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El sexenio que termina no existió: es una invención de Ibargüengoitia

El sexenio que termina no existió: es una invención de Ibargüengoitia

El sexenio que está por terminar ha sido un largo túnel al que ya se le ve fin. Lo que ahora tenemos es la firme promesa de que saldremos del túnel; sin embargo, es justo eso: una promesa que todos esperamos se cumpla. Lo veremos. Pero lo que tenemos ahora cierto, claro y distinto, es que las promesas que hizo Peña al inicio de su sexenio son ahora mismo una pesadilla con sabores, olores y colores reales. Pesadilla con comerciales que repiten como huecos loros que ha sido un sexenio maravilloso lleno de empleo, responsabilidad hacendaria y reformas estructurales. La realidad la vivimos a diario y los spots publicitarios suenan a eco.

En seguridad observamos una enorme inversión de recursos públicos en financiar exámenes de confianza de personal policial, cursos de capacitación de éstos, compra de equipo y uniformes y cámaras de videovigilancia, y patrullas; pero sin embargo, la frecuencia de los robos con violencia a hogares, robos en la calle, secuestros y homicidios, siguen en aumento. Por tanto, todo el esfuerzo que publicitan de lo hecho a través de esa inversión, es basura. Nada ha servido. Lo que nos interesa a los ciudadanos es la posibilidad de vida tranquila y segura, no si compran más patrullas o si contratan policías de Marvel. Lo importante es si lograron resolver o no el problema de la inseguridad. Y claro está: el problema es mayor.

En el caso de la educación, promovieron una reforma para mejorar la calidad de la educación básica, en primer lugar. Y en primarias hay algunos pequeños repuntes, pero en secundarias estamos estancados. La situación de los niños de 12 a 15 años es muy preocupante: en los últimos 8 años subió 400 por ciento su consumo de drogas tipo anfetaminas en estos chicos, y sus indicadores de calidad académica cayeron al precipicio. Y los fondos para cursos de maestros fueron de 450 mil pesos en Zacatecas. Una broma que fue en serio. La educación básica la dirige a distancia el productor de Alfred Hitchcock. Mientras vemos en prensa cantidades millonarias en anunciar las virtudes de la reforma educativa y sus héroes políticos tricolores.

La desigualdad creció y se solidificó. Por ello las cifras de movilidad retratan un elevador social descompuesto. Los mirreyes seguirán siendo privilegiados sin mayor esfuerzo, y los pobres estarán en su séptimo círculo aunque suden tres veces más. México está encerrado en la primera parte de la Divina Comedia. Comedia que hace llorar. Los anuncios del gobierno de la República aplauden avances de un país que no existe. Los Pinos están entre Chapultepec y Macondo.

El país del empleo viaja en una burbuja que se junta con el país del turismo y se fusiona con otra burbuja rosa del país de la honestidad. Mientras esto ocurre, todos los acusados por corrupción salen libres. Y a la sociedad civil la narra Daniel Defoe.

Las dudas entran a las entrañas: ahora con el nuevo gobierno, ¿viviremos en el paraíso…pero de Milton? ¡O nos espera el mito de Ícaro que sale del laberinto? Lo que es claro, es que este sexenio (en realidad) no existió: fue una invención de Jorge Ibargüengoitia.

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