Los Discursos de Odio: fobias y sufrimiento por el goce ajeno

Los Discursos de Odio: fobias y sufrimiento por el goce ajeno

Los psicoanalistas dicen que los discursos del odio son, en realidad, una agresión del goce ajeno. El motivo por el cual los judíos han recibido una marejada de aberrantes acusaciones es porque ‘se quieren apropiar del mundo’ o ‘se enriquecen con sus actividades bancarias’. Los negros eran segregados por el temor a sus capacidades físicas. Las mujeres son oprimidas porque se teme dejen de estar bajo el mando masculino, no es gratuito el vetusto dicho que reza: ‘mujer que sabe latín ni se casa ni tiene buen fin’. En suma, la opresión está llena de miedos y pasiones envidiosas por parte del opresor que pretende impedir el goce ajeno. Es una teoría entre otras, pero no suena mal: la judeofobia o la indiofobia presentan esos rasgos comunes. Algunos creen que es inútil demostrar racionalmente la falsedad de las creencias que derivan en odios sociales porque no tienen su fuente en procesos racionales, sino en pasiones que son impermeables a los argumentos o evidencias. Si le demuestras a un judeofobo que su creencia es insostenible desde la ciencia, eso no lo hace cambiar de actitud. En el terreno de las pasiones la cosa es más compleja.

Igual, en el caso de minorías civiles. En el evento legislativo donde se debatía el derecho (o no) de las parejas homosexuales a casarse, una señora del grupo de cristianos que rezaban en el foro de arriba, le gritó a un chico de bandera multicolor: “prefiero verte muerto a casado con otro hombre”. ¿Cómo es posible esta expresión de odio en una persona que dice cultivar el amor al prójimo? Pues son las mismas pasiones que provocan la marginación de indígenas o negros o mujeres o extranjeros. Así, la pregunta no es cómo mostrar racionalmente la falsedad de las creencias de esas personas, sino ¿cómo hacer para que las pasiones de odio al diferente invadan a la población? Es la misma pregunta que interroga si las pasiones son educables. Cosa muy difícil, porque una pasión justo es algo que ocurre, invade y es incontrolada. Como el amor: no se decide racionalmente el enamoramiento o el desenamoramiento. Sólo ocurre. Pero eso es desesperanzador y equivale a decir que nada se puede hacer. Y no es así. Las pasiones son moldeables por vía de la educación de la voluntad. Y en el sistema educativo no hay verdaderos programas de pedagogía de la voluntad y formación de valores. Por esto último luego entienden homilías aburridas y estériles. Nada efectivo. Otra forma importante es la construcción de un Sentido Común que garantice el reconocimiento de todas las-personas-en-tanto-personas. La única forma de combatir una pasión de odio es con el cultivo de la pasión contraria, no sólo con razones. El amor en sus diversas formas: de la amistad a la hermandad o solidaridad.

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