SPAUAZ comete un error si porfía en esas directrices. Pero si el problema de la seguridad social es un callejón sin salida ¿qué hacer?. Tratar de dimensionar correctamente la  capacidad de lucha del SPAUAZ para lograr sus objetivos básicos, que se pueden enunciar en uno: mejorar las condiciones de trabajo de todos los agremiados. Y aunque muchas de esas mejoras están ligadas al presupuesto, otras no lo están, y han sido dejadas a la deriva debido al tenaz e infructuoso empecinamiento en la solución del problema de la seguridad social. Unos ejemplos de muestra: el problema de la correcta distribución de la carga de trabajo permanece sin solución, y en este apartado el contrato es violado de manera reiterada, pertinaz y cínica por los directores con el apoyo de las dirigencias sindicales que se niegan a exigir la aplicación de la cláusula 49 del contrato, los procesos de promociones de nivel y categoría, así como los años sabáticos, han sido suspendidos, y se ha acordado que se lleven a cabo de manera unilateral por la rectoría, lo que en los hechos equivale a la perdida de la bilateralidad y la abolición de capítulos enteros del contrato. El capítulo II del contrato, sobre controversias, conciliación y arbitraje es inoperante porque la comisión que debe vigilar su aplicación es inexistente. Todos los procedimientos de cambios de adscripción están en manos de los directores o del rector, sin ingerencia alguna del sindicato. La dotación de cubículos con acceso a la red global y computadoras a los académicos de tiempo completo y medio tiempo (cláusula 76 del contrato) se ha suspendido en las Unidades grandes debido a la política de la rectoría de abaratar costos. En fin, todos los problemas enumerados son causales de huelga porque representan violaciones generales al contrato colectivo, es decir, al interés de todos. Pero no han sido ni siquiera planteados por las dirigencias recientes del SPAUAZ –de Antonio Guzmán a Crescenciano Sánchez- porque se centraron en el asunto de la seguridad social. Una de las razones que ofreció Hannah Arendt en “ On revolution” para argumentar su tesis de que la revolución francesa fue una revolución fracasada, era que los revolucionarios franceses se obsesionaron con resolver el “problema social”, un problema que los rebasaba. Consideramos que los fracasos del SPAUAZ en los últimos años son el resultado de que sus dirigentes enfocaron mal la cuestión, y tuvieron la pretensión de resolver algo que no podían resolver. Si les concedemos el beneficio de la duda asumiremos que no sabían lo que hacían durante las huelgas de 2014 y 2015, y que nadie lo sabíamos. Pero hoy lo sabemos con claridad: las huelgas no resuelven el problema financiero, lo agravan y llevan al sindicato a la debilidad. Pero ante eso debemos plantear problemas solubles mediante una huelga, como los enumerados. Y dado que la rectoría no ofrece resolverlos no queda sino votar por la huelga. Aunque ya es de todos sabido que Antonio Guzmán Fernández ofreció al candidato del PRI a gobernador “estabilidad”, es decir, nada de huelgas. Por lo que si le cumple deberán, él y la dirigencia del SPAUAZ, promover que no haya huelga. Ya lo están haciendo, y podemos apreciar que ese candidato no tiene la voluntad de exigir más recursos a la autoridad estatal y mucho menos a la federal, por lo que sus promesas se reducen a la continuidad de lo existente….con algunos recortes. ■

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