La obesidad en México constituye un grave problema de salud pública, por lo que la reciente prohibición de alimentos ultraprocesados en las escuelas representa un avance significativo. Sin embargo, se considera necesario adoptar un enfoque más integral que involucre a la familia, la comunidad y las políticas públicas, con el fin de generar cambios sostenibles a largo plazo.
Edith Cárdenas Vargas, especialista en Endocrinología Pediátrica, destacó que la prohibición de alimentos ultraprocesados en los centros educativos puede ayudar a reducir el sobrepeso y la obesidad infantil, que están estrechamente relacionados con el aumento de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión arterial y problemas cardiovasculares. “Los alimentos ultraprocesados pueden tener efectos negativos a largo plazo, no solo en la salud física, sino también en la salud mental y emocional de los niños”, advirtió. Según la especialista, estos alimentos pueden contribuir a trastornos emocionales como la depresión y la ansiedad, además de interferir con el aprendizaje y el desarrollo cerebral.
La obesidad infantil es una de las principales preocupaciones de salud pública en México, que se ha convertido en uno de los países con mayores índices de sobrepeso y obesidad infantil en el mundo. De acuerdo con los datos más recientes que la especialista compartió, en 2023, uno de cada 20 niños menores de 5 años padecía sobrepeso u obesidad, mientras que, entre los infantes de 6 a 19 años, la cifra aumenta a uno de cada tres. En específico, casi el 38% de los niños de entre 5 y 11 años sufren de sobrepeso u obesidad, y más del 42% de los adolescentes de entre 12 y 19 años enfrentan este mismo problema.
En Zacatecas, la obesidad infantil ha mostrado un aumento preocupante en los últimos años. En 2020, el 1.5% de los niños menores de 5 años padecían obesidad, y para 2021, la cifra creció al 4.3%, sumando tanto a los niños con obesidad como los que presentaban sobrepeso. En el caso de los niños de 5 a 11 años, en 2019, el 27.3% presentaban exceso de peso, ya sea sobrepeso u obesidad. En 2020, la prevalencia de obesidad en este grupo fue aún mayor que en los adolescentes de 12 a 19 años.
En este último grupo, el 30.9% de los adolescentes presentaban exceso de peso, con una mayor incidencia en los hombres (32.3%) en comparación con las mujeres (29.4%). Además, se muestra una mayor prevalencia en las zonas urbanas, donde el 34.8% de los adolescentes sufren de exceso de peso, frente al 24.2% en las áreas rurales.
En cuanto a los productos disponibles en las escuelas, el 51% de la oferta consistía en alimentos y bebidas ultraprocesados, como galletas, dulces y botanas empaquetadas, y el 63% de las bebidas eran azucaradas. Además, solo una de las nueve escuelas observadas tenía acceso a agua potable gratuita y de calidad. En algunas escuelas también se observó publicidad de productos poco saludables.
Cárdenas resaltó que, aunque la prohibición en las escuelas es una medida necesaria, no basta con una acción aislada. Es crucial complementar esta política con estrategias que involucren a otros sectores, como la familia y la comunidad. “Se debe promover la educación sobre hábitos saludables no solo en la escuela, sino también en el hogar”, enfatizó.
Importante, cambiar hábitos alimenticios fuera de la escuela
En este sentido, la directora de la Escuela Primaria Profesor Francisco Berumen Varela, en Zacatecas, Ruth Yuridia Fernández Santacruz, expresó su apoyo a la medida, aunque indicó que su implementación fue algo abrupta. “Nos la mandaron de un tajo y debió haber sido más paulatina, especialmente en las escuelas que tienen tiendas escolares”, comentó. A pesar de no contar con este tipo de establecimientos en su escuela, Fernández Santacruz reconoció la importancia de concienciar a los padres y maestros sobre la importancia de una dieta equilibrada.
Por otro lado, las madres de familia consultadas en la escuela también mostraron opiniones contrastantes sobre la medida. Mientras algunas apoyaron la prohibición y consideraron que era un paso necesario, otras advirtieron que la tentación sigue presente fuera de las escuelas. “Aunque en la escuela no vendan comida chatarra, las tiendas cercanas siguen vendiendo golosinas, y eso sigue siendo un problema”, señaló una madre. A pesar de esto, coincidieron en que la clave para transformar los hábitos alimenticios de los niños está en la educación que reciban en casa.
Aunque ya se estén presentando acciones concretas, la preocupación por tal situación ya era latente años atrás, el estudio realizado por El Poder del Consumidor en 2017, titulado “El ambiente escolar obesogénico en México”, ofrece datos reveladores sobre cómo la venta de comida chatarra dentro y alrededor de las escuelas continúa siendo un problema significativo, aún con la existencia de regulaciones en el país.
El estudio realizado entre junio y julio de 2017 en nueve escuelas públicas primarias de la Ciudad de México, Cuernavaca y San Luis Potosí, tuvo como objetivo evaluar la eficacia de la regulación de la venta de alimentos y bebidas en las escuelas. Utilizando herramientas cualitativas y cuantitativas, se recopilaron datos de autoridades de salud y educativas, personal escolar y estudiantes, además de levantar inventarios de los productos alimenticios disponibles en los planteles y analizar el ambiente escolar.
Los resultados revelaron que la regulación no se aplicaba de manera efectiva debido a varios factores. Primero, no se contaba con talleres ni capacitaciones dirigidos a los directores, maestros, personal de ventas ni a los padres de familia sobre la regulación y la importancia de una alimentación saludable. Además, el personal escolar desconocía tanto la existencia de la normativa como sus sanciones. También se identificó que las tiendas escolares, que representaban una fuente importante de recursos para el mantenimiento de las escuelas, entraban en conflicto con la implementación de la regulación, ya que dependían de las ventas de productos no saludables.