La nueva escuela, principios que orientarían su transformación

La nueva escuela, principios que orientarían su transformación

La educación es fundamental para
la felicidad social; es el principio en
el que descansan la libertad y el
engrandecimiento de los pueblos.
Benito Juárez

En espera de que “La nueva escuela” pregonada por el sistema gubernamental en turno –aunque lo más correcto sería decir: “la nueva educación”-, no sea un eslogan que solamente se utilice como propaganda política, ya que de ser así, estaríamos inmersos en una retórica que solo endulzaría el oído de quienes estamos interesados en el tema educativo. Sin lugar a dudas, necesitamos que nuestro sistema educativo se transforme, por supuesto que las alternativas para tal fin serían muchas y muy variadas, sobre este respecto, se hace necesario establecer principios que deben ser considerados en cualquier proceso de transformación: a) dejar de lado la reproducción de esquemas que, según información oficial, en el pasado resultaron exitosos –no creer en experiencias exitosas-; el pasado es eso, pasado, b) que se considere al docente como investigador de su propia práctica y se convierta así en interventor de la misma y, c) que se deje de lado el proceso instruccional dado que la enseñanza del maestro mata el aprendizaje de los alumnos.

Con la llegada de la nueva administración gubernamental, se espera que en el sistema educativo se reflexione en torno a lo siguiente: a) que la educación deje de considerarse como un privilegio para convertirla en un derecho, dado que la Constitución así lo estipula, b) que desaparezca la política neoliberal dentro del sistema educativo dado que ésta embistió a dicho sistema a grado tal que lo abatió, c) que se considere indistintamente tanto la cobertura como la calidad y, d) que no se privilegie a la educación privada toda vez que ésta le quita presupuesto público a la educación. En consecuencia, ¿cómo podríamos pensar una nueva escuela?, ¿cómo podría construirse ésta?; por definición, escuela es un espacio físico donde se imparte enseñanza, aunque también es un centro de docentes y centro educativo, sin embargo, históricamente se ha caracterizado más por ser un centro meramente instruccional y no tanto educativo.

Una nueva escuela o centro educativo debe dejar de lado la enseñanza unidireccional –el maestro enseña y el alumno aprende-, más bien lo que debe ser prioridad es generar procesos educativos donde el diálogo entre los actores del hecho educativo sea abierto y democrático; de esta manera se favorecería la formación integral del educando y la profesionalización de la práctica del docente, así es como se construye conocimiento de manera colectiva. Es lamentable que existan directivos dentro del sistema educativo que públicamente reconozcan que instruir es sinónimo de educar y, que reconociendo que la educación anda mal, implícitamente dan a entender que se prioriza la instrucción, que afirmen que los buenos resultados en las pruebas estandarizadas es asegurar la calidad educativa, yo diría que esto no es así. El colmo, que afirmen que la calidad educativa se garantiza solo cuando los alumnos reciben clases.

Por lo hasta aquí expuesto, la Secretaría de Educación Pública (SEP) así como el Congreso de la Unión, no dan visos de que realmente quieren rescatar la educación y, se corre el peligro de que continúe ésta bajo la conducción neoliberal, siendo así, la política educativa seguirá sometiendo al sistema educativo y, no se dará la tan anhelada transformación educativa. La nueva Reforma Educativa sería solo un digesto de la tan repudiada reforma de Peña Nieto, esto se debe tal vez a que la reforma en discusión, un gran número de diputados y senadores no la conocen, mucho menos la entienden. Derivado de las diferentes expresiones y manifestaciones que se han dado en torno a la nueva Reforma Educativa, recojo las propuestas que, podría pensarse, favorecerán a la transformación educativa: a) privilegiar la relación teoría-práctica-contexto para que los docentes generen conocimiento dentro del proceso educativo, b) que la práctica educativa se considere como transformadora de la realidad, c) que los docentes no pongan su vocación en nómina y, que su práctica la consideren como eminentemente social, creativa y liberadora, d) que la práctica educativa sea considerada como una construcción social y colectiva, dejando de lado el individualismo, mercantilismo y la meritocracia y e) en sí, que se construya un proyecto educativo humanista donde, por supuesto el ser humano se encuentre al centro, dejando de lado los modelos eficientistas, instrumentalistas, competitivos y estandarizados.

En síntesis, con la aprobación de las leyes secundarias que darán vida a la nueva reforma, muy por encima de que ha generado discusión, discrepancia y rechazo de ellas, se requiere recurrir a estrategias de forma tal que, se construyan proyectos educativos que sean producto del trabajo democrático, colectivo, comunitario y de amplio reconocimiento social.

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