El control de Medios: la asfixia de la democracia

El control de Medios: la asfixia de la democracia

Hace pocas semanas supimos del escándalo de la Secretaría de Educación Pública de Nuño, que hizo un gasto inconcebible en pago de medios de comunicación “para promover la reforma educativa”. A parte de ser inaceptable “por los montos obscenos de gasto en imagen mientras las escuelas carecen de lo más mínimo para que los niños cuenten ya no con laboratorios, sino con aulas y baños en buen estado” muestra la compra de medios que sirven para las campañas políticas, los cuales pagan con entrevistas y formatos aparentemente no-publicitarios en los momentos de que los políticos así lo requieran. Si atendemos a la investigación de Artículo 19, quien descubrió que el sexenio que termina gastó la increíble cifra de 40 mil millones de pesos en gastos de publicidad, y de los cuales 20 mil millones fueron otorgados a sólo 20 medios, caeremos en la cuenta de la importancia del manejo de la comunicación con fines políticos.
Controlar un medio es eliminar su autonomía, y esto último es el fundamento de la libertad. En otras palabras, la libertad es justo el ejercicio de la autonomía. Y el mecanismo para generar el control es el uso arbitrario del dinero público. Por ello, el problema no consiste en el uso de dinero público, sino de su “uso arbitrario”. Como la información es un asunto de evidente interés público, está bien que se utilicen recursos del Estado para pagar a los medios, pero debe ser de cierta manera. Si no hubiera utilización de recursos públicos también se violaría la libertad de prensa, ya que sólo los medios propiedad de potentados tendrían posibilidad de sobrevivir. Y esta es también una manera perversa de eliminar a la crítica. Los medios críticos, generalmente, son independientes y modestos. Los medios propiedad de magnates no son críticos, sino por el contrario, se convierten en látigos al servicio de sus intereses privados. Por ello es importante el acceso de recursos públicos. Sin embargo, la pregunta es, ¿cómo hacer que sean usados con objetividad o sin la arbitrariedad de los funcionarios en turno?
Entre los medios y el poder siempre habrá tensión: éste siempre querrá controlarlos. La cosa es observar con qué instrumentos cuenta para eso. Si tiene una ley como la que hace unas semanas aprobó el senado, pues cuentan con los sustentos para actuar con arbitrariedad; pero si tuviéramos una Ley donde se establecieran criterios objetivos que no dependieran de los funcionarios para decidir la asignación de los recursos púbicos, a través de publicidad o contratos al abanico plural de medios de comunicación, entonces la libertad gana porque los dispositivos de control (en mucho) se desactivan. Lograr esto último es muy difícil porque la clase política se niega a limitar su poder. Pero es una pelea no sólo de los medios, sino de toda la sociedad civil, porque mediante estos mecanismos se viola su derecho a información veraz y a la opinión crítica. El poder sin vigilancia y sin crítica se convierte en ilimitado, y por ese camino se asfixia a la democracia.

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