Las políticas de austeridad fiscal y alta tasa de interés nos alejan del crecimiento de la productividad y de la generación de empleo

Las políticas de austeridad fiscal y alta tasa de interés nos alejan del crecimiento de la productividad y de la generación de empleo

La libre movilidad de mercancías y capitales, junto a la política macroeconómica que le acompaña, de altas tasas de interés, austeridad fiscal y estabilidad del tipo de cambio, han actuado en detrimento del crecimiento de la productividad, de la capacidad productiva y de la generación de empleo, lo que ha reducido el crecimiento económico y deteriorado el nivel de vida de las grandes mayorías de la población.

El sector favorecido ha sido el financiero, donde la banca, como las Administradoras de los Fondos para el Retiro, y demás instituciones financieras obtienen altas ganancias. En cambio, la inversión fruta fija, que se canaliza al sector productivo, ha crecido solo al 0.8% promedio anual en los últimos 10 años, y la economía en 2.1% promedio anual. Al no crecer la inversión no crece la productividad, ni la generación de empleo. Hay que recordar que la producción es generada por el número de trabajadores multiplicado por su productividad. Al no crecer la productividad, ni el empleo, no crece la producción, ni la actividad económica, ni los salarios, ni el bienestar de la población.

El gobierno ha dicho que le compete al sector privado el objetivo de crecimiento. El problema es que para que crezca la inversión privada, tiene que haber condiciones de ganancia, la cual depende sobre todo del crecimiento de la demanda, tanto interna como externa, y ésta situación no se presenta.

Los recortes presupuestales, aunado al desempleo, subempleo, los bajos salarios y la creciente desigualdad del ingreso, contraen la demanda interna. Por otro lado, el sector externo es adverso. La economía no es competitiva frente a importaciones y en el mercado externo. Se importa más de lo que se exporta. Se tiene déficit de comercio exterior y éste actúa en detrimento de la dinámica de acumulación, lo que atenta sobre el crecimiento de la inversión. Si a ello sumamos las altas tasas de interés internas (las más altas de los países de la OECD), más se restringe el crecimiento de la inversión, pues la tasa de interés está por arriba del crecimiento del ingreso de la mayoría de las empresas. Al no crecer la inversión, no hay crecimiento de la productividad, ni mayor empleo, y por lo tanto, no hay mayor crecimiento de la producción y de la actividad económica.

Al mantenerse restringida la inversión y el gasto público, como la inversión privada, no hay viabilidad de aumentar la productividad y la generación de empleo, por lo que es de prever que la economía seguirá en su tendencia decreciente, con las implicaciones que de ello se deriva, en términos de mayor pobreza, delincuencia e inseguridad.

Mientras prosiga la política de libre movilidad de mercancías y capitales, no hay viabilidad de flexibilizar la política económica a favor del crecimiento de la inversión, de la productividad y del empleo. Las presiones negativas que la economía enfrenta en el sector externo, derivada de las políticas antes señaladas, impiden bajar la tasa de interés e incrementar el gasto público, debido a que dentro del enfoque convencional que informa a la política económica predominante, ello generaría presiones inflacionarias y devaluatorias que ahuyentarían la entrada de capitales y comprometería el financiamiento del déficit externo.

El gobierno tiene miedo de romper con las calificadoras internacionales y los mercados financieros, y retomar el manejo soberano de la política económica a favor del crecimiento productivo, de la generación de empleo, para disminuir las presiones sobre el sector externo y nuestra dependencia de la entrada de capitales. En vez de optar por regular el movimiento de mercancías y capitales, como al sector financiero, para poder instrumentar políticas de baja tasa de interés, tipo de cambio competitivo, y expansión del gasto público a favor del desarrollo tecnológico, como del sector industrial y agrícola y del empleo, todo ello para disminuir el déficit de comercio exterior y los requerimientos de entrada de capitales, y así encarar los problemas de raíz, el gobierno se inclina por seguir instrumentando políticas (de alta tasa de interés y superávit fiscal) para ser bien visto por el sector financiero para tener acceso a los mercados financieros internacionales y para que siga fluyendo a la economía para financiar el déficit externo. Ello nos condena al atraso. Al menor crecimiento de la productividad y del empleo, como de la actividad económica, lo que termina en crisis.

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