Escuchar y debatir con los Zapatistas: contra las sordas descalificaciones

Escuchar y debatir con los Zapatistas: contra las sordas descalificaciones

Las declaraciones de algunos líderes zapatistas sobre el triunfo de Morena sorprendieron a muchas personas, después de que parecía habían girado su posición política con la campaña electoral por vía independiente del Consejo Indígena de Gobierno hacia la aprobación de la lucha electoral. Lo interpretaron como un retroceso a posiciones anteriores a la campaña. Algunas expresiones que observé en las redes explicaban la abierta des-marcación y crítica al futuro gobierno de amlo por parte del zapatismo, apoyándose en la pura imaginación: que eran salinistas, una secta de la mafia, y cosas por el estilo. Antes de emitir descalificaciones debemos tener la narrativa que explique por qué los zapatistas toman esa posición. Y sobre esta, debatir. No sobre mera imaginación o versiones cercanas a la revista Duda. Tomemos en serio a una organización que ha sobrevivido 25 años de vida pública en abierta resistencia, tienen un trabajo de comunidades autogestivas y convocan a pensar a intelectuales del nivel de Luis Villoro (y su hijo Juan), González Casanova o Lascano; y 30 más de este nivel. Los que van y reflexionan un diagnóstico del presente y, sobre la base de esas reflexiones, deciden lo que deciden. Ante eso, lo mínimo que debemos hacer es escuchar y debatir con ellos… en serio.
Me parece que la posición ante el nuevo gobierno de México se debe a su diagnóstico del capitalismo actual. Eso que llaman “la tormenta”. Un tipo de depredación brutal que no se conforma con la expoliación de la vida humana, sino la totalidad de la vida planetaria. Las mineras que se apropian de una cuarta parte del territorio nacional, que se apropian de los bancos de agua, depredan bosques, la vida de los pueblos queda hecha polvo junto a sus tradiciones alimentarias, etcétera: un patrón de acumulación que necesita de absorber la savia vital del planeta para mantener su nivel de ganancia. El ecocidio es una consecuencia necesaria de este tipo de capitalismo, pero también el etnicidio y el humanicidio. Pues bien, en esta ‘tormenta’ que deja desolación y muerte, los gobiernos se han convertido en administradores del poder del capital (capataces de los finqueros, en su metáfora). En este narrativa, no ven que el nuevo gobierno de México vaya contra de esta lógica, sino lo ven como una variante más blanda pero de la misma administración. Y ante ello, no queda sino la resistencia de los pueblos organizados que resistan la tormenta. Los gobiernos son parte del problema, no de la resistencia. En forma muy esquemática es la visión de los zapatistas. Lo podemos reforzar con una cita de Don Pablo González Casanova: “Esa lucha será en parte distinta a la reforma del Estado o la toma del poder del Estado; consistirá sobre todo en la organización autónoma del poder; en la organización de la democracia en la propia sociedad civil, y en las capacidades de resistencia de líderes y organizaciones a la cooptación y refuncionalización de los mismos por el sistema dominante”. En suma, el centro del debate está en la función del Estado respecto a la llamada sociedad civil.
Comparto en mucho su diagnóstico sobre el capitalismo actual, pero me parece que hay errores esenciales en la forma de concebir al Estado. Ahora mismo el Estado está capturado por los poderes fácticos que los convierten en administradores de esos poderes devastadores y que legalizan el despojo. Sin embargo, es imposible revertir esta realidad si abandonamos la ‘trinchera’ del Estado: sin este último es imposible pensar en otra política educativa, o regulación de los bienes nacionales (como el agua), o en una hacienda progresiva para disminuir la desigualdad extrema. Es decir, no podemos atender los problemas públicos y, con ello, contrarrestar la captura, si renunciamos a la reforma del Estado. El ámbito de la autonomía de la sociedad civil se acota al perímetro de las organizaciones, no tienen carácter societal (para decirlo con Luhmann). El único poder político que tiene carácter societal es el Estado. El sistema de las organizaciones está perfectamente acotado. El movimiento autonomista tiene un montón de virtudes, pero también de límites. Creo que hace falta releer a Gramsci: el propio Estado es un ámbito de puja y tensión y conflicto y lucha de los intereses sociales. Una especial trinchera. ¿Dónde debe cuestionarse el poder impune de las mineras? En el propio Estado, para cambiar la tramposa ley minera que parece fue redactada por el consejo de administración de Gold Corp., y lograr una ley que defienda los intereses nacionales. Por eso creo que cierto autonomismo se acerca al anarquismo neoliberal: los extremos se tocan.
Ahora bien, eso no descalifica la opción política del zapatismo. Me parece muy sano contar con una atalaya crítica de izquierda radical, que señale y prenda los fuegos necesarios para señalar las rutas del poder. Siempre debemos desconfiar del poder. y un crítico que se niegue a incorporarse es una mejor: tiene más punzón crítico. Los chicos de Morena que se molestan por esto, al contrario, deberían de agradecerlo. Cuando la izquierda deja de tener sentido crítico, deja de ser tal. Aquellos que somos herejes de dogmas y personajes, y nos interesa la nuda realidad y nuda justicia, agradecemos la crítica. Y si viene de personas que están buscando y generando nueva experiencia contra las diversas formas de dominación (en sus palabras: finqueros y finqueritos), perfecto. Escuchemos a esos pueblos y a los intelectuales que están con ellos, y debatamos con ellos. Pero no cerremos los oídos ni levantemos sordas descalificaciones. El debate apenas empieza.

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