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MDMZ: entre la aspiración y la frustración

MDMZ: entre la aspiración y la frustración

Como todos unos bisoños soñadores aspirábamos hacer del SNTE un sindicato independiente del Estado y de los partidos políticos, conquistar mejores condiciones laborales y dignificar la profesión de maestro, a conseguir un aumento salarial a la par del porcentaje en que aumentaba la inflación (escala móvil); pero por encima de todo democratizar el gremio. Nosotros los de ahora ya no somos los de antes aunque hay quienes se empeñen en morir en la raya. ¿Cuántos de esos objetivos se tornaron en logros y cuales se frustraron o siguen pendientes? ¿Qué expectativas se cumplieron, cuántas siguen pendientes?

El Movimiento Democrático del Magisterio de Zacatecas (MDMZ por sus siglas) cumple 30 años de haber emergido como una organización o movimiento social de masas. Es una institución fundada por cuadros de profesores activistas, algunos militantes de partidos de la izquierda ochentera con antecedentes desde la década anterior. Los más destacados habían incursionado en corrientes sindicales como el MRM, la COSID y el FMIN-“Caminemos” de corte maoísta. En stricto sensu el MDMZ no nació precisamente en la primavera del 89, año axilar si los hay, cargado de significado para la izquierda y el movimiento socialista mundial, marcado por la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la Unión Soviética. Como se menciona en el librito: MDMZ, Victoria en la derrota… del autor de estas líneas, la organización disidente en las filas de la Sección 34 del SNTE surgió formalmente con ese nombre el año anterior. 1989 Estuvo marcado por la movilización nacional que terminaría con la defenestración y fin del cacicazgo de Carlos Jongitud Barrios y el ascenso de su relevo apoyado por Carlos Salinas de Gortari, la chiapaneca que fue aliada en la campaña del ahora presidente de la 4 T y busca recuperar el sindicato. El acto fundacional de la que sin duda es la organización hasta ahora disidente magisterial más notoria, que desde sus orígenes ha disputado la dirección y buscado alzarse con el poder sindical, ocurrió en una asamblea que reunió a los viejos cuadros activistas que desde mediados de los setentas venían picando piedra y un grupo en ese tiempo de jóvenes e inquietos maestros que buscaban ganar los comités delegacionales de la región norte del estado. La denominación de su origen ocurrió en 1988 en una de las aulas del viejo y céntrico edificio de la Preparatoria 3 de la UAZ, de Fresnillo. La “vieja” como la “nueva guardia” confluyeron y acordaron la necesidad de unificar fuerzas, seguir haciendo trabajo político para organizar a los núcleos de maestros dispersos en la entidad sobre todo en las regiones centro, norte y la sur de los cañones con el fin de construir una alternativa en la lucha contra el charrismo de Vanguardia Revolucionaria de Jongitud Barrios que tras el arribo al poder de Elba Esther Gordillo cambio su nombre por el de “los institucionales”.

Hasta el mítico 89, la vida sindical del sindicato más numeroso del país se caracterizaba por un caciquismo bajo el amparo del manto protector del presidente priista en turno. El gran elector ponía y quitaba a los dirigentes de CEN del SNTE según conviniera a sus intereses en turno. En las coyunturas de inicio de una nueva administración cuando el cacique vigente cuestionaba al señor presidente y buscaba independizarse, este con el poder del Estado lo desplazaba y sustituía por otra pieza que le fuera útil y le sirviera como una parte eficiente del régimen presidencialista. El sindicato magisterial fungía como la correa de trasmisión de la hegemonía del poder político del prigobierno y se manifestaba en toda la vida y práctica sindical de los agremiados. El sindicato servía para el control y para buscarle votos al PRI en las campañas políticas. Era quien le hacía la obra negra reclutando votos y organizando los fraudes. Las escuelas y los órganos de gobierno se regían por una disciplina a todas luces acrítica. Quienes osaban disentir de la línea sindical eran marcados, señalados, relegados y castigados en sus derechos sindicales y laborales. Pasaban a engrosar las famosas “listas negras”. Al estar fichados se les negaban los cambios de adscripción, se les desterraba de su zona escolar enviándolos a otra de los extremos geográficos del estado, se les relegaba en la asignación de préstamos hipotecarios, de corto y mediano plazos y se les bloqueaba en sus intentos por cambiar de zona escolar. En otras palabras, no existía la democracia sindical. El escalafón se manejaba de manera facciosa para premiar a los apoyadores incondicionales o para castigar a los disidentes e inconformes. A falta de democracia con unos estatutos diseñados para el control, en su lugar además de la disciplina ciega y acomodaticia (oportunista) de los maestros sometidos al poder férreo de los charros y de directores de las escuelas, supervisores y lidercillos de todos los niveles que cohabitaban con los gobiernos federal y locales en una especie de simbiosis, el clientelismo y corporativismo más groseros eran las prácticas constantes. La democracia y sus prácticas eran la excepción. Contra todo esto se manifestó la insurgencia magisterial de 1989 en el país como en Zacatecas.

El 89 constituye un pate aguas en el magisterio zacatecano. Con el ascenso de las luchas de los contingentes disidentes y el auge que cobró la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), como una especie de contagio el MDMZ observó un crecimiento cualitativo como cuantitativo. Dejo de ser una organización de cuadros para convertirse en una de masas. En ese año en plena primavera el ascenso del Movimiento fue tal que se expresó en paros en escuelas, plantón enfrente al edificio de la Secc. 34, marchas y protestas. Las demandas centrales que aglutinaron el descontento fueron la exigencia de aumento salarial de 100 % y la democratización del SNTE. La dirección recayó en militantes de izquierda siendo el alma y guía de ésta Armando Cruz Palomino que tenía por lo menos 15 años en la lucha sindical y político partidista; pero, el Movimiento se fortaleció con grupos de priistas (Loreto, Río Grande y Jerez), uno que otro panista y charros desplazados e inconformes. Fue por ello un movimiento plural como correspondía a su nombre.

Fue tal la participación de los opositores al charrismo que el conflicto en Zacatecas después de dos meses de que había estallado, el diferendo entre la permanencia o cambio del CES se resolvió mediante un referéndum realizado en todo el estado los días 11 y 12 de mayo cuyo resultado fue el la derrota de los democráticos. Estos ganaron perdiendo (fue una derrota en la victoria). A partir de entonces y hasta el monrealismo en que se crea un comité paralelo, los disidentes tuvieron participación en el órgano de gobierno seccional. Se tumbó el cacicazgo de Jongitud si bien inicio el de Elba Esther, la demanda de aumento salarial aunque no se satisfizo del todo se logró romper con el tope salarial, el aumento en el monto del aguinaldo fue creciendo paulatinamente hasta conseguir los 90 días. A partir de entonces el escalafón se hizo más transparente y pudieron respetarse los cambios de adscripción (movilidad) y vía concursos de promoción anuales los derechos y ascensos de los maestros, pues antes solo se favorecía a los amigos e incondicionales de los funcionarios.

A treinta años de su expansión el MDMZ sigue teniendo pendiente vencer el complejo de Sísifo. Llegar a la cima representada por la conquista del poder de la Sección 34 y dejar de ser una aproximación y el ya merito. Mientras no sea mayoría con el voto universal y en la estructura territorial y de las delegaciones, está obligado a establecer alianzas acordes a un proyecto y programa político sindical que debe construir para dejar de lado el espontaneismo y voluntarismo con el que nació. Organización sigue siendo la palabra mágica y la formula que necesita. Con los principios y demandas que le dieron identidad, el MDMZ fue una utopía, los logros parciales que se lograron con la lucha y la movilización y representaron cierto progreso en el bienestar de los maestros lo convirtieron en una protoutopía. Toca a los maestros que permanecen y se sumen a sus filas cuidar que no acabe en una distopía. Esto último ocurriría si se enquistaran en su seno la antidemocracia y las nefastas prácticas que siempre le cuestionó al charrismo. ■

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