El Papa y el Estado Mexicano

El Papa y el Estado Mexicano

Uno de los primeros recuerdos que se me vienen a la mente cuando a ´Papas’ se refiere, son sin lugar a dudas las dos visitas de Juan Pablo segundo a México, de quien por cierto merecería un debate alterno al presente, por las ya conocidas redes de pederastia de las cuales tenía conocimiento el llamado “papa viajero”, esta condición posterior a su muerte dan como resultado una dicotomía polémica. Pero vamos, el tema en un principio era el imborrable recuerdo del papa sobre el papamóvil escoltado por el Estado Mayor Presidencial, al más puro estilo gringo del servicio secreto sobre las principales avenidas de la Ciudad de México.

México es un país predominantemente conservador y católico, a pesar de los desatinos, lejanía, corrupción, impunidad, pederastia y otras linduras que profesa la iglesia, los fervientes devotos apenas han reducido sus filas y el icono clásico mexicano de la virgen de Guadalupe ayuda muchísimo a tal causa. El fundamento del texto que nos convoca, mencionado en los dos párrafos anteriores me da la posibilidad de plantear el tema que pretendo aventar a la polémica por ser este el estado natural de una discusión tan pasional, tanto que ni siquiera Umberto Eco y el Cardenal Carlo María Martini pudieron en sus epístolas coincidir  desde mi punto de vista, más que en la impresionante elocuencia para escribir, de manera que habría que analizar la próxima visita del Papa Francisco en dos vías.

Las dos vías en las que Francisco debe ser analizado son la de el jefe de Estado que es y la del jerarca máximo de una religión, en esta ocasión nos interesa abordar el carácter oficial del Papa aunque sería imposible separar  una cosa de otra, de ahí se derivan una serie de inquietudes que nuestras autoridades no logran explicar con exactitud, es más, creo que ni ellos empezando por el Presidente saben con precisión los detalles finos de la visita.

Si el Papa viene como Jefe del Estado Vaticano, debe existir un protocolo similar al que debiese adoptarse con un Mandatario Europeo, la agenda debiese basarse en una temática global y económica, de tratados que impacten de manera positiva a los dos países, con representación de las embajadas y ruedas de presa conjuntas, además de un gasto costeado por el Estado anfitrión basado en la justa medianía, donde tal vez el único lujo debiese ser la cena de gala que tanto se estila en la diplomacia, más o menos así es como yo imagino el protocolo a seguir con un Jefe de Estado “común y corriente”, el punto aquí es entonces que Francisco no es un Jefe de Estado como el resto y de momento nada tiene que ver con la abrumadora adoración a su religión que se vive en el país, se basa más bien en que el Vaticano a pesar de ser un Estado aprovecha la debilidad del nuestro y la perversa estrategia de distracción.

La visita del Papa Francisco no es similar a la de un Jefe de Estado porque viene en su carácter de “líder moral”, el Gobierno de México utiliza este concepto para justificar la inexistencia del Estado Laico, y como no podría llamarle el pastor de todos los mexicanos juega con el binomio de una visita Diplomática y religiosa a la vez.

Cada minuto que Francisco este en suelo Mexicano le costara al erario público 36 mil pesos, esto solamente a la Federación, visitara además 4 estados, Chihuahua, Edomex, Hidalgo y Chiapas, todos ellos “ultra Priistas” y ultra violentos, pobres y desiguales, priistas pues, y se calcula en más de 100 millones de pesos el costo por cada entidad por la presencia de su Santidad, como le llaman algunos.

La realidad es que esta tan mal diseñado el evento desde su origen, que tengo la certeza que no dejara nada nuevo y nada bueno al país, en estos tiempos de ignorancia a nadie conviene una sociedad amancillada nuevamente con la imagen de un Papa que se presta a visitas a costa de un pueblo pobre, también es conveniente decir que no hay agenda política, no se prevé que el pontífice vaya a abordar de manera pública los problemas que aquejan a este país, ni siquiera los que más suenan y que son los que laceran cotidianamente a nuestra sociedad, parece que dejara afuera la corrupción e inseguridad que vive el país y solo elevara el espíritu de un pueblo siempre fiel, como lo bautizara Juan Pablo.

En el terreno internacional el Papa Francisco ha sido de claros y obscuros, es innegable su disposición y apertura, primero para reunirse con los más vulnerables de algunas partes del planeta y después para tratar de enmendar lo que ya no tiene enmienda castigando a curas pederastas por un lado, y por otro, otorgándole perdón al máximo representante de estos, Marcial Maciel, además siendo Jefe del Estado Vaticano y por su condición de líder religioso suena imposible que sea el único de los que conforman la ONU que no haya firmado la carta internacional de los derechos humanos.■

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