La Fiesta del Toro en Susticacán: una interpretación zacatecana del Carnaval

La Fiesta del Toro en Susticacán: una interpretación zacatecana del Carnaval
Banda de música tradicional de la Fiesta del Toro, Susticacán, Zac. Fotografía Centro INAH Zacatecas _ Juan Carlos Basabe.

La Gualdra 429 / Antropología e Historia / Ollin: Memoria en Movimiento

 

 

En el pueblo de Susticacán del estado de Zacatecas, considerado como pueblo de indios durante la Colonia, existe una tradición procedente en parte de la tradición católica y en parte de las costumbres de la región; es decir, derivada de la adaptación de un evento de origen católico. En muchos lugares, al llegar la época de Navidad, se acostumbra armar en las casas un nacimiento como un modo de recordar el evento católico del nacimiento Jesús. En este nacimiento los elementos básicos son la virgen, san José y el Niño Dios, además de un toro y una mula y los pastores, las ovejas, los ángeles, los Reyes Magos… se recrea todo un escenario con el que se recuerda el nacimiento del Hijo de Dios; esto es parte de la tradición católica que podríamos calificar como mundial.

En torno a los nacimientos, en nuestro pueblo aludido, Susticacán, surge otra celebración que se desarrolla así: el toro de un determinado nacimiento -elegido al azar- cobra vida y desaparece -en realidad lo roban-; a partir de ese momento se hace una denuncia ante unas supuestas autoridades y lo empiezan a buscar. Finalmente, en la madrugada del lunes -que corresponde al lunes de Carnaval- algunos habitantes del pueblo, a quienes llaman “las mulitas” por llevar en parte de su atuendo incrustada una pequeña mula, buscan y encuentran al toro en el cerro en un lugar que denominan la Mesa del Recuerdo. El toro encontrado resulta ser una imagen de cartón y papel parecido a una piñata.

A partir de su encuentro se toca música y hay gran alegría en el pueblo; en ese momento es cuando empiezan a aparecer los huenches y huenchas; se trata de una expresión chusca de los campesinos quienes portan una máscara de tela dibujada en diversas formas luciendo además cuerpos extravagantes, con enormes pechos y nalgas prominentes; los campesinos visten pantalón de mezclilla, camisa a cuadros y sombrero; o vestidos, en el caso de tratarse de mujeres. Luego se hace un desfile en el pueblo, que correspondería al de Carnaval, en el que participan buen número de estos huenches, además del hacendado de la Hacienda del Negro Santo: un personaje que porta traje y máscara acompañado por su novia, con quien se transporta en una carreta adornada con flores.

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Después del desfile, tiene lugar el juicio, en el que los dueños del toro -que pertenece a la cofradía de la Virgen del Rayo- le disputan al caporal la propiedad del animal, la que comprueban al darle de comer al toro que embiste al caporal, y por el contrario, recibe el alimento de su dueño. En este juicio aparece también un licenciado que -en el caso que nos tocó observar- llega en un carro marca burrary: una pequeña moto cuyo logotipo de marca era un burro que usaba una caja de cartón a manera de portafolios. Al terminar el juicio empieza la alegría: hay una danza de huenches en la que se mencionan los elementos de las comidas de Cuaresma, como la capirotada y los chiles rellenos; además se hace “la empinolada”, que consiste en una guerra de pinole y agua que deja calle pegajosa por la cantidad de pinole regado; finalmente, se invita a todos a comer los productos que llevan distintas personas del pueblo.

El evento dura tres días en los que hay pura danza y celebración: las corridas de toros, de los de cartón, que embisten a la gente del pueblo, en especial a los huenches y huenchas. Se agregan algunas representaciones como es el caso del desfile de candidatas a reinas; y el concurso de belleza, que cuando termina, quienes participan se quitan las máscaras y resulta que todos son hombres. Hay también juegos en los que participan los niños y un payaso. De esta forma, con mucha música y alegría se pasan los tres días del Carnaval dedicados al toro.

Curiosamente el toro es una especie que se importó a América, y del que aparentemente había aquí especímenes similares como el bisonte; tal vez es por sus características especiales que lo escogen en este caso para darle realce a una escenificación que resulta muy local. En esta celebración se recrea el caso de un toro, relato que se supone es derivado de hecho verídico sucedido por 1667 y que se recuerda en ese día, en el que se pone en evidencia la actitud del hacendado tratando de sacar provecho de la gente del pueblo.

 

 

* Antropóloga social del Centro INAH Zacatecas.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_429

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