El conjurado. Recuerdo de la primera lectura

El conjurado. Recuerdo de la primera lectura

La Gualdra 432 / Literatura

 

Lo que aquí sigue es un recuerdo que tengo presente como parte de una lectura que puedo llamar esencial en mi vida transitoria entre la poesía y el ensayo literario. Afortunada es la interrogante que ha marcado esta lectura y relectura. Se trata del primer título que leí de Octavio Paz. Un acto afortunadísimo en mi vida de lector que sucedió por circunstancias del azar, por causas más bien maravillosas. Todo como parte de un tejido de recuerdos. Hacia finales del otoño de 1993, estudiaba la preparatoria en la Universidad Michoacana y en la cerrada de San Agustín, recuerdo, había una librería de viejo. Tenía una puerta pequeña pero a la vez una ventana donde exhibían títulos variopintos. La persona que atendía era invisible, quiero decir, tenía unos modales no muy afortunados. Pero con el tiempo uno se da cuenta que existe la tradición de los libreros y editores en la ciudad de Morelia. Son estos los que cumplen una función precisa: resultan ser los verdaderos promotores de la lectura, los que trasmiten el gusto y el cuidado por los libros.

Sucede que por aquellos días buscaba la poesía de Octavio Paz y en la ventana de esa librería se exhibía Los signos en rotación. La pregunta fue sencilla y directa: ¿es la poesía de Octavio Paz? Aquel título no contenía ni una pizca de su poesía pero esa circunstancia me permitió descubrir la conjetura de imágenes afortunadas: su prosa encierra correspondencia con el descubrimiento del idioma. Además quedé maravillado con el texto de Carlos Fuentes: “El tiempo de Octavio Paz”. No sin titubeos comprendí que aquella obra más bien era una antología de los textos en prosa del poeta: excepcional, por esto, es una compilación única; aún conservo dicho ejemplar publicado en 1974.

Esto lo comprendí perfectamente al leer el primer párrafo del texto inicial: lo recuerdo como si ingresara a un concierto de música que se despliega ante el oído: “Al alba, un escalofrío recorre a los objetos. Durante la noche, fundidos a la sombra, perdieron su identidad; ahora, no sin vacilaciones, la luz lo recrea. Adivino ya que esa barca varada, sobre cuyo mástil cabecea un papagayo carbonizado, es el sofá y la lámpara; ese buey degollado entre sacos de arena negra, es el escritorio; dentro de unos instantes la mesa volverá a llamarse mesa… Por las rendijas de la ventana del fondo entra el sol. Viene de lejos y tiene frío. Adelanta un brazo de vidrio, roto en pedazos diminutos al tocar el muro. Afuera, el viento dispersa nubes. Las persianas metálicas chillan como pájaros de hierro. El sol da tres pasos más. Es una araña centelleante, plantada en el centro del cuarto. Descorro la cortina. El sol ya no tiene cuerpo y está en todas partes. Atravesó montañas y mares, caminó toda la noche, se perdió por los barrios. Ha entrado al fin y, como si su propia luz lo cegase, recorre a tientas la habitación. Busca algo. Palpa las paredes, se abre paso entre las manchas rojas y verdes del cuadro, trepa la escalinata de los libros…”. Este párrafo corresponde al texto “El mundo Prehispánico. Risa y penitencia”.

Me encontraba ante la obra de un poeta que logra conjugar con magisterio y en un mismo espacio el ensayo de creación, la crónica, el cuento, la reflexión crítica, y recuerda que su prosa colinda indirectamente con el surrealismo, registra la magia de la poesía, y sale a relucir el poema en prosa poética; revela al mismo tiempo el México prehispánico que había leído fugazmente en manuales de historia; ahora, me introducía Paz a la historia del arte y las culturas prehispánicas, e invita al descubrimiento de la lengua española con ese ejemplo de lucidez que termina uno por reconocer por la dimensión de su prosa poética que en todo momento es iluminadora.

Al descubrir esa parte de su obra accedí a una parte de su mundo, y al seguir sus páginas, la misma lectura me reveló un fragmento de El laberinto de la soledad; el modernismo de Rubén Darío; la poesía española con Luis Cernuda; la presencia del desconocido de sí mismo: el poeta Fernando Pessoa; un texto único: André Breton y el encuentro con el surrealismo; y seguir la senda para reconocer la tradición del haikú y ubicar el manifiesto poético con el título de la antología y que en realidad resulta ser el epílogo de El arco y la lira.

Es un primer encuentro con la obra de un autor moderno, heredero de la mejor tradición de la lengua española. Esta obra es la síntesis misma de su prosa poética.

Debo decir que estaba ante un poeta que resulta deslumbrante, sin duda, el más universal de los autores mexicanos del siglo XX. A partir de esos signos en rotación, extendí la búsqueda por la obra de los temas que analiza: la tradición mexicana, la lengua española e hispánica, obras y poemas de autores en lengua extranjera. Así sucedió fugazmente el acercamiento a sor Juana, los poetas del grupo sin grupo de los Contemporáneos y me fui por el mundo para viajar con la lectura inmóvil por poemas como “El músico de Saint-Merry” y el verso intensísimo: “Ven, ven, toda mi fuerza desafía…” con el que abre “Elegía: antes de acostarse” de John Donne.

La secuencia es que extendí la lectura a Versiones y diversiones, el otro momento esplendoroso que permite reconocer la maestría de Octavio Paz. Por esta obra su condición de traductor se registra ese trabajo disperso pero continuo. Es el resumen perfecto y la coordenada más bien brillante: por su grandeza sitúa el caso particular de Fernando Pessoa. En Los signos en rotación leí el ensayo que lo presenta de cuerpo entero al “desconocido de sí mismo” y en Versiones y diversiones sucedió la lectura de los poemas.

Puedo decir que años después reafirmé esa pluralidad de respuestas e interrogantes al leer nuevamente Los signos en rotación. Esto sucedió cuando llega a mis manos una nueva edición. Ésta lleva un breve texto de lucidez innegable; debo decir, es una edición aumentada de 1995, donde el nivel crítico destaca por el debate político al incluir el texto: “Polvo de aquellos lodos” y el “Aniversario español”. Son los que permiten una vez más resumir el significado que tiene leer un escritor mexicano visto y entrevisto en la tradición hispánica. Por la lectura y relectura frecuente, por Los signos en rotación puede decir que sí hay obras que marcan como lector. Se vuelven parte de una huella fuerte y perdurable. Ejemplo verdadero de la travesía que representa la lectura de un mismo título pero leído en diferentes fechas.

Finalmente quiero cerrar con la cita de versos traducidos por Paz de Donne y, antes, leeré la presentación anónima de la edición ampliada de 1995. El texto de presentación a Los signos en rotación dice: “Como otros poetas hispanoamericanos, que suelen ser proclives a la poesía experimental, Octavio Paz no se ha cansado de buscar una forma y un sentido poético hasta entonces no expresados. Esa larga búsqueda, que lo ha llevado a practicar, con sorprendente versatilidad, diversa fortuna, y siempre con indudable talento, casi todos los “ismos” de la poesía moderna, es también un rasgo definitivo de su extraordinaria obra en prosa, en la que acaso se advierten menos altibajos y un rigor más sostenido que en algunas de sus colecciones de versos. De todos modos, y tanto en verso como en prosa, Octavio Paz nunca deja de ser un gran poeta, enormemente culto y enteramente preocupado por encontrar la esencia de la poesía, que es inseparable del misterio de la existencia, sean cuales sean las formas o lenguajes que ésta adopte. Por esto, y tal como lo demuestran los admirables ensayos de Los signos en rotación, la poesía, cuando no es el tema central de un ensayo, esta siempre en el fondo de todos los múltiples asuntos tratados por su autor, que en 1990 recibió el Premio Nobel”. Y, termino leyendo los versos finales de “Elegía…”, de John Donne:

Quisiera saber quién eres tú: desvístete,
sé natural como al nacer,
más allá de la pena y la inocencia
deja caer esa camisa blanca,
mírame, ve, ¿qué mejor manta
para tu desnudez, que yo, desnudo?

[Morelia. Mayo del 2020. Escrito durante los días del confinamiento por la pandemia del Coronavirus]

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