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La Educación (Segunda parte)

La Educación (Segunda parte)

En el marco del Acuerdo Nacional sobre la Educación, dentro del cual se hicieron propuestas recibidas en la plataforma virtual abierta para tal evento, los temas más recurrentes en las ponencias fueron el Marco Jurídico, el Presupuesto, los Sueldos, Salarios y Prestaciones, pero un bajo porcentaje de las ponencias se dirigieron hacia lo que significa el trabajo docente. La Calidad Educativa fue desglosada en seis puntos: la Evaluación del Logro Educativo de los Alumnos, la Evaluación del Desempeño Profesional Docente, el Currículo, los Métodos Educativos, los Materiales Educativos y el Desarrollo Profesional Docente, que son temas que posiblemente sean puestos a consideración en el desarrollo de un Congreso Educativo en el que se espera la participación, no forzada, ni por la violencia generada por los “defensores de los derechos magisteriales” aglutinados en la sección 34 del SNTE, en Zacatecas, ni por la imposición amañada de congresistas más promovidos por la torta y el refresco que por una conciencia social evidente.
Hablando un poco sobre el currículo, llegaríamos a la conclusión que las escuelas que conforman el Sistema Educativo Nacional, en su nivel básico, se desentienden generalmente de la formación académica, que en teoría es el sustento del éxito del futuro ciudadano con plenos derechos políticos, olvidando en esencia los métodos y los materiales educativos, para desarrollar la carga de los Planes y Programas que definen a las asignaturas de los niveles de la educación básica. Generalmente, de acuerdo con mi experiencia laboral, el docente centra su atención en el desarrollo del programa, sin despegarse del libro de texto, generando una impartición muy sesgada de su asignatura e impidiendo el apego a los postulados del artículo tercero constitucional, en su párrafo segundo, más acordes con los fines del currículo oculto a desarrollar de manera inconsciente y fijando la inmovilidad social, sin considerar la calidad como ciudadanos. La esperanza en las nuevas políticas educativas debe centrarse en la desaparición de esos vicios instituidos tradicionalmente por los gobiernos neoliberales y sus secuaces, “sindicalistas” de ocasión, más pendientes de ganar privilegios que por un quehacer docente que dignifique al magisterio.
Desde este punto de vista, las asignaturas curriculares deben contribuir al desarrollo pleno de las facultades del educando, pero enfocadas a la transversalidad y a la vinculación con el resto de las materias; es decir, qué temas derivados del programa de matemáticas, por ejemplo, se pueden fortalecer, o pueden generar un aprendizaje significativo en el alumno, porque el aprendizaje significativo sigue siendo el eje director del desarrollo estudiantil más allá de los “aprendizajes clave”, que tergiversan la educación humanística promoviendo la educación empresarial, desarrollada de forma utilitaria desde hace unas décadas. Desde este punto de vista se puede cuestionar la aparición de los “clubes”, desfasando las tradicionales tecnologías, que resultaban ser elementos adecuados para la formación del educando, calificables cualitativa y cuantitativamente, pero sobre todo impartidas por docentes que si bien no se apegaban a los propósitos y enfoques programáticos, al menos contribuían a que el alumno mantuviera su preocupación por una calificación aprobatoria, y por lo tanto, el carácter formativo de su estancia en el nivel secundario.
Un club, según el acuerdo secretarial 12/10/17, y legitimado por el documento Aprendizajes Clave para la Educación Integral, Plan y Programas de Estudio para la Educación Básica, del Nuevo Modelo Educativo, podría definirse como un espacio en el que se busca el desarrollo holístico del educando, en algo parecido a la propuesta del filósofo francés Edgar Morin, en su concepto del pensamiento complejo, en la que el sujeto se ve obligado a desarrollar una estrategia de pensamiento que no sea ni reductiva ni totalizante, sino reflexiva. Desde este punto de vista, sería estupenda la impartición de clubes en las diferentes escuelas de nivel básico, pero hay un pequeño problema: los clubes en las escuelas mexicanas no serán impartidos por expertos en la materia; se ha descargado a los maestros de diversas áreas para impulsar la abundancia de los clubes a elegir, entre los que se pueden citar el carácter artístico y cultural, el deportivo, el científico y el de interacción social.
Más tendientes a cumplir con las exigencias de los Organismos Económicos Internacionales que preocupados por una regionalización adecuada del currículo escolar, los “clubes” hacen su aparición en el Sistema Educativo Nacional a la deriva, sin fundamentos sólidos en los que se puedan sentar las condiciones mínimas necesarias para la formación humanística del estudiante. En una “excelente” escuela la algarabía del personal se ha magnificado por la disposición de los padres de familia para impartir un “club”, aunque a ciencia cierta no se conocía en su momento la actividad particular a desarrollar. Cabe preguntar qué vínculo curricular puede tener un club de matatena o macramé con el resto de las asignaturas. Ahí está el carácter adulatorio de los “clubes”, mantener ocupado al estudiante y a sus padres en actividades que no coadyuvan con el desempeño académico integral del dicente.
En otras circunstancias, en una de esas escuelas que se ha caracterizado por el olvido de la función docente por parte de muchos de sus trabajadores, se ha comenzado a movilizar la participación de los padres de familia, a involucrarlos en el desarrollo de sus hijos, y se empieza a demostrar que la sociedad sí es consciente de las necesidades de formación curricular. Entonces, más allá de la adulación en la tarea educativa, se requiere una certeza conceptual sobre los fines de la educación. ■

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