México Lindo y Podrido… y Zacatecas otro tanto Lo que deberíamos aprender de los monumentos. Los zacatecanos en la Guerra de la Reforma, la Intervención Francesa y la Monarquía (primera parte)

México Lindo y Podrido… y Zacatecas otro tanto Lo que deberíamos aprender de los monumentos. Los zacatecanos en la Guerra de la Reforma, la Intervención Francesa y la Monarquía (primera parte)

En mi frecuente caminar por los rumbos de nuestra ciudad capital, dos lugares en especial llaman mi atención, – y claro que hay muchas más que despiertan la admiración de propios y extraños – estos rincones de la ciudad, me llevan a recordar a tantos zacatecanos ilustres que dieron su vida por la patria y que aunque son recordados, su respectivas vidas, y el fragmento de historia con que contribuyeron a este gran país, permanece casi siempre olvidada por parte de sus conciudadanos que de conocerla estarían orgullosos de lo que fueron.

Me refiero al Parque Sierra de Álica cerca del cual viví mi adolescencia y que culmina ya en lo que consideramos como centro de la ciudad con el Monumento a González Ortega. Y también una de las más hermosas plazuelas de la capital, la Miguel Auza la cual fue admirablemente recuperada (no que otras que tendrían que haberlo sido también solo demeritaron después de las cantidades importantes de dineros que se aplicó en su rehabilitación, como la Avenida Hidalgo, donde dejaron un adoquín que en nada contribuye con la mejoría de nuestro centro histórico) con el maravilloso Ex Templo de San Agustín y el Obispado y los nuevos cafés al aire libre donde puede pasar una tarde agradable.

Pero si nos atreviéramos a preguntar a quien por esos lugares caminan sobre estos personajes, estoy seguro de que la inmensa mayoría no podría acertar los tiempos en los que vivieron y que los hicieron famosos, solo alguno que otro ubicara el contexto histórico en el que vivieron pero sin saber más del por qué son próceres de un país como el nuestro que a raíz de su desmemoria y cometiendo el pecado del olvido no puede estructurar en bases cimentadas su futuro.

Pero si además de González Ortega y Miguel Auza, les preguntáramos de generales como Berriozábal o Canto, seguramente no tendrían ni la más remota idea de quienes fueron ni lo que hicieron, por lo que lejos de darles el reconocimiento que tendrían que tener, los enterramos dentro del bagaje de nuestra pobre cultura.

Creo que bien vale la pena dar unas pinceladas de lo que fueron esos los tiempos de los inicios de la segunda mitad del siglo XIX mexicano para comprender la importancia de algo tendríamos que recordar, reconocer y sentirnos orgullosos.

La mitad del siglo XIX estuvo dominada por el ascenso al poder en 16 ocasiones diferentes del innombrable Santana y los liberales mexicanos – que los había por montones – no querían seguir soportando el conservadurismo que llevo a nuestro país a perder más de la mitad de su territorio y ser derrotados en la guerra del 47 por los Estados Unidos.

La insurrección nace con el Plan de Ayutla liderado por el jalisciense Juan Álvarez el cual fue seguido por los grandes liberales de su tiempo derrotando al dictador y formando una nueva república bajo la presidencia de Juan Álvarez quien rápidamente renuncia en favor de Ignacio Comonfort.

Estos fueron los tiempos de los grandes liberales como Juan Ramírez el Nigromante, Riva Palacios, Ocampo, Zarco, Lerdo de Tejada, Santos Degollado, Doblado y sobre todo un indígena Zapoteca que había escalando por méritos propios niveles hasta ocupar la Gubernatura de su natal Oaxaca y oponerse a Santana, por lo que fue expulsado del país viviendo un exilio con mil privaciones en Nueva Orleans y regresando al triunfo de la revuelta de Ayutla.

Entre ellos estaba otro gobernador, el de Zacatecas, Gonzales Ortega quien también participó con todos los anteriores en la elaboración de la constitución del 57 y con ello de las leyes de La Reforma donde se terminaban las ventajas obtenidas en forma por demás inmoral por los conservadores y claro por la Iglesia, quienes ni tardos ni perezosos buscaron la forma de revertirlas. Así nace el levantamiento conocido como de Tacubaya donde Comonfort se da un autogolpe de estado – siendo él parcialmente conservador – y se inicia la guerra de la Reforma, Iglesia con los conservadores de frente a los liberales.

En este lapso Comonfort lega la presidencia al joven – y magnifico militar – Miramón, y este nombramiento es desconocido por los liberales que designan – de acuerdo a la constitución – al que entonces ocupaba el Supremo Tribunal de Justicia, Benito Juárez como Presidente de la República (interino) quien nombra un gabinete compuesto por algunos de los liberales más importantes de nuestra historia cuyos nombres hemos delineado en párrafos previos, y entre ellos le da el nombramiento al General González Ortega como Ministro de Guerra, y no tendríamos que olvidarnos que la batalla que decidió la victoria para los liberales se dio en Calpulalpan donde en General González Ortega líder del ejercito liberal, con generales como Zaragoza y Leandro Valle, derrotan al ejercito conservador liderado por Miramón con experimentados generales como Leonardo Márquez.

Después del triunfo de la Guerra de La Reforma, González Ortega renuncia al ministerio de Guerra y ocupa el Tribunal de Justicia siguiendo siempre sus intenciones de alcanzar – algún día – la Presidencia de la Republica.

Benito Juárez bajo los dictados de la ley convoca elecciones – y aunque constitucionalmente estaba imposibilidad de participar lo hico torciendo un poco la ley, siendo su oponente González Ortega. Su triunfo fue cuestionado – y lo sigue siendo – pero se alzó con la victoria.

No está por demás recordar que Juárez no tenía el mínimo afecto por González Ortega en quien desconfiaba e hizo cuanto pudo para opacarlo, suponemos que los sentimientos de GO no eran diferentes, y así transcurrió la historia, Zaragoza ante la renuncia de Ortega ocupa el Ministerio de Guerra y bajo estas circunstancias se da la invasión francesa – esta es otra historia que bien valdría la pena recordar –

El triunfo del 5 de mayo que ahora es recordado en forma tan magnánima, en realidad – aunque lo fue – no tiene ninguna comparación con lo que sucedió un año más tarde en la defensa de Puebla frente a las tropas francesas, el 5 de Mayo se enfrentó un ejército de cerca de 6 mil franceses débilmente apoyados por tropas conservadoras mexicanas en las que no confiaban, Lorenzes quien dirigía el mejor ejercito del mundo de entonces pensó que iban a un día de campo y se confió, Zaragoza con cerca de 10 mil mexicanos defendía la ciudad – sin dudarlo – con una defensa muy bien organizada donde entre otros participaban el General Porfirio Díaz, pudieron derrotar al enemigo en una batalla que no duro nada más que un día, es más unas cuantas horas, pero que lleno de gloria al país y a sus defensores.

González Ortega no participo por múltiples razones, pero si lo hizo el General Berriozábal al frente de los 6 escuadrones de zacatecanos, y casi nadie se acuerda de él.

El ejército francés se retiró a Veracruz solo para reorganizarse y un año más tarde regresaría con 25 mil franceses, 6 mil austriacos y otros tantos belgas así como con 15 mil mexicanos del ejercito conservador, es decir una tropa de 50 mil frente a otros tantos mexicanos mal armados que defendieron la histórica ciudad durante dos meses de sitio donde se dieron cientos de batallas unas ganadas y otras perdidas en lo que considero uno de los actos más heroicos de las armas mexicanas y me atrevería a decir que fue más heroica – si lo pensamos bien – que el triunfo del 5 de mayo.

Las derrotas se nos olvidan, solo recordamos las victorias, pero hay veces en que una derrota, nos muestra más el heroísmo de los mexicanos que las vivieron.

Esta historia continuará…

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