Madrid. La editorial oaxaqueña Almadía, que hace años comenzó su expansión en España, emitió un comunicado en el que confirmó el primer premio de novela Almadía-Ventosa Arrufat al escritor peruano David Silva Rojas, quien fue señalado de haber utilizado la inteligencia artificial (IA) para escribir su relato en “99 por ciento” de probabilidad.
Cuando salió a la luz pública el escándalo, a raíz de un reportaje publicado por el periódico español El País, el sello pidió tiempo para analizar con calma el texto y escuchar los argumentos del autor antes de tomar una decisión, ya que la única “prueba” que había en su contra, y en la que se basó la noticia del diario español, fue haber sometido la novela a la revisión de la aplicación Pangram, que también se basa y funciona con IA, y que en muchos casos ha emitido dictámenes erróneos.
El comunicado con el que ratifican su confianza en el escritor Silva Rojas fue firmado tanto por el equipo editorial de Almadía como por la sociedad Ventosa Arrufat, así como por las tres integrantes del jurado que avalaron la decisión en su día y que en ningún caso apreciaron indicios del uso de IA en su escritura, la mexicana Cristina Rivera Garza, la ecuatoriana Mónica Ojeda y la argentina Selva Almada.
El pasado 23 de octubre, el diario El País publicó un reportaje con una supuesta investigación en la que afirmaba que la novela Donde el agua trabaja había sido escrita “99 por ciento” mediante IA; es decir, que el autor se había limitado a dar instrucciones a esta herramienta tecnológica para que elaborara un texto acorde a lo que él quería, pero en cuyo proceso creativo ni en su redacción había intervenido el autor. La noticia estaba firmada por los periodistas Jordi Pérez Colomé, Elizabeht Duval y Kiko Llaneras, quienes basaron sus conclusiones en los resultados de la aplicación Pangram, herramienta que se utiliza para detectar el uso de IA en textos, pero que, paradójicamente, su única fuente de alimentación programática y teórica se basa en la propia IA.
Tras la publicación de la noticia, que se hizo viral al momento y convirtió al autor y a la editorial en la diana de las redes sociales, donde fueron acusados de fraude y gravemente insultados, Almadía pidió abrir un periodo de reflexión para analizar con calma la situación, escuchar al autor, ver sus manuscritos, conocer el proceso interno de confección de la historia novelada, que, si existía, sería la prueba irrefutable de que la autoría era netamente de Silva y no de la tecnología.
Después de dos semanas de silencio, en el que nadie de la editorial quiso hablar del asunto, finalmente llegó el veredicto en un “comunicado final”, con el que aspiran a dar por concluida la controversia y en el que confirman el premio y su confianza en el escritor galardonado: “Este premio reúne el trabajo y la confianza de muchas personas. Por respeto al autor, a las juradas, a la Sociedad Ventosa Arrufat y a los lectores, Editorial Almadía decidió realizar una revisión de Donde el agua trabaja. Tras concluirla, la editorial reitera su confianza en David Silva Rojas y mantiene el fallo del primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. Quienes suscribimos este comunicado compartimos esa confianza y respaldamos la decisión”.
Más adelante explican que “la revisión se llevó a cabo a partir de los materiales aportados por el autor sobre el proceso de escritura de la novela. David mantuvo en todo momento una actitud abierta y disposición para colaborar, atender las preguntas de la editorial y aportar la información solicitada”.
Almadía fundamentó su juicio en criterios humanos, a partir del conjunto de la información examinada, su relación con la obra y las conversaciones sostenidas con tecnólogos, abogados y peritos lingüísticos durante el proceso”.
Además, reiteran que el fallo del jurado “fue una decisión literaria, tomada a partir de la lectura de las obras que concursaron”. Y, aunque si bien advierten que entienden las dudas surgidas al respecto, “también creemos que los resultados de una herramienta de detección no bastan por sí solos para dar por demostrado cómo se escribió una obra. Cuando está en juego la reputación de alguien, es necesario escuchar a las personas involucradas, dar tiempo para sus respuestas y examinar el conjunto de la información disponible”.
También hace referencia a la noticia publicada en el diario español: “La cobertura de este caso en uno de los periódicos de mayor alcance en lengua española nos lleva a reflexionar sobre el poder de las palabras y la responsabilidad de quienes las pronunciamos. A nuestro juicio, no siempre se distinguió con suficiente claridad entre una sospecha y un hecho demostrado, y eso tuvo consecuencias para el autor, las juradas y la editorial. La capacidad de amplificar una afirmación exige también cuidado hacia las personas sobre las que se informa. Nos parece importante señalarlo, no para cuestionar el legítimo ejercicio del periodismo, sino porque creemos que reflexionar sobre sus consecuencias es también una forma de ejercer esa responsabilidad. En ese sentido, una disculpa por parte del diario sería, a nuestra manera de ver, un gesto de respeto y consideración”.
Yo no he visto ninguna prueba: Elizabeth Duval
Tras la difusión del comunicado oficial de la editorial, Elizabeth Duval, una de los autores del texto publicado en El País, compartió en la red social X que si se aportaran pruebas y explicaran “en qué consistió la investigación interna, yo, al menos, no tendría ningún problema ni en disculparme ni en retractarme públicamente. Pero pedir fe en un comunicado es tanto como pedir fe en Dios”.
Sostuvo: “A día de hoy, yo no he visto ninguna prueba ni investigación interna que desmienta la investigación que llevó a cabo El País a propósito de Donde el agua trabaja, de David Silva Rojas”.



