Lo que nos espera (segunda parte)

Lo que nos espera (segunda parte)
El mundo enfrenta una crisis como no lo habían visto las generaciones vivas, lo que nos obligará a su vez a un replanteamiento como no lo habíamos tenido en los últimos 40 años ■ FOTO: LA JORNADA ZACATECAS

Decíamos la semana pasada en este mismo espacio que el mundo enfrenta una crisis como no lo habían visto las generaciones vivas, lo que nos obligará a su vez a un replanteamiento como no lo habíamos tenido en los últimos 40 años, quizá desde el fin de la guerra fría y la expansión del modelo neoliberal en materia económica. Nuestro país no está exento de pendientes que no podrán soportar más luego de esta crisis, impuesta la espera a que pase para su análisis y discusión pública.

El golpe que la crisis producirá a la economía no nos dejará más camino que el de atender la imperiosa necesidad de una reforma fiscal que permita al Estado hacer frente a situaciones como ésta que no nos son ajenas: el virus de la violencia en nuestro país es, a la suma de las cifras contempladas hasta el momento, mucho más letal, invasivo y preocupante. Quizá la cotidianeidad nos ha hecho inmunes a la preocupación, sin embargo, no son pocos los análisis que apuntan a un recrudecimiento de dicho fenómeno y la necesidad de una oportuna, extraordinaria y necesaria intervención del Estado. Esa ausencia del Leviatán, que hoy se ve agigantada por la imperiosa urgencia de servicios de salud y respeto a la legalidad, nos tiene que llevar también a un debate sin precedentes al respecto: ¿qué Estado requiere México y cómo construirlo, por fin? ¿Cuál es el consenso mínimo del cuál las fuerzas políticas y sociales pueden partir para una reforma del tamaño que es requerido? ¿Puede fortalecerse este Estado sin una reforma fiscal seria? ¿Puede haber un cambio de paradigma en este sentido sin formalizar al alto porcentaje de mexicanos que viven en la informalidad? ¿Podemos costear sin esta reforma fiscal al sistema de seguridad social que requerimos y que necesitamos? Los reclamos de algunos gobernadores que no encuentran mayor eco en la federación, quizá son imprudentes en este momento, pero son oportunos para convertir esta desgracia sin precedentes en el mundo, en una oportunidad de transformación, más allá del lugar común y la visión limitada que parecen predominar.

Lo que nos espera es un aletargamiento de la economía, que solo podrá compararse con el desencanto, desesperación y frustración de la población, o bien, asumir el liderazgo político suficiente para llamar a un diálogo mucho más profundo que los replanteamientos en política que solo han exhibido su fracaso por su improvisación. Vamos, luego de esta crisis, es el momento idóneo para discutir e impulsar un proyecto de renta básica universal para los mexicanos con menos ingresos, pero es claro que sin una reforma fiscal del tamaño que ameritan tales medidas, es apenas una quimera esta idea.

Lo que nos espera a los mexicanos es asumir el liderazgo si nuestra clase política es insuficiente para el momento, o en cambio, sufrir como nunca antes en la historia reciente del país, una crisis de salud, agravada por la económica y a su vez la intensificación de la otra crisis que no se ha ido y que, corriendo en paralelo, nos puede arrollar: la de inseguridad. En este momento, no avanzar en todos estos retos, significará retroceder. ■

@CarlosETorres_

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