¿Quién dijo que todo está perdido?

¿Quién dijo que todo está perdido?

Escribo sobre la huelga de la UAZ el lunes 24 de febrero en momentos en que ha terminado una multitudinaria asamblea de maestros universitarios celebrada en el gimnasio del Campus Siglo XXI en la que acordaron diversas movilizaciones para los próximos días. La afluencia masiva de huelguistas a la asamblea y el ánimo mostrado para mantenerla y buscar aliados habla de que algo está cambiando en la consciencia de los participantes. Hacía años que la mayoría no participaba en asambleas deliberativas ni acordaba realizar movilizaciones masivas para influir en la opinión pública en favor de sus demandas.
Redacto estas líneas como observador de la dinámica social y no como integrante del Spauaz, pues dejé de formar parte de la organización una vez que a fines de 2010 culminó el trámite de retiro voluntario con el que terminé una relación laboral que inició en 1972, hace 42 años. Al momento de retirarme tenía reconocidos por la institución sólo 23 años de servicio, debido a que siempre que ocupe un cargo público lo hice con la respectiva licencia sin goce de sueldo, por lo que esos años, correctamente, no fueron acumulados a mi antigüedad.
En agosto de 2009 terminó mi mandato como diputado federal electo por mayoría en el distrito tres de Zacatecas, y unas semanas después presente escrito de reincorporación como académico de base adscrito a la Unidad Académica de C. Químicas, lo cual ocurrió en noviembre del mismo año. Los siguientes meses elaboré un proyecto de seminario para los maestros de la unidad e inicié un proceso de acercamiento con todos ellos que también me sirvió para darme cuenta que la comunidad académica que yo recordaba ya no existía. El individualismo se había apoderado de la actividad de la inmensa mayoría de los maestros y no existía la costumbre de reunirse para examinar colectivamente los asuntos de la Unidad Académica y de sus programas; todos actuaban con diligencia en sus proyectos académicos personales y pronto tuve que reconocer que lo que yo les podía ofrecer interesaba a muy pocos; no dude mucho antes de tramitar mi separación voluntaria e iniciar el procedimiento para ser pensionado del ISSSTE haciendo valer 12 años de cotizar como legislador federal.
Durante estos últimos años de estancia permanente en Zacatecas he obtenido un poco más de información sobre la UAZ y construido algunas conclusiones preliminares que me parece pertinente compartir con los lectores. La primera se refiere a que el modelo de gestión de las relaciones laborales impuesto por las autoridades educativas, que condujo al dominio del individualismo y al consecuente debilitamiento de las organizaciones gremiales, también eliminó las afinidades creadas en años de debate sobre las relaciones UAZ-sociedad, sustituyendo los agrupamientos alrededor de programas político-académicos, por facciones cohesionadas por la capacidad de gestión del líder; las facciones ocuparon los espacios de dirección de la UAZ con el único propósito de acumular fuerza absorbiendo permanentemente nuevas clientelas. Igual que lo que ocurrió con el sistema de partidos atrapados hoy en el círculo vicioso de tener clientelas para ocupar espacios de poder, para tener más clientelas y ocupar más espacios de poder, para…
El problema actual se crea porque en las relaciones de ese tipo las clientelas no son consultadas ni convencidas por el jefe, de manera que en la Universidad no hubo manera de discutir la decisión cupular de utilizar los recursos descontados a los trabajadores para financiar nuevos proyectos de crecimiento y descentralización de la UAZ. La organización política de los universitarios alrededor de organizaciones clientelares desnaturalizó las instituciones democráticas como el Consejo Universitario y convirtió a la mayoría en clientes sometidos a alguna facción, en búsqueda permanente de incentivos materiales legales e ilegales para mantener cohesionados a sus integrantes. Igual que ocurre con el poder público, la descomposición se presenta donde quiera que hay recursos materiales y económicos que privatizar. Lamentablemente, en la UAZ, la lucha política formativa alrededor de visiones político académicas diferenciadas, fue sustituida por la competencia pirañezca por los privilegios consolidando la cultura del clientelismo. Los resultados están a la vista.
Por lo anterior es que me parece tan alentador el hecho de que los maestros se reúnan a discutir sus problemas y a decidir acciones colectivas. Parece que ha iniciado el proceso de disolución de las clientelas para volver a dar paso a la comunidad de universitarios libres. Habrá que ver con que velocidad se extiende esa nueva voluntad de lucha hacia otros segmentos de trabajadores de la educación, en sus niveles media superior, superior y posgrado. Lo que es claro es que hay esperanzas para preguntarse ¿quién dijo que todo está perdido? ■

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