Zozobra, 100 años*

Zozobra, 100 años*
RLV

La Gualdra 392 / Literatura

 

¿Qué gracia divina nos dará el poder de acoplar el principio del ser y el

principio del pensamiento y, empezándonos en verdad nosotros mismos

en un pensamiento nuevo, el de retomar en nosotros, para nosotros y

sobre nuestro propio espíritu, la tarea del Creador?

Gaston Bachelard, La intuición del instante, p. 7, 1987.

  1. La Crónica del Estado rinde pleitesía y profundo homenaje al poeta mayor de la Literatura mexicana, Ramón López Velarde, en el conjunto de las conmemoraciones que se le hacen en estas fechas de junio y en este simbólico sitio. Y lo hace avivando su imperecedero recuerdo y mostrando al público las ediciones de esta institución, una de las cuales es este libro titulado Los municipios de Zacatecas, memoria y patrimonio, que comprende una síntesis de la memoria histórica y del patrimonio intangible e intangible de cada uno de los municipios que configuran nuestro estado. Una libro básico y elemental, cuya lectura nos permite tener presente la riqueza cultural e histórica de los importantes, o no tan importantes, pueblos y ciudades que se fundaron antes de la llegada de los españoles y después. Jerez, entre ellos, que según el texto incluido en el libro del cronista adjunto Héctor Manuel Rodríguez Nava, “la audiencia de la Nueva Galicia mandó fundar la antigua villa de Xerez de la Frontera desde 1559, pero no fue sino hasta 1572 que se logra su fundación definitiva”. En el elenco de grandes figuras nacidas en este lugar, destaca el poeta Ramón López Velarde, que, eco de muchas voces que han estudiado la vida y la obra del poeta, dice su cronista que es considerado “uno de los poetas mayores de la literatura mexicana”.

2. Como es propicia la ocasión para recordar una efeméride expondré brevemente algunos comentarios. 1919 fue un año significativo en la vida del poeta, pues en este año comenzó a recoger abundantes frutos en lo que a su creación poética se refiere y en general a su moderna estética. Los cuarenta poemas impresos bajo el título de Zozobra dan cuenta de la magnificencia de sus logros estéticos, y la mayoría de sus críticos concuerdan en que el ars poetica del vate habíase consolidado sobre las bases más encomiables de las que de un creador puedan expresarse, desde luego, con conocimiento de causa y con fundamento en reiteradas lecturas tanto exegéticas como críticas, históricas y aún psicológicas, y son, a saber: “su relación cuasi orgánica con el lenguaje y el valor que éste adquiere, no para rellenar huecos en el verso sino para crear, en una suerte de acto demiúrgico, un lenguaje que es en sí su propio referente”, como con precisión escribe el profesor Carlomagno Sol Tlachi, en su edición crítica de este libro sustancial: Zozobra, edición de la Universidad Veracruzana, 2004. Tiene razón el profesor Sol Tlachi en subrayar el carácter demiúrgico de la obra velardina, no sólo en este libro sino en la obra primigenia aparecida en 1916, El son del corazón y en casi toda su obra prosística, todavía, creo, no suficientemente estudiada. [Sol Tlachi cita (p. 189), por ejemplo, “El candil”, “Las vírgenes”, “Fábula dística” y “La niña del retrato”, como ejemplos de un lenguaje nuevo en Zozobra].

Lo que es cierto, y aquí sólo refrendo lo que ya varios especialistas en la obra velardina, verbigracia Octavio Paz, Veremundo Carrillo Trujillo, Luis Mario Schneider y Elisa García Barragán, Gabriel Zaid y Guillermo Sheridan, han dicho sobre la importancia de los universos simbólicos que el poeta fue gestando y acrisolando en su espiritualidad fúlgida y a ratos claroscura, como que era hijo de los vástagos de Leda, Cástor y Pólux. Y el punto de fuga en que se concentran esos universos simbólicos no puede ser otro, sino la condición de haber el poeta nacido y estado hasta la primera infancia en una ciudad como Jerez, Zacatecas. [A la que luego vuelve esporádicamente y a cuya vida personal, se ha añadido —él lo sabe y lo dice—, una herida: la del dolor]. Prosas a las que se pude recurrir para el efecto son “La sala”, “Mis días de cachorro”, “Espantos”, “El comedor”, todas de 1916. La redoma de su alma sensible custodió y fraguó todos estos elementos en una combinatoria extraordinaria, como lo puede demostrar quien lea, por ejemplo, el poema que cierra Zozobra y que lleva el título de “Humildemente”. Cuando me sobrevenga el cansancio del fin…, etcétera, no es la mera recreación de un prurito de volver al edén subvertido, sino la incitación a volver sobre los pasos perdidos de una zozobra, en la geométrica inmensidad de una Providencia [en la que cree y a la que no justifica, es decir, la da como inefable, y a la que se le entrega con heroísmo cristiano. Es ir “enfermo de lo absoluto”, como lo diría en el poema “El candil”], Providencia, digo, que todo lo prevé y lo determina armónicamente, no a ciegas: a tu paso de aromas / me quedo sordomudo, paralítico y ciego…

¿Qué es un acto demiúrgico? En síntesis, es ponerse a la escucha de una voz interior, que los antiguos denominaron demonio y que era, hasta cierto, punto (libertad de por medio), la rectora de las potencias interiores: la memoria, la voluntad y el entendimiento. Y en efecto, no se comprende la obra de López Velarde cuando a este su demiurgo, lo reviste él con el ropaje exacto y las alas precisas, a Psiquis, a su alma, con toda la majestad de un autoconocimiento, [no como vía de reflexión filosófica, sino como camino hacia la cincelación de un arte suyo, que sea distinto: el poético, el velardino]. Sobre esta convicción que el poeta tenía puede leerse y meditarse con bastante provecho su prosa, “La derrota de la palabra”. Yo me inclino a juzgar, dice, que para conseguir la más aquilatada elegancia de la expresión, nada hay mejor que cortar la seda de la palabra sobre el talle viviente de la deidad que no anima… y antes de borrajear el papel, hay que consultar cada matiz fugaz del ala de la mariposa.

3. Hace cien años, por estas fechas de junio, ya andaban en boca de muchos los poemas de Zozobra, pues, si no me equivoco, la edición salió en el mes de abril. Abre el poemario una alusión a la figura de Fuensanta que había muerto un año antes “Hoy como nunca / me enamoras y me entristeces…” Pero casi todo el poemario está revestido de la presencia y la esencia de Margarita Quijano, a quien conoció en 1914 y a quien cortejó desde 1915, y quien es, sin duda grave, la creatura solar hecha de “niebla y teología”. Así se entiende cuando Carmen de la Fuente en su ensayo López Velarde, su mundo intelectual y afectivo, señala que “la naturaleza de ella [de Margarita], mística y casta, hacía imposible cualquier entendimiento físico”. Hay poemas extraordinarios en cuanto a su riqueza retórica, a sus hallazgos metafóricos y a su inventiva, en fin, a su profundidad de sensaciones, que se desglosan en una como honda, hondísima pena y dolor y queja — “arte de la queja”, diría Alberto Paredes—, que no anonada, claro está, pero siembra en la existencia la semilla de la desesperanza. Dos de ellos son “Mi corazón se amerita” y “Tus dientes”; otro, “La lágrima”, que escribió en 1918, tras el rompimiento con Margarita Quijano.

Margarita Quijano es la Isaura de la “La necedad de Zinganol”, [Zinganol, ¿no les parece un nombre gitano, de errancia y de zozobra?], prosa que da extraordinarias luces para entender esa ruptura definitiva en la relación afectiva y erótica hacia Margarita. La prosa está fechada circa 1916, aunque yo creo que es muy posterior a este año; quizá sea de 1918. Los invito a releerla, pero les comparto esto: Un día, empero, Zinganol dio traza de conocer el lenguaje de la tierra. Saludó a Isaura. Ella casi no contestó. Mi pobre amigo, con el temperamento rencoroso que tantas desgracias le acarreó a su deslucida existencia, duró un mes sin salir de su planeta. [ R. L V., Obras, FCE, 291].

Dice Severino Salazar, en Cielo cruel y tierra colorada, que “La necedad de Zinganol”, Ramón la dedica a un amigo, lo cual es falso. Está “dedicada” a sí mismo, viéndose el poeta en el espejo de la desilusión y en el de un fatal descalabro. Desilusión que se “refracta en el iris fiel de su pasión exacta”, del correlato lírico que es “La lágrima”, que ya mencioné. “La lágrima” no es sólo el poema de la desilusión, de la pena y de la quiebra moral; es el de la muerte simbólica del alto poeta que fue y es, oriundo de este pueblo hoy mágico y muy antiguo, Xerez de la Frontera. Lágrima mía, en ti me encerraría, / debajo de un deleite sepulcral, / como un vigía / en su salobre y mórbido fanal.

 

 

Jerez, Zacatecas, 18 de junio / 2019

Centenario de Zozobra, 1919~2019

**Texto leído durante las XII Juegos Florales en Jerez, Casa~Museo Interactivo Ramón

López Velarde.

 

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